Primera advertencia. El empujón que recibe le anuncia que, nuevamente, está por cruzar la línea imaginaria que siempre le ha apartado de la joven francesa ; aquella que durante más de una ocasión ha intentado disipar, quitar de en medio para darse libertad a sí mismo de aventurarse en terrenos que completamente atrás dejen lo platónico. El pelinegro sabe lo que su cuerpo desea, consciencia tiene de esa atracción que, por más que intente reprimir, parece burbujear a la superficie, renacer e intensificarse al mismo tiempo, cada vez que el alcohol forma parte de la ecuación. Sin embargo, familiarizado está también con el continuo rechazo que ha recibido por parte opuesta ; la insistencia con la que la francesa le ha asegurado que nada entre ambos va a ocurrir. Así que se detiene. Se obliga a sí mismo a hacerlo, pues despertar incomodidad no es lo que pretende. Apoya su palma derecha sobre el concreto a espaldas femeninas, extendiendo su brazo a costado de Isabella, interponiendo, de esta manera, nueva distancia entre los dos, aunque sin verdaderamente apartarse. ❛ Oh, vamos. ❜ Se muestra incrédulo, su ego demasiado inflado como para aceptar la idea de que su cercanía cause disgusto en ella. ❛ No parecía disgustarte aquella vez en el armario, ¿lo recuerdas? ¿Aquella vez que a nada estuviste de besarme? ❜ Se burla, aunque sin verdadera malicia, solamente para tomarle el pelo.
Era algo extraño entre ambos. Él trataba de acercarse y ella le cortaba el paso. Por la personalidad de su compañero, la francesa conocía bien sus métodos de conquista y comportamiento con las mujeres. Era así con todas, y era su amigo. No quería estropear aquello pues bien las bromas eran divertidas, tenían su límite también. Él era importante, le quería, era su amigo al fin y al cabo, de los mejores si podía añadir. ¿Estropear aquello por dejarse llevar? Sí, existía esa tensión, esa atracción, pero también se conocía a sí misma y lo molesta que se sentiría de sentir algo más por él y que el moreno se decantara por ir bajo las faldas de otra más. Prefería mantener su amistad y fingir que las bromas eran suficientes. “Eso fue culpa del alcohol. En mis cinco sentidos no cometería tal sacrilegio. ¡Sería una experiencia horrible! ¿Te imaginas? No sabrías ni cómo hacerlo bien” como siempre, el tinte burlesco hacía acto de presencia. Sus ojos capturan los ajenos y, en una simple mirada, le dice lo mucho que él le importa. Su mano poco a poco baja de su torso hasta liberarle de aquel empuje anterior.