Feliz cumpleaños, amor mío.
Sé que no me lees.
Sé que hoy no sabes de mí.
Y sé que fui yo quien decidió sacarte de mi vida por mi salud mental.
Pero eso no significa que no te extrañe.
No estoy del todo bien, he estado inestable, pero sigo trabajando en mí, intentando encontrarme, crecer y algún día superarte emocionalmente. No desde el olvido, sino desde la paz.
Fuiste de las cosas más bellas que me han pasado.
El tiempo que compartimos —el que haya sido— me demostró que aún puedo amar de la forma en la que me imagino a futuro: sin reservas, con profundidad y con intención de construir algo bonito.
Aprendí contigo.
Aprendí qué quiero, qué no quiero.
Aprendí a elegir sin miedo a equivocarme.
Y por eso, gracias.
Te deseo una vida plena.
Que este nuevo año que comienza para ti esté lleno de luz, crecimiento y amor del bueno.
Espero haber sido también una experiencia hermosa en tu historia.
Las personas nuevas que entren a tu vida serán especiales, porque siempre hay alguien mejor para cada etapa. Y eso está bien.
Este corazón aprendió a amarte, y eso no se borra.
Si algún día decides volver y tocar la puerta, quizá no sea fácil… pero sé que podríamos ser mejores, más conscientes, más maduros.
Y si no vuelves, igual estaré orgulloso de verte feliz, cumpliendo tus sueños y siendo la mujer que estás destinada a ser.
Te abrazo a la distancia.
Te felicito en silencio.
Y te recuerdo con una sonrisa.
No me olvidé.
Solo elegí no molestarte más.
Te quiero mucho.
Atte: tu regio







