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rcopcland:
— Así parece ser. — Concordó con él. — Las niñas en mi estudio lo dejaron casi claro cuando estuvieron a punto de iniciar una huelga si no ponía un árbol. — Pudo notar que el hombre batallaba un poco para levantar el árbol y por eso se sentía algo culpable. — Claro. ¿Debería de poner algo debajo? No sé mucho de esto…
“¿Profesora de ballet?” Inevitablemente los comentarios previos despertaron la curiosidad del castaño. “¿O de artes plásticas?” Porque claro, los pintores también trabajan en estudios. “Pues...” Se giró hacia donde los pinos en hileras, expuestos para su venta, en busca de alguno de los dependientes. “Lo primero es conseguir más cuerda y un plástico o cartón para ponerlo debajo. No queremos que las ramas arruinen la pintura de tu vehículo.” Aclaró mirando en dirección a la fémina una vez más y asintió. “Uuuh, ya regreso. ¿Bien?” Era sabido para él que generalizar no era lo ideal, pero en Hollywood el trabajo pesado parecía generarles alergia. Y no es que Dorian fuera perfecto, pero le costaba mucho desprenderse de sus raíces. Luego de unos minutos, el hombre regresó con el material en las manos y con otro sujeto a un costado, que se ofreció a ayudar.
evcrlyn:
“¿Qué nunca has visto la escena de Mamma Mia donde Donna y las Dynamos cantan en la despedida de Sophie? o ¿por qué me ves como si mi atuendo fuese de bicho raro?” Cuestionó con interés, esa noche la cena que ofrecía el hotel era con temática de dicha película y Evie no había tenido más opción que ponerse su mejor vestuario, cosa que claramente no le molestaba.
“¿Super trouper, verdad?” Chasqueó y el índice lo levantó hacia ella, imponiendo expresión divertida en sus fauces. “Nunca imaginé ver a un actor como Pierce Brosnan en una película de ese género, pero me alegra vivir para contarlo.” Soltó una risilla. “Es muy divertida.” Tuvo que comentar, pues la carrera sólida del irlandés era una de las que más admiraba. “Te ves bien.” Alzó los hombros, sin saber realmente qué decir. “Setentera y brillante.”
zia-linos:
“Deberías querer lo contrario, solo se vive una vez. ¿Pero quien soy yo para juzgar a un simple mortal?” Bromea, ha visto a muchos salir de allí tambaleándose, ebrios pero definitivamente felices, más felices de lo que ha visto a ningún otro ser. “Una cerveza entonces.” Voltea su cuerpo para dirigirse hacia la heladera que contiene las botellas. “La merca no importa demasiado siempre que cierres los ojos y su sabor te impacte.” Elige ella misma, decide que esta vez el cliente será quien se sorprenda. “Te recomiendo hacerlo, es una buena experiencia.”
Dibujó una media luna en sus labios, recargando el codo diestro sobre la barra. Indicio de madurez o no, a partir de que entró en los treintas, procuraba que los excesos ocurrieran dentro de su casa. Suficientes escándalos había en su historial y por ende, la prensa indagaba en su privacidad como para añadir más a los tabloides. Si quería que lo dejaran en paz, él tenía que ser listo. De perdido intentarlo, porque naturalmente a veces perdía los estribos. “Podrías ser actriz de comerciales, ¿te han dicho?” Mencionó con un deje burlesco y en cuanto sus dígitos sostuvieron la botella, le echó un vistazo a la presentación. “Al menos es rubia.” Levantó la misma hacia al frente, en señal de brindis, y después le dio un trago. Relamió sus labios, estudiando el sabor con el fin de llegar a una conclusión. “Mmm... No está mal, no está mal. Pero sigo prefiriendo las alemanas.”
gulegardiner:
Sebastian Stan for STYLE Magazine Italia
zia-linos:
Limpia la barra, le gusta que su lugar esté presentable para los clientes. Personas, eso es lo que ama de su trabajo, poder conocer el lado más vulnerable que desenmascara el alcohol, o simplemente escuchar historias, algunas divertidas, otras no tanto. “¿Qué puedo servirte?” Dirige su pregunta a quien tiene adelante, no sabe si se ha sentado por mero cansancio o quiere un trago, prefiere preguntar pues ante todo siempre intenta dar un buen servicio.
Cerró los ojos, con el propósito de concentrarse y mejorar su decisión. Pero fue inútil, el volumen de la música ambiente sobrepasaba el límite de lo que consideraba agradable. “Algo sin tequila y vodka, ¿por favor?” Sus facciones ligeramente avergonzadas, pero sonriendo galante. “Quiero salir de aquí en mis cinco sentidos.” De pronto, su mirada se perdió en la cantidad de botellas en el estante que había detrás de la rubia. “¿O una cerveza? Sí, mejor una cerveza.” Soltó un suspiro quedito. “No sé qué marcas manejen.”
brahmsr:
Ligeramente más tranquilo con la aseveración que efectuaba el contrario, puede detenerse un instante a calar lo extraño de la situación. No era algo nuevo para Brahms, eso de embarcarse en alguna aventura con personas a las que acababa de conocer (ir al desierto del Thar con sujetos que acababa de conocer en un hostal en Jaisalmer, o treparse a la motocicleta de un extraño en Colombia para por fin llegar a Cartagena), no obstante, la ocasión poseía una especie de sabor distinto, como si tuviera además la presión de mostrarle al contrario aquello que parecía tanto anhelar en su viaje, algo que además ni siquiera había mencionado directamente. —¿Importa mucho cuál es mi nombre? O podemos dejarlo para la siguiente,— suponiendo (para su agrado) que hubiera una segunda vez. Se encamina a la motocicleta de uso que compró para su corta estancia en Mykonos, subiéndose a ésta y encendiendo el motor mientras espera al otro, que más pronto de lo esperado llega en un vehículo que avergonzaría a cualquiera de las motocicletas que se encuentran en el estacionamiento. Se permite echarle un vistazo conocedor a la posesión del castaño, apreciando el sonido del motor y la prácticamente perfecta apariencia que poseía. Joder, no se había equivocado al suponer que el otro debía estar forrado en dinero, aunque eso no debería ser una sorpresa: Mykonos era un lugar que recibía a todo tipo de personajes, desde aquellos viajeros de bajo presupuesto como él, hasta millonarios y empresarios, como el contrario. Un contraste que resultaba tan encantador como, a veces, agobiante. No puede evitar la risa grave, completamente entretenida, que sale de sus labios, mientras niega lentamente con la cabeza. —Ni siquiera lo pensaría. Pero sí deberías tener cuidado con las curvas en lo más alto de la colina, ¿vale? Intenta no ir tan rápido. Tomaremos el camino principal, y es básicamente todo recto hasta la playa, y de ahí a la derecha hasta llegar a la cima… No te arrepentirás, lo prometo,— añade después de una pequeña pausa, tomando el volante de su moto y haciendo una pequeña seña con su cabeza para comenzar el camino.
La recomendación de tener cuidado le supo divertida y se vio reflejada en su expresión, sonriendo. No es la primer persona que le sugiere algo como eso. Por ejemplo: Al principio, se negaba a utilizar casco, pero una caída bastó para aprender la lección. No suele prestar atención a los consejos. “De acuerdo.” Ajustó las manos en el manubrio, presionó el pedal y avanza en el estacionamiento para darse la vuelta, y tras ver a la imagen de la otra moto salir, el estadounidense le siguió. La intensidad era una característica frecuente en su personalidad y aunque a la hora de interpretar a sus papeles llegaba a ser una bendición, su publicista y mánager tenían otra historia para contar. El hombre podría jurar que lo consideran un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, y posiblemente así era. Pero Dorian y sólo Dorian era capaz de reconocer los demonios que lo perseguían y que lo orillan a subirse a una motocicleta o coche de carreras. O hacer justo lo contrario a lo que lo obligan, sobre todo si son órdenes que vienen de figuras de autoridad. En efecto, no era un actor fácil de tratar dentro del set de filmación, pero varios dirían que precisamente eso lo hace tan bueno. Y consciente de que sus razones no son fáciles de comprender junto a la carente disposición de explicarlas, su círculo de trabajo, conocidos y prensa habían aprendido a conformarse con lo que ofrece. Ya si esto significaba ser tildado de enigmático, sobreviviría. Porque creía que lo peor se había quedado atrás, con el funeral de su madre y el niño de nueve años que entonces fue.
Cada vez más lograba distinguir la oscuridad del océano, por lo que se preparó para girar a la derecha y de allí hasta la supuesta cima. Obviamente le frustraba el constante cambio de velocidad, pero a pesar de su fascinación por el gruñido de las bestias mecánicas y el viento azotando el casco, con otro proyecto cinematográfico después de sus vacaciones, no podía darse el lujo de un nuevo accidente. “Vaya.” Murmuró al detenerse, estudiando con los ojos el panorama a su alrededor. El golpeteo de las olas contra las piedras flanqueaban el risco, lo que producía un dramatismo exquisito de escuchar. “Hombre, esta vista...” Se quitó el casco y rompió en risillas, cual infante lleno de emoción. “Ahora sé que hice bien en comprar una casa aquí.”
raissamitre:
º | ♔♔♔ | ━ Frunció el ceño cuando las palabras ajenas resonaron en sus oídos y repentinamente dentro de su imaginación se formuló una escena en la cual entraba a la cocina y le hacía un escándalo al chef por el pan quemado; sin embargo, todo eso se esfumó cuando el desconocido dijo que se trataba de una broma. ❝¡Te odio! ¡Te juro que ya estaba por ir a despedir al cocinero principal!❞ Ella no bromeaba, la pelirroja era capaz de efectuar cualquier actividad inadecuada dentro de su restaurante.
“Por favor.” Le respondió con total extrañeza en sus facciones, mirando directo a la fémina. Le costaba creer que una persona así de joven fuera tan estricta en su trabajo como para no sonreír tras una inofensiva broma. “Mire, puede odiarme por mi elección de películas, pero no por tratar de despertar una sonrisa.” Generalmente no iba por la isla alardeando sobre su vida en el cine, pero en este caso pareció oportuno. Lo que sea con tal de pasar de página, no quería un revuelo por malos entendidos. “Sugiero que baje un poco la guardia, su personal da un muy buen servicio.”
vhnikv:
“Me siento como ese cuadro que Bansky destrozó en una subasta. Aún destruido sigue siendo una obra maestra de un millón de dólares.” bromea con una sonrisa salvajemente intoxicada a lo largo de su rostro. Sus redondos aretes que se atascaron entre su oscura melena, la muchacha estaba bebiendo de un cristal que sostenía el agua tónica con vodka, haciendo juego con la sombra plateaba que destellaba desde sus párpados. "¿Quieres ir a fumar afuera? Tengo un bolsillo lleno de cigarrillos y un corazón lleno de amor. Puedes elegir uno o el otro.” rebusca en el bolsillo de su chaqueta, sacando el paquete y posicionando uno de los cigarrillos entre sus labios. “Parece una lata de sardinas aquí dentro. Cinco minutos más de ser empujados y llegamos a Turquía.”
No supo qué decir sobre el mencionado artista, pues realmente jamás había sentido conexión con la estética del arte urbano. Pero ya que el comentario de la joven llevaba aires bromistas, Dorian mostró los dientes al sonreír. “Eso depende de la marca de cigarrillos.” No esperó a la fémina, sus piernas se movieron solas rumbo a la salida. Parecía olvidar con frecuencia lo mal que se llevaba con las conglomeraciones humanas. A veces se llevaba sorpresas, pero generalmente se topaba con lo mismo. “¿Qué decías sobre Turquía?” Achicó los orbes, mirando en dirección a la desconocida.
nyxgianakos:
Le causó un poco de curiosidad el comentario del otro, que implicaba que no era su primera vez visitando la granja. No sabía si debía sentirse mejor, o peor al respecto. Prestó atención a las palabras del hombre, y no pudo evitar que una sonrisa escapara de sus labios, sintiendo genuina emoción ante las mismas. Siempre le alegraba conversar con alguien que tuviese experiencia en el ámbito del campo, por llamarlo de alguna forma. “Oh… definitivamente nos alegra darle la bienvenida a un nuevo miembro de la familia. La verdad es que aún no tengo un nombre para el bebé. Estaba pensando en llamarlo quizás Baileys, pero no hay nada oficial aún.” Comentó, con cierta diversión, y es que todos sus caballos tenían nombres inspirados en bebidas alcohólicas, aunque no había una razón particular para esto. “Realmente, lamento que no podamos ofrecerte un tour en la granja o una cabalgata el día de hoy, pero el recorrido del viñedo es increíble, y los vinos son deliciosos.” Aseguró, invitando al otro a seguirla, caminando para guiarle hacia el inicio del recorrido. Lo menos que podía hacer era encargarse de eso ella misma, y definitivamente no iba a perder la oportunidad de interactuar con una persona tan famosa como el actor que ahora la acompañaba. “Así que… ¿cómo era la granja en la que creciste?”
“Si es color marrón, Baileys parece un nombre apropiado.” Emergió de entre sus labios una risilla, decorando el rostro con una sonrisa de media luna. De hecho, le generó intriga las razones por las que la mujer consideraba tal nombre para un caballo, pero no le quiso preguntar. Si bien su familia en Indiana también personalizaba a los animales, nunca se salían de lo convencional: Spark, Storm, Hércules, etc. Incluso llegaron a tener a la Dinastía Charlie en sus perros y que concluyó en el quinto; diferentes razas y diferentes tiempos, pero el mismo nombre. El masculino no se detuvo a pensar en lo ridículo del asunto hasta que alcanzó la juventud. “No hay problema, yo entiendo.” Creía que la naturaleza era sabia y que el ser humano, a pesar de su constante abuso e intervención, no tenía porqué controlarla. Mas esta era su perspectiva, en el fondo sabía que algunas cosas no cambian con una opinión. Tampoco es que satanizara a la mujer porque los animales fueran parte de la atracción, de hecho le agradecía por ofrecer ese espacio de recreación en la isla cuando el resto sólo era hoteles, restaurantes y bares. “Me gustan los paseos tranquilos. El aire fresco, el olor a lluvia entre los pastizales...” Tragó saliva. Ya hablaba de más. Los dedos seguían escondidos en los bolsillos de su pantalón, caminando a un costado. Se sentía nervioso y no entendía el porqué. Tal vez porque el ambiente de granja exponía lo que realmente era y eso podía vulnerar a cualquier actor. “Mmm.” Relamió sus labios. “Mis tíos siempre han tenido caballos, cerdos, vacas, pollos y perros. Es un terreno amplio. Hay un arroyo que pasa justo detrás de la casa, me gustaba tumbarme a leer en la orilla.”
nyxgianakos:
“Lo lamento tanto.” Se disculpó, frunciendo el ceño, realmente sintiéndose culpable al tener que ser la portadora de una mala noticia, pero era su responsabilidad dar la cara en circunstancias como esta. No era algo con lo que quisiera cargar a sus empleados. “La cabalgata y el tour por la granja ha tenido que cancelarse… al menos por los próximos días.” Comenzó a explicar, haciendo ademanes al hablar. Nunca había podido evitarlo, era como un tic nervioso. “Hemos tenido un nacimiento más temprano, los animales están un poco inquietos, hay que darles su espacio por los siguientes días, no están listos para lidiar con personas de momento.” Hizo una breve pausa, dejando a su potencial cliente digerir la noticia. “En su lugar, podemos reprogramarlo en las próximas semanas, o podemos ofrecerte un cambio si deseas visitar el viñedo, o… tal vez una comida, o cena en nuestra cocina. Todo esto sin costo absoluto, por supuesto, y mis más sinceras disculpas. ¿Qué dices?” Preguntó, ahora esperando alguna reacción de su contraparte, esperando a que le gritara, y se enfadara, pues no era la primera vez que lidiaba con esto, y era así normalmente como respondían los turistas inconformes.
“Oh.” Dejó entreabiertos los labios y asintió con lentitud, señal de asimilar la explicación de la mujer. “Has roto mi corazón. Mi parte favorita es la cabalgata.” Entre las pocas semanas que llevaba en Mykonos, era su tercera vez en la granja. Pero ciertamente no recordaba haber visto el rostro de la joven frente a él durante las visitas previas. “Aunque el nacimiento de un potrillo no puede ser malo, ¿eh? ¿Cómo han decidido ponerle?” No quitaba la vista de ella y sacudió la cabeza, pestañeando. “Crecí entre animales de granja.” Parecía importante explicar, de otra forma sus palabras y su curiosidad frente a la desconocida no tenían sentido. Guardó las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, encogiéndose de hombros. Aplanó los labios, sin saber qué hacer. “Yo, uh...” Darse la vuelta con las manos vacías se le antojaba absurdo, sobre todo porque el trayecto hasta el lugar fue largo. “Bueno, se dice que tienen vinos exclusivos aquí. Eso suena genial.”
brahmsr:
No le es difícil comprender la situación contraria, o al menos hacerse una idea con lo poco que sabía sobre su ahora acompañante. Lamentablemente, nunca había sido un adepto al cine actual, y tenía fácilmente unos cinco años que no le dedicaba más que unos cuantos minutos a la televisión al día, entre su residencia en el hospital en Alemania, su empleo posterior, y luego su continuo viaje; de saber de quién se trataba, posiblemente su trato no cambiaría, pero al menos podría hacerse una idea del tipo de persona con la que trataba. De momento, su opinión era muy superficial, limitándose a hacerse una (quizá ideal) imagen del castaño, en donde un aire de misterio (¿o era timidez?) envolvía al tan obviamente atractivo hombre. —Quizá los días que vienen sean mejores… Realmente espero que así sea,— buenos deseos que son fáciles de pronunciar, y aún más fáciles de escapar con absoluta sinceridad de los labios del alemán, las comisuras de sus labios curvándose hacia arriba en una sutil pero perceptible sonrisa que lleva dirección a la presencia ajena. La curiosidad de Brahms no hace más que aumentar cuando queda con una pregunta retórica como respuesta, interés que no queda satisfecho y que le impulsa a ceder un poco, su brazo extendiéndose para apretar breve y ligeramente el hombro del americano. —Vale, quizá después puedas decírmelo,— deja abierta la invitación a otro encuentro, uno que no era difícil de imaginar, considerando que el tamaño de la isla y la zona usualmente transitada eran pequeños. De pronto, el inicial plan de volver a su pequeño estudio y dormir hasta el mediodía del día siguiente se esfuma, dando lugar a una improvisada y nueva posibilidad. —Perfecto. Te espero en el estacionamiento, y de ahí tenemos todo el camino hacia la colina…— da un dubitativo paso hacia el lugar indicado, no sin antes fijar su mirada en las facciones ajenas. —No vayas a dejarme plantado, me sentiría verdaderamente ridículo,— sugiere con un aire entretenido, broma que oculta la verdad de todo el asunto; siempre existía la posibilidad de que ocurriera porque, a fin de cuentas, no dejaban de ser desconocidos, y sabía perfectamente que no era algo sencillo el simplemente seguir a un extraño a quién sabe qué lugar.
Ya se había dado vuelta para caminar. Una risa socarrona emergió de los labios del estadounidense, echó un vistazo al manto nocturno y dibujó una sonrisa irónico en el instante que se giró a ver al muchacho. “Oh, no te preocupes.” Meneó la cabeza. “No acostumbro a romper mi palabra, esté o no en mi conocimiento el nombre de la persona con quien hablo.” Dijo por último, sus pasos resonando sobre el asfalto, y riéndose por tan poco convencional manera para socializar con una persona. Consciente de que pudo detenerse y presentarse de una vez por todas, ¿para qué? Eso le quitaría lo divertido y hacía mucho que no gozaba la libertad que proporciona el anonimato. Y aunque ello no era más que engañarse a sí mismo y postergar sólo un poco la dolosa caída a la realidad, dudaba que una noche fuera a hacerle más daño. Desde luego que se arriesgaba, pues realmente no sabía quién era aquel sujeto y tal vez a su regreso, lo esperaba el plan maestro de un criminal. Y así de fácil su nombre protagonizaría las notas rojas de los periódicos de Grecia y de Estados Unidos. ¡Bah! Empezó a reír, su figura perdiéndose entre las calles de la zona céntrica de Mykonos. Ya que localizó la motocicleta, se puso el casco y se montó en ella. El rugir apenas la encendió lo llevó al día en que su ex novia se casó con aquel músico de gesto aburrido y que tanto ella como Dorian sabían que no era del gusto de la actriz pero sí del de su madre y la señora, en la vida de la joven mujer, tenía la última palabra. Vaya idiotez, se supone que ambos estaban en sus treintas y tomaban sus decisiones. Probablemente era buena idea cambiar de modelo para espantar los fantasmas. Siempre le gustaron las Harley-Davidson como esa que traía porque son un icono estadounidense, pero Ducati tiene modelos increíbles en su catálogo. “Sólo una pregunta.” Achicó los ojos una vez que llegó al estacionamiento y se encontró con el muchacho. “¿No me llevas directo al matadero, uhm?” Tuvo que hablar con mayor volumen a causa del ruido que producían los vehículos.
brahmsr:
Un asentimiento y sonrisa que adorna los labios del alemán son el reconocimiento a la verdad que hay en las palabras del contrario. No era extraño, en especial en tiempos actuales, el saber que las llamadas palabrotas estaban tomando un lugar más natural en el lenguaje de todas las personas; pasaba en la mayoría de los países de occidente, según había notado. —Seguramente haya más de uno. ¿Te ofrecieron algo?— se ve obligado a preguntar, una nota mezcla de incredulidad y negro humor uniéndose a la interrogante. A fin de cuentas, Mykonos era un destino turístico de playa, donde la fiesta estaba a primera orden del día; no era de extrañarse que hubiese dealers en cada bar. Mentiría si dijera que nunca le habían ofrecido algo durante algunos de sus turnos; parecía ser una constante en los clubes nocturnos, en especial en aquellos que eran frecuentados por el tipo de personas que iban a Void: aquellas que se morían de ganas de derrochar su dinero en narcóticos. Él no estaba del todo limpio, pero todas sus experiencias se reducían a meramente culturales, como el tomar un bhang lassi en India, entrar a una coffee shop en Amsterdam, o el fumar cannabis en Jamaica con los rastafaris. Nada demasiado peligroso, y sobre todo, nada demasiado caro que pudiera derramarse en una futura adicción; con su viaje no tenía tiempo de caer en eso. Como fuese, no veía con terrible juzgado la venta y compra de sustancias, que cada quien moría por el veneno que eligiera. —Suena lo suficientemente malo. Lamento que no te haya ido mejor,— ofrece esa especie de disculpa, como si fuera el representante de todo el local. No era así, pero de momento, parecía ser la cara presente del lugar donde trabajaba; y bueno, no tenía nada de malo -quizá- asegurarse un posible cliente en el futuro. Los párpados de Brahms se entrecierran sobre sus orbes avellanados, interés latente en las características de su rostro mientras escucha la petición contraria; una que se le antoja extranjera en medio del lugar en el que están, con las discotecas y lugares entregados a la vida nocturna y nada menos superficial que eso. —¿Qué es lo que quieres hacer aquí?— pregunta, alentando a una respuesta más específica sobre lo que su interlocutor buscaba; quizá era una especie de viajero, como él, aunque con muchísimo más plata. Quizá él, también, se hospedaría en bonitos hoteles típicos alrededor del mundo, si tuviera el presupuesto para hacerlo; a pesar de lo mucho que le gustaban los hostales y albergues. —Ya veo… Sé de algo que te gustaría, en ese caso. ¿Quieres que te muestre? Está a unos minutos de aquí. Tengo mi motocicleta allá,— señala con un gesto de su barbilla el estacionamiento trasero, donde se encuentran las bicicletas y motos de los empleados.
“No. Al menos no aquí.” Respondió con simpleza, pero con un brillo de complicidad en sus pupilas con respecto al comentario impropio. En aquel mundo del que ahora, para bien o para mal, formaba parte gracias a su trabajo, ni había que caminar para conseguir drogas sintéticas. Es decir, que si estaba en plena promoción de una película, bastaba con extenderle un billete al botones del hotel y pedirle de favor que lo contactara con un vendedor. Y en el contexto hollywoodense, en las fiestas privadas que tenían a los actores, músicos o productores como anfitriones las drogas eran una promesa. Incluso, había quienes ponían las pastillas o polvos justo en la mesa de bebidas. A pesar de que sonaba a la imaginación de un guionista que escribe sátira, no estaba lejos de la realidad. El actor había sido testigo de situaciones ajenas tan escandalosas que ni siquiera que se atrevía a contárselo a su familia. Por ello es que pudo tomar la decisión de abstenerse al consumo de narcóticos, el ver cómo otra persona toca fondo genera un proceso de autoreflexión. “Yo igual. Todo iba marchando bien hasta hoy.” Sin embargo, era consciente que no era culpa de los residentes de Mykonos sino suya. Todo se resumía a él y las desventajas de la fama. Pudieran decir que personalidades como él no tienen porqué quejarse, viven bien gracias a los reflectores, pero para un chico que creció en el campo y tuvo como refugio las películas, demasiada atención podía ser aterradora. “Pero sobreviviré.” Sonrió al joven hombre, no quedaba más que la resignación. “¿Qué quiero hacer aquí?” Repitió mientras se sobaba el cuero cabelludo y fruncía las cejas, el azul de sus iris sobre sus zapatos. Bueno, es que tampoco podía zafarse de los compromisos así como así. Decidió convertirse en un actor de la gran pantalla y una vez que se firma un contrato, es entregar el alma al diablo. La voz del pelinegro lo hizo levantar la vista y asentir. “También tengo una motocicleta.” Su mánager lo regañaría por irse a la aventura con extraños, mas a lo que él le respecta, el extraño allí era el propio Dorian. “¿Te parece si voy por ella, te veo aquí y luego te sigo?”
christopherdankworth:
—¡Hola! Mi nombre es Christopher Dankworth y soy tu instructor de natación en Nemo’s Paradise. ¿Y?, ¿estás listo(a) para aprender a nadar con delfines? —Mencionó. Trataba de emplear un tono emotivo en sus palabras, algo que sin duda le resultaba difícil, dado los recientes acontecimientos ocurridos en su familia.
“Dorian.” Movió la mano en el aire, alusión de un saludo. “En realidad, ya he venido. Y antes de eso, en México, en Cancún, tuve un primer acercamiento con delfines.” Respondió mirando atento el rostro de su contrario. “Es una experiencia increíble.” Admitió asintiendo paulatinamente. “Me acerqué a ver, nada más. Soy curioso.” No iba preparado, tampoco tenía la intención de meterse al agua. Acudió al recinto para comprar unas cosas en la tienda de souvenirs.
alexanderxsellers:
No deseaba incomodar a nadie, simplemente se había dedicado a dibujar y eso era algo que le encantaba, debía admitir que se encontraba apenado por las palabras contrarias. No estaba en sus planes que aquel hombre se diera cuenta de sus intenciones. “Bueno, tiene un rostro atractivo” se encogió de hombros restando importancia a sus palabras, mientras terminaba de hacerle un poco de sombra a lo que seguía. “¿Prefiere las rubias o las morenas?” bromeó tras escuchar lo siguiente, le gustaba la idea de no tirar su trabajo a la basura y había comenzado una historia. “Quizás cuando mi cómic sea una serie, lo busque para que sea el protagonista.”
Se limitó a agradecer con el asentir de su cabeza y una sonrisa engalanando sus comisuras. Probablemente por algunas características de introvertido que poseía, pero durante el día a día, no era bueno respondiendo a los elogios. En una entrevista sí, en el plano de frente a las cámaras era simple, pues todo se trataba de actuación pero tras la máscara, su carácter era ambiguo. “Bueno, depende de qué estemos hablando. ¿De mujeres o de cerveza?” Alzó el mentón, viendo el techo mientras se reía. Después sacudió la cabeza y llevó la mirada en dirección al joven. Tras volver a escucharlo, una especie de sonrisilla se delineó en su rostro y achicó los orbes. “No soy mucho de cómics y nunca he trabajado en una serie, de hecho.” Parpadeó, su semblante tornándose reflexivo. “Podría ser interesante.” Se encogió de hombros. “Entonces, asumo que sabes quién soy.”
brahmsr:
—La definición de mierda puede abarcar mucho, en especial para un alemán. Parece que tenemos una fijación con la palabra,— responde con una entretenida inflexión afectando su voz, consciente de lo extrañamente acertado que era su comentario. Scheiße ni siquiera era una palabra que prohibieran en horarios familiares, allá en su natal Alemania. —Pero, ya sabes, la música no te gusta, el resto de las personas no se animan a bailar, o hay borrachos por todos lados…— todos casos que ya había presenciado en el mes que llevaba trabajando en Void. Se encoge de hombros cuando la invitación es rechazada, y termina por volver a su tarea de acabarse con todas las papas antes de iniciar su camino a casa. Las palabras contrarias captan su atención y encienden su curiosidad, orbes avellanados fijos en las facciones masculinas. —¿Una mala cita o… algo más serio?— sugiere con las opciones que se le vienen a la mente. —Puedo dejarte entrar por la puerta de empleados, si no quieres pasar por la entrada,— sugiere con la natural afabilidad que posee, antes de dedicarle un vistazo al local. —Las bebidas son increíbles, y la comida es bastante buena (si consideramos que es comida de discoteca), y el dueño tiene muchas ideas para el lugar. La verdad nunca he venido como cliente,— principalmente porque sus gastos conocían otro tipo de destino que el embriagarse en un lugar tan caro. —Si vienes otro día diles que te manden a una de mis mesas, y podría darte un sample de los cócteles,— ofrecimiento que llega a pesar de que, por la pinta que tiene el contrario, está seguro que no le falta dinero para comprarlo por sí mismo.
“Y no creo que sólo ustedes.” Movió los hombros involuntariamente, producto de la risilla que escapó de sus labios. En Estados Unidos el uso de las groserías también estaba marcado y probablemente un poco más hoy en día que en la época en que Dorian fue niño. O a lo mejor es que al ser niño, su racionamiento inocente no permitía descubrirlas y comprender el contexto de las mismas. “A mí me suena a un ambiente típico de club nocturno. Si me dices que hay algún dealer queriendo pasar inadvertido, le agregaría más realismo.” La toxicidad de Hollywood era un secreto a voces a nivel mundial. Secreto porque existen familias y mánagers incapaces de aceptar el problema y hacen de todo con tal de que la prensa escriba lo que exigen. Mundial porque, con exponentes como Lindsay Lohan, hoy en día era muy difícil tildar de idiota al público. Y aunque las drogas y excesos no eran cosa nueva en el ambiente artístico, definitivamente en la época dorada del cine había más control. El oriundo de Indiana no logró ser inmune al consumo en sus primeros años como actor: la curiosidad, la presión constante sumadas a los vacíos emocionales con los que coexistía todo ser humano predispusieron una posible adicción. Afortunadamente, se dio cuenta antes de convertirse en algo crónico. Con la mezcla de tabaco y nicotina impregnada en sus ropas y emanando de su boca de forma cotidiana era suficiente para comprometer su salud. “Uuh... No lo sé.” Pestañeó un par de veces, rascando entre sus hebras. “Tal vez es una situación que conlleva drama al nivel de una mala cita.” En realidad era un asunto para debatir, si bien el paparazzi hace su trabajo y el que busquen fotos de su persona significa que hay interés en él, que su imagen es vendible y es una forma de continuar trascendiendo con sus seguidores, en el fondo él también es un ser humano y tiene derecho a una vida privada. No era posible que no pudiera pisar una heladería sin armar revuelo y sin embargo lo era, tanto que rozaba en lo absurdo. Aunque en la isla no al nivel que ocurría en Los Ángeles y de eso, estaba profundamente agradecido. “¿Sabes?” Empezó a decir en cuanto el contrario calló. “Todo eso que dices suena genial. Con este calor, sí te creo que en lo único que se piense es en un cóctel. Pero...” Torció los labios, ladeando la cabeza. “Se supone que intento hacer algo distinto aquí. Por ejemplo: Uh, pues... La otra noche, estaba en la piscina de mi casa, y me quedé viendo el cielo. Ni siquiera recuerdo la última vez que tuve el tiempo de hacerlo.”
giorgvtcs:
—Luces entusiasta por estar con los caballos, pero ten cuidado, estos traicioneros muerden en ocasiones —soltó como broma mientras llevaba el balde con comida hasta ellos.
“Ah. No, no. Yo sé.” Tratándose de animales nadie podía confiarse, por mucha experiencia que se tuviera con ellos porque al final, ellos no dejaban de ser criaturas que se guían por el instinto. “Pero los caballos no dejan de ser nobles.” Prosiguió, sus dedos deslizándose cariñosamente por el lomo del majestuoso animal. “Mis tíos, en la granja, siempre han tenido caballos. Cuando viví con ellos, cabalgábamos colina arriba.”