Jajajaja csm johny raro 😂

@theartofmadeline
🩵 avery cochrane 🩵
Cosimo Galluzzi

blake kathryn
Monterey Bay Aquarium
Claire Keane

Jar Jar Binks Fan Club

ellievsbear

No title available
noise dept.

oozey mess
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open

Discoholic 🪩
macklin celebrini has autism
Xuebing Du
Doug Jones

Origami Around

titsay
$LAYYYTER
Sade Olutola

seen from United States

seen from Mexico

seen from United States

seen from Malaysia
seen from Türkiye

seen from Algeria

seen from United States
seen from Brazil

seen from Brazil

seen from Brazil
seen from Brazil
seen from Brazil
seen from Brazil
seen from United States

seen from Chile

seen from Colombia
seen from United States

seen from Italy
seen from United States
seen from United States
@jaaaaaaaaaavix
Jajajaja csm johny raro 😂
Siempre pasa wn.
🐥 #oldtimes #mom #valparaíso
😍💕 #instarubia #doglover #valparaíso
Things will get better☀ #elenailustra #doglover #valparaíso
This is so powerful, why doesn’t it have more reblogs/likes?! This breaks my heart every time I see it.
this needs more publicity. how come foster kids go to shitty foster parents when there’s good people willing to take them?
Forever reblog. Such a powerful message.
and the saddest thing is, it’s true. not just an occasional fact, but every fucking day there are people who jam pack kids into their houses and abuse them, who are basically state baby sitters who juggle kids around.
and in the meantime loving same sex couples with time and warmth and happiness and honest to god wanting to be parents are turned away by the state because the old ass cunts that make up the government kill the chance.
fuck america.
I hate this because anti-choicers are like “just give the kid up for adoption!” but then are against lgbt parents adopting
Blog Curiosidades
Facebook || Twitter
Hace veinte años manejaba un taxi. Lo hacía en el turno nocturno. Mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros subían y me contaban su vida. Encontré personas cuyas vidas me asombraban. Me adulaban, me hacían reír y también me deprimían. Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí una noche. Respondí una llamada de un pequeño edificio en una tranquila parte de la ciudad, pensé que recogería personas saliendo de una fiesta, alguien que había tenido una pelea con su amante o un trabajador que tenía que llegar temprano a la fábrica. Cuando llegué a las 2:30 a.m., el edificio estaba oscuro excepto por una luz en la ventana del primer piso. Muchos conductores sólo hacen sonar su "bocina" una o dos veces, esperan un momento y después se van. Aunque la situación se veía peligrosa, yo siempre iba hacia la puerta. Sentí en mi corazón que este pasajero necesitaría ayuda, caminé hacia la puerta y al golpear una frágil voz respondió. Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso, después de una larga pausa, la puerta se abrió. Una pequeña mujer de unos ochenta años se paró frente a mí. Ella llevaba puesto un vestido floreado y un sombrero con un velo, como alguien de una película de los años 40'. A su lado una pequeña maleta. El departamento se veía como si nadie hubiera vivido durante años, los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes, ni cuadros en las paredes. Ella repetía su agradecimiento por mi gentileza. -"No es nada", le dije. "Yo sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi madre fuera tratada". -"Oh, estoy segura de que es un buen hijo", dijo ella. Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó: "¿Podría manejar a través del centro?" -"Este camino no es el más corto", le respondí. -"No importa", dijo ella "No tengo prisa, estoy camino al asilo". La miré por el espejo retrovisor, por sus ojos rodaban algunas lágrimas... "No tengo familia", dijo "y el doctor dice que no me queda mucho tiempo" Sin pensarlo apagué el contador que marcaba el costo del viaje. -"¿Qué ruta le gustaría seguir?", le pregunté. Por las siguientes dos horas manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado. Manejé hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando eran recién casados. Me pidió que nos detuviéramos frente a un negocio de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era adolescente. Algunas veces me pedía que pasara lentamente frente a un edificio en particular, o una esquina y miraba en la oscuridad sin decir nada. Con el primer rayo de sol apareciendo en el horizonte, ella repentinamente dijo: -"Estoy cansada, llegó el momento de irnos". Manejé en silencio hacia la dirección que ella me había dado. Era una pequeña casa, dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto llegamos. Eran muy amables y cuidaban cada uno de sus movimientos. Yo abrí la puerta y suavemente la sentaron en una silla de ruedas. -¿Cuánto le debo? preguntó, buscando en su bolso. -Nada, le dije. -Es tu trabajo, debes cobrarme. -Habrá otros pasajeros, le respondí. Casi sin pensarlo, sentí un gran deseo de abrazarla. Ella me sostuvo con fuerza y dijo: Necesito un abrazo. Apreté su mano y me despedí sintiendo que nunca más la vería. La puerta se cerró y fue como el sonido de una vida concluida
The Osiria Rose has a exquisite colour combination. The petals are blood-red on the inside and pure silvery-white on the outside.
Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas: - Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres pendientes. Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto: - ¿Cuáles son esos “Cafés pendientes”? Me dicen: - Espera y verás. Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés y pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés: - Tres son para nosotros, y cuatro pendientes. Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja: - ¿Tienen algún “café pendiente”? Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.