Agosto 11, 2018
El título de mis publicaciones no corresponden a la fecha en la que escribo, sino a la fecha a la que pretendo referirme de acuerdo al orden de mis pensamientos. No es la primera vez que escribo una fecha a destiempo, y aunque en general me entiendo, a veces se me olvida; a demás, sé que unas poquitas cuantas personas podrían leer esto también, así que, no está demás especificarlo.
“Being part of anything”
He estado muchos años en el taller, desde que inició hasta esta semana que pasó. He visto llegar e irse a muchos. Ha estado gente que no recuerdo y se han ido personas que no olvidaré. Siempre he sido aquella persona que a la hora de la comida se sienta en una esquina, y observa a todos los demás. Se ríe de lo que dicen pero rara vez participa.
Al observarlos desde esa perspectiva, puedo notar las diferentes partes que componen dicho lugar. La gente se agrupa con sus semejantes, sin embargo, yo nunca supe con quiénes de ellos podía encajar mejor.
Siempre me sentí como el bicho raro, el que no es igual que todos los trabajadores, pero tampoco es de los jefes. No era ni el gato ni el ratón. Últimamente ni siquiera me sentía funcional ahí.
¿A qué voy con todo esto?
Ahora que estoy conociendo nuevos horizontes, se ha extendido en el taller la noticia de mi nuevo trabajo. Evidentemente iba a dejar de ir tarde o temprano, pero todo el mundo creyó que simplemente ya no me iban a ver a partir de entonces, por lo que les sorprendió mucho que este sábado llegara, de repente.
A pesar de que me habían visto hacía una semana, la manera en la que me saludaron fue muy diferente, fue esa clase de afectuosidad de alguien que no te ha visto en mucho tiempo y se alegra de verte. Más de cinco veces me saludaron con un tono de sorpresa diciendo “creí que ya no ibas a venir”, pero con evidente cariño en la voz. Recibí muchas sonrisas y expresiones amistosas.
Cuando llegó la hora de la comida, donde todos se sientan junto a quienes mejor se sienten, me quedé apartado como de costumbre y los observé.como de costumbre, hablando y comiendo como de costumbre... y entonces la nostalgia me invadió.
Cada uno de esos rostros eran conocidos, amigables y familiares. Quizá eran disfuncionales, pero eran una familia unida y quizá no entre los altos ni entre los bajos, pero me consideraban parte de ella. Conocía cada uno de sus nombres, sus historias, sus problemas y sus aspiraciones.
Quizá tenía que llegar a un nuevo lugar donde todo parecía tan impersonal, para notar que sí le tengo cierto cariño a esa pequeña familia del taller. (Aunque no cambiaría mi trabajo actual por seguir teniendo la posición anterior que tenía en el taller).
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