Mi chica tiene casi 25, se hace la fuerte, es enemiga de la injusticia, diseña esquemas, invierte en mí su tiempo y me compra cosas.
Mi chica tiene un perfume descatalogado, como jamás me había gustado.
Mi chica es valiente, pero yo me preocupo cuando se va sola a casa y no me avisa, cundo pasea por bordes de un acantilado, cuando vuela en la carretera a 180, cuando está enferma y no se medica, cuando me habla de manifestaciones, de revoluciones, de romperlo todo, de marcharse.
Yo me preocupo, pero ella es libre y por eso la quiero. Es normal que se juegue la vida en un precipicio, es su vida.
Ella es sudor, tornado y hielo. Ella es jardín, espejo, cielo.
Mi chica no es ninguna heroína de cómics. No desfila en pasarelas y vive en clase común .
Ella es pared, río, lobo. Ella es ventana, mar, es oro.
Ella es la dinamita de mis días de bomba. Ella es domingo cómodo, mi canción a capela, mi año nuevo sin grieta, mis llaves colgando en su puerta.










