Sísifo
En la mitología griega, Sísifo fue un antiguo rey heleno condenado a subir una gran roca desde los pies de una ladera hasta la cima de ésta, sin poder llegar nunca a la cumbre. De este modo, Sísifo debía comenzar desde cero cada vez que la piedra caía y repetir mecánicamente la acción durante toda su vida en el infierno.
Hay días y momentos en que me siento como Sísifo, porque debo repetir y llevar conmigo las certezas que he logrado y que no puedo desmentir porque son cosas que he vivido y sentido, sin haberlas construido desde alguna falsedad o idea incierta. Se trata de un ejercicio sano pero agotador: repetir una y otra vez qué ha sido lo bueno que he logrado, cuáles han sido mis descubrimientos que me hacen una persona más íntegra, de qué manera mi vida se ha ido “ordenando” hasta ser una sola sin sombras que no enfrento y una que otra verdad a la que debo ser fiel para seguir caminando.
Mi principal enemigo es la ansiedad y la culpa: la ansiedad de sentirme todavía en camino, creciendo y descubriendo cosas que tuve ocultas y disociadas por mucho tiempo. Cuesta sentirse adolescente a los 26 años, cuando hay muchas cosas ya resueltas en la vida. Cuesta también iniciar cosas nuevas, porque pareciera que los elementos que debí aprender no los aprendí a tiempo; no por poca fortuna, sino porque dejé pasar mucho tiempo hasta enfrentar los fantasmas que me asediaban. Querer saltarme los pasos intermedios es una constante que me impide ir avanzando paso a paso. Como Sísifo, tengo claro que hay cosas que se construyen etapa por etapa, pero la ansiedad me boicotea esas claridades y me hace querer apurarlas, cuando en estricto rigor no tengo control alguno sobre el futuro. Ante ese apuro, el nervio, el stress y la sensación de sentirme “flotando” surgen como mierda en agua clara. Hago la analogía porque no puede haber otra mejor: en medio del agua pura, de los sentimientos profundos y las claridades vitales, surgen estas ideas obsesivas que a veces me ganan la batalla...pero no la guerra.
También cargo con una culpa que debo perdonarme con el tiempo. La culpa de dañar a otros o de apostar por algo que no pueda asegurar. Es una constante sentirme culposo o miedoso a iniciar algo que podría no desembocar en un “ideal” que debe cumplir ciertos cánones. Me cuesta hacer apuestas y caer en la cuenta que hay procesos/relaciones que se construyen con el tiempo y que no deben juzgarse a priori. Nadie puede juzgar a priori algo que está comenzando.
En el fondo, Sísifo tiene que ir constantemente subiendo la piedra por la ladera. Debo reconocer que hay momentos en que me siento como él. La única diferencia es que Sísifo perdió su oportunidad, porque cumple la condena en el infierno: mi gran oportunidad es que me queda la vida completa para darme la oportunidad de ser feliz e íntegro en todos los aspectos de mi vida. En eso estoy trabajando y debo sentirme feliz por ello.
Por Dios que hace bien escribir...















