Yo duermo y sueño
En las aceras de las calles insípidas qué acallan los llantos de un niño enternecido por la luz imperante
Duermo y sueño en la tierra del robusto guayacán que deja caer su primavera sobre los cabellos extraños, ajenos
Dormito, sigo dormitando en las velas de santería que la locura encendió un martes en la mañana
Que horrorifico sentido onírico me consume
No quiero dormir más.
No quiero soñar.





















