Y como último gesto de amabilidad o simpatía, no lo sé, qué m***** me pasó en el cerebro, le saludé por su cumpleaños, sabiendo que el año pasado le hice una sorpresota. Y no por lo costosa o elegante, sino que le hice una sorpresa muy bonita, muy chévere, muy mágica, muy hermosa, la verdad.
Y esta vez ya ni le hablé ni nada, solamente a las 11:35, y en honor a 35 —porque esa es la edad que cumple— le envío mensaje.
¿Y saben qué hizo? Activó esos mensajes donde dicen “temporales”, donde claramente te notifican que has activado los mensajes temporales por 48 horas, creo, sale que se ha activado. Y yo de verdad dije: m*****, qué huevón… y qué huevona yo por saludarle.
Pero en fin, ¿me esperaba esto? La verdad que no. De cierta manera pensé que, justamente como hace un día atrás habíamos coincidido en una boda, él me saludó súper atento, dije: no hay pedo, no hay problema, ¿qué inconveniente puede haber?
Pero este es el inconveniente.
Y bueno, ¿qué puedo decir? Es lamentable, la verdad. Pero bueno, no puedo hacer nada más, ¿cierto? Es increíble, y me hace sentir como un idiota haber hecho eso, porque dije: m*****, qué huevona.
Pero no sé… era mi conciencia diciéndome que haga algo así.
Espérame, déjame ver si me ha contestado… son las 12:10… y siempre no me saludó.
Bueno, gente, aquí está la muchacha p******. En fin, lo hice con el mejor de los sentidos, ojo ahí… pero bueno, no todo puede ser perfecto, ¿cierto? Qué idiotas los dos… pero más yo.















