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@jonescribe
Buenas noches ❤
……
Piensa que después de ahogarte
en un mar de desesperación,
tenemos una luz que nos hace
ser más fuertes....
Y mi luz... Eres tú.
Ayer te soñé…otra vez.
Ayer soñé
con besarte
y llenarte
de pasión,
ayer soñé
con ser
tu amor……
Otra vez,
como
cada noche……
Ayer (te) soñé
Ojalá, el ojalá se cumpla…
De todos los olores en el mundo,
me quedo con el que
desprende tu piel cuando me ve.
A veces… odio tener razón.
Pero que limpio se respira…
Carta a tu adiós
Amor,
te escribo estas líneas
como quien guarda un suspiro en un sobre,
porque mis manos no quieren soltar
lo que mi corazón aún retiene.
Me dices adiós,
y tus palabras son viento helado,
que derrumba lentamente las paredes
donde habíamos colgado sueños.
No te culpo:
el amor también sabe agotarse,
también se despide cuando ya no cabe
en la misma mirada.
Yo me quedo con la música
de tu risa en mis días más grises,
con la certeza de que alguna vez
fuiste hogar en mi tormenta.
Si mañana recuerdas este nombre,
hazlo sin tristeza:
ámame en la memoria,
como quien atesora un faro apagado
que alguna vez iluminó el camino.
Adiós,
aunque este adiós no cabe en mi boca,
aunque se me parta la voz en dos.
Me despido,
pero sigo amándote en silencio,
como se ama lo imposible.
El que ama no se piensa una respuesta,
el que ama no echa mierdas
cuando te ausentas sin siquiera tener respuestas,
el que ama no abandona ni quiere a otro
cuando sabe que te tiene en su corazón,
el que ama no quiere tener razón
solo quiere que ese amor sea eso, amor.
Si amas no miras a nadie más,
no te importa nadie más,
no piensas en nadie más,
no dice huir a diario sin que nada le hagas,
el amor es muy simple. O amas o no.
Jon.
Por qué vuelve siempre la puta realidad
cuando quieres seguir soñando ?
Jon.
Nuestras mañanas…
El café hierve, pero no tanto como tú.
Tu encaje marfil brilla en la luz tenue,
cada curva es una orden,
cada mirada, un asalto.
Me acerco.
Tus caderas encajan contra las mías
como si quisieran romper el silencio.
El golpe seco de tu respiración
me arranca cualquier paciencia.
Te tomo con fuerza,
la madera de la encimera gime con nosotros,
y el vapor de la cafetera
se mezcla con el de nuestros cuerpos.
Nada es suave,
todo es hambre,
y el café…
el café se quema, olvidado,
mientras tú y yo
ardemos sin tregua.
Jon.
“Me correré en el coche”
esas fueron sus últimas palabras,
dichas entre jadeos
y el fuerte calor
golpeando el parabrisas.
Ese día era como un túnel de neón
y cada curva del camino
seguía el compás de sus manos,
subiendo, bajando,
buscando el vértigo final.
El motor rugía,
pero más lo hacía su pecho,
acelerando,
temblando,
hasta que el cristal se nubló
y la respiración se hizo bruma.
En la soledad del asiento,
quedó el eco húmedo
de un secreto indecente
que el amanecer jamás contaría.
“Soñando con mis manos “
Jon.
La percepción de nuestra mente
es tan bonita, tan cierta casi siempre,
tan “abre los ojos”, tan necesaria,
a veces te hace sonreír
y otras te rompe el alma,
a veces te hace crecer
y otras te deja en un pozo,
a veces te acerca a alguien
y otras no paras de huir.
Pero cuando ves a demás de percibir,
eso te hace tomar decisiones.
Decisiones que buenas o malas
has de tomar para seguir viviendo.
Jon.
En la penumbra de la noche…
Tus manos me buscan,
mi piel despierta a tu roce.
Nos perdemos en un vaivén de suspiros,
donde el tiempo se deshace.
Con los dos entramos en nuestros sueños,
dibujando deseos sin palabras,
bebiendo de la urgencia
que tiembla en cada beso.
Amanecemos húmedos,
no sólo de lluvia o sudor,
sino del rastro ardiente
que dejó el amor
desbordándose en nosotros.
Jon.
Tus labios,
madrugada caliente,
me despiertan sin prisa
con un sorbo de deseo.
El aroma sube,
como vapor entre nuestras pieles,
y cada beso —oscuro y dulce—
me quema de ganas.
Tu lengua,
como crema derramándose,
se enreda con la mía
en un lento vaivén que sabe a café recién hecho.
En tu boca descubro
que la pasión también se bebe,
y que después de probarte,
ninguna mañana sabe igual.
Jon.
Bajo el susurro lento de la luna llena,
mi copa tiembla — vino rojo,
como tus labios,
que prometen tormentas y calma.
Hay humedad en el aire,
pero más en tu piel
cuando mi sombra te toca
sin siquiera rozarte.
Tus labios son fruta prohibida,
maduros de ganas,
jugosos de promesas
que no se dicen,
se gimen.
Tu piel — mapa ardiente —
espera a mis dedos bajo la lluvia,
y yo, viajero sin brújula,
me pierdo en ti
cada vez que te encuentro.
Tengo ganas de ti,
de la forma más impura,
más sagrada.
Ganas por incendiar
ese deseo que arde
hasta volvernos ceniza
bajo la luna, los dos…
Y nuestra copa de vino.
Jon.
“Fuego sobre mi piel”
Te subes sobre mí como quien reclama su trono,
desnuda de pudor, vestida de puro instinto.
Tus caderas se enroscan en mi deseo
y mi aliento se pierde entre los surcos de tu cuerpo.
Tu espalda arqueada es un grito silencioso,
una invitación salvaje a naufragar en ti.
Mis manos dudan entre admirarte o devorarte,
pero tus ojos —aunque cerrados— ya mandan:
hazlo.
Tu piel me quema como si fuera pecado tocarla,
pero ¿quién teme al infierno si el fuego sabe a ti?
El roce de tu carne es preludio de tormenta,
y en cada vaivén siento romperse el mundo.
No hay palabras en este idioma húmedo
que hablamos con jadeos, mordidas, y silencios.
Tu cuerpo contra el mío no es casualidad:
es destino escrito en sudor y temblores.
Y así, sin censura ni culpa,
te conviertes en mi religión profana,
y yo, rendido… en tu altar de placer.