Yo soy Jules Bernardi. 26 años. Originario de Boston, viviendo entre Dover y Chicago. Dueño de la revista 'Headquarters' sobre líderes modernos ( Cupo e3 / Testigo Diverso )
Tablero / Biografía / Post Conexiones / Mp3

shark vs the universe
Sade Olutola

Love Begins
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ

Andulka
ojovivo
No title available

#extradirty

oozey mess
dirt enthusiast
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
i don't do bad sauce passes

JBB: An Artblog!
Claire Keane
Game of Thrones Daily
styofa doing anything

No title available
$LAYYYTER

★

祝日 / Permanent Vacation

seen from United States

seen from United States

seen from India

seen from United States
seen from United States
seen from India

seen from United States
seen from Saudi Arabia
seen from Australia

seen from Germany
seen from Indonesia
seen from United States
seen from United Kingdom

seen from Malaysia
seen from Oman
seen from United States

seen from Indonesia
seen from Indonesia
seen from Ecuador

seen from Brazil
@julesbernardi
Yo soy Jules Bernardi. 26 años. Originario de Boston, viviendo entre Dover y Chicago. Dueño de la revista 'Headquarters' sobre líderes modernos ( Cupo e3 / Testigo Diverso )
Tablero / Biografía / Post Conexiones / Mp3
siente una especie de alivio que parece irreal cuando celestes se cruzan con semejantes y en ellos no detecta desprecio o irritación ante su presencia. ni siquiera se aventura a mirar a las personas que lo acompañaban previamente, sospecha que no va a recibir lo mismo que recibe de él, y ciertamente prefiere aferrarse al atisbo de tranquilidad y estabilidad que le otorgan ojos azules. su propio nombre suena distinto en labios masculinos, la invitan a la calma y eso lo agradece en silencio ; no hay disgusto en las sílabas y eso es nuevo ese día. en un gesto inusual y completamente impropio ( incluso si bernardi ya la conoció en su peor momento ), vesper juega con las mangas de su abrigo en un gesto que denota algo de ansiedad. una exhalación quedita abandona rosados ante la afirmativa, ni siquiera podría adivinar el impulso que cruza por psique ajena, aunque ojalá fuese así, porque entonces sabría que es mutuo. se echa a andar junto al más alto, intenta mantener cierta distancia para no importunar y cuando sus hombros se rozan, rubia siente un escalofrío incluso con las capas de ropa encima. ni siquiera el aire gélido del exterior provoca dicha sensación aunque le tiñe las mejillas de rosado después de un rato. “¿cómo estás?” pregunta primero, porque no quiere emponzoñar el ambiente, empujar demasiado fuerte. no propone directamente sino que busca tomar asiento en una banca cercana, esperando que azabache se apropie del espacio a su lado, aunque también entendería si no la quiere así de cerca. entonces, lo mira. "no te veo desde..." alarga ligeramente la última sílaba, esta evaporándose en el aire frío. desde que salí del hospital, completa en su cabeza. suspira, inclina la cabeza ligeramente y le aparta la mirada. "estuve pensando en ti estos días," confiesa sin más cuando mira al frente, y si bien son palabras simples, para vesper cargan bastante peso. "creo que nunca te agradecí directamente por... todo," se ve que hay algo costándole, y no es precisamente el verbalizar lo que pasa por su cabeza. "¿has estado bien?" se aferra un minuto más antes de los verdaderos motivos, como si temiera que lo que está por hacer sea demasiado ridículo.
Claro que Jules nota el movimiento nervioso de Vesper jalándose las mangas del abrigo. Se pregunta, por una fracción muy pequeña de segundo, cómo se verán las cicatrices seguramente rojizas en sus brazos. La imagen de éstas vendadas cruza su mente: siempre ha pensado que si su vocación fuese ligeramente más inclinada al bien común individual en vez de en masas, él pudo haber sido un buen enfermero. Al cruzar las puertas el viento helado cruza sus mejillas y se envuelve bien la bufanda alrededor del cuello, eternamente friolento, tal vez sea el poco músculo el que no cree el calor necesario para aguantar una nevada en Nueva York. Sigue a Vesper hasta que se sienta a su lado, cruza las piernas con las rodillas volteando hacia ella. Cuando ambas miradas vuelven a conectar, sonríe solo un poco. Aclara la garganta: “ Sí. ” Le dice, dándole a comprender que no es necesario que termine la oración, están en la misma página. Durante el tiempo en el que Jules y Vesper estuvieron separados, se vio tentado varias veces a mandarle un mensaje a Dylan o Herae preguntando por ella, pero temía que ambas pensaran que él estaba acosándola, y dejó que se recuperara por la paz. El hecho de que ella lo haya buscado después de todo es un indicativo silencioso de que no piensa eso de él, y lo alivia por dentro. Por razones que su consciente no logra diferenciar detiene el aliento cuando ella admite que ha sido un tema en su mente: tal vez es porque ella también lo había sido en la suya. Mas su respuesta sale un poco ambigua, con temor, armándose de valor para enfrentarse a una realidad penosa. “ ¿De verdad? ” Inquiere casi como queriendo descartar que se está burlando de él. Vesper tiene otras diez mil cosas más en qué pensar antes que Jules. Baja la mirada y trata de evitar ponerse colorado, aunque no logra aligerar la reacción natural de sus mejillas. “ Vesper, no tienes nada que agradecer. ” Dice en una voz baja, avergonzada, no se cree merecedor. Cuando sube la mirada, descubre en los ojos ajenos sinceridad, y no puede mas que empatizar. “ Espero te haya hecho sentir menos sola. ” Frunce los labios. Era fácil en ese momento ignorar las voces que lo juzgan a la distancia, las que gritaban que no era justo para la memoria de Otis. Él había decidido enaltecer la que decía que ella y él podrían ser muy distintos, pero un lazo de vivencias similares los ataba, y una reacción al trauma los vincula. “ Sé... que mi presencia no tiene mucha explicación. ” Se justifica. No quiso tocar este tema mientras ella estaba en el hospital porque la sensibilidad del tema era obvia y empujarla de nuevo al vacío pudo haber sido contraproducente. “ Tal vez pueda explicártela alguna vez. ” Abre una rendija de las persianas que desvelan lo oculto en su interior, solo si ella estaba dispuesta a escuchar. “ —He estado bien. ” No es todo mentira, pero tampoco es todo verdad. Un acto impulsivo toma control de sus dedos: se acerca y pone la mano sobre la ajena, un tacto gélido y al mismo tiempo con la calidez que solo él sabe proyectar. “ Gracias por preguntar. ”
sus ojos viajan a distintos rincones del estudio, analiza su alrededor pero no llega a ninguna conclusión, se siente desconectada, fuera de lugar, lo cual lo relaciona al cansancio de su mente, ese día se siente fatigoso ser parte del círculo ateniense. meses atrás pensaba que al menos algo bueno estaba sacando de toda la experiencia, pero lo único bueno ya lo había perdido ese día en edimburgo, ahora solo se siente una rehén de las circunstancias. se da la media vuelta para ver más del lugar y se queda congelada, una cosa era ver al jules de sus recuerdos, el que había tomado un lugar permanente en su mente, a tener que verlo en carne y hueso, había sido una ilusa al creer que volver a cruzarse con él sería tarea fácil. por un segundo baraja la idea de distanciarse, pero sus pies la acercan de forma casi inconsciente. como toda situación en la que se siente desprevenida, lo primero que hace es sonreír, sí lucía tranquila sería más fácil estarlo de verdad, aunque está casi segura de que su sonrisa no luce natural en ese momento. “¿preparado para tener una molesta cámara encima tuyo?” se siente incorrecto ser tan informal, como si estuviera hablando con cualquier persona, no con la persona que seguía teniendo una parte de su corazón hasta el día de hoy. “aunque tú eres periodista, de seguro estás más preparado que yo” le da el crédito correspondiente, todo lo sucedido no le quita el respeto que le tiene.
Aquellos ojos se postran en él y retiene la respiración. Siente que ese instante en el que se admiraron el uno al otro a la distancia fue eterno. También siente que la ve dudar, preguntándose si debía dar un paso atrás, y él admite que tal vez esa hubiera sido la idea más inteligente después de las cosas horribles que se dijeron la última vez que hablaron. Ha pasado tiempo y Jules se arrepiente de la mayoría de lo que dijo, había sido un tonto, cruel con ella y cruel con él mismo. Pero en ese corazón cohibido también alberga una señal de orgullo, y sobre todo de temor a alejarla una vez más, especialmente ahora que ella está tomando pasos hacia él. Cuando está lo suficientemente cerca relaja los músculos, una reacción involuntaria y un poco vergonzosa, su cuerpo reaccionando a lo que consideraba conocido. Se le dilatan los ojos, una manera silenciosa de admitir lo que no quería: que la echaba de menos. Como esperaba, ella comienza a charlar de todo menos del elefante en la habitación. Su voz causa una sensación indescriptible en su pecho. Ella lanza una pregunta y Jules se queda estupefacto, tiene que carraspear la garganta para disimular los segundos en que se ha quedado en silencio. “ No realmente. ” Admite en una voz que finge ser indiferente. “ Me tiene mucho más tranquilo ser yo el que hace las preguntas y no ser yo el que está frente a la cámara. ” En Headquarters solía procurar nunca estar a cuadro. Además el tema del Círculo lo tiene inquieto, no quisiera decir algo para arruinarlo. “ ... ¿Y tú? ¿Cómo te sientes? ” Pero la pregunta no era sólo referente a la entrevista.
━━━ privado (1) ∗ vesper & jules.
está completamente entregada a la posibilidad de atormentar a todas las personas de ese sitio si comienzan a hacer su día complicado, y le cuesta bastante no arremeter cuando escucha comentarios a sus espaldas. lo divisa entre los asistentes, y se lo piensa una, dos, tres veces. qué va, terminan siendo muchas más que esas. tiene que recordarse que no es una cobarde ( aunque ha actuado como tal muchas más veces de las que quisiera admitir ), y con eso obliga a sus piernas a dirigirla en su dirección. no quiere interrumpir lo que está haciendo, y tampoco quiere tomarlo por sorpresa, así que es cuidadosa cuando anuncia su llegada: "hola, jules," el nombre le hormiguea en la lengua como lo hizo el jugo de manzana en el hospital, ya hace más de un mes. la suavidad con la que habla podría asemejarse a timidez, si no fuera porque vesper luce como el mismísimo diablo que alguna vez fue en pomona. no obstante, la expresión no es dura como con el resto, la mirada es suave. "¿tienes un minuto?" le aterra la idea de una negativa, porque si ojiazul decide rechazarla, probablemente provoque fractura en cimientos que aún intenta levantar. "——— podemos, huh... movernos de aquí," añade como propuesta, porque sabe que son pocos los que realmente quisieran verse en su compañía.
@julesbernardi
Su voz lo alerta como un timbre de campanilla en una cafetería, cuando volteas a la puerta sin realmente esperar a nadie, pero con la esperanza de que reconozcas su rostro. Se gira sobre sí mismo, y ambos pares de ojos azules se cruzan. Tal vez, si Vesper ha puesto la suficiente atención en la mirada de Jules todo este tiempo, pudiera comenzar a detectar cuando un signo de regocijo se cruza. No hace mucho para esconderlo, con ella se siente transparente, el agua de un río que fluye sin esfuerzo. La gente con la que compartía plática hacía un segundo cesó de existir. “ Hola Vesper. ” Intenta ocultar una sonrisa, siempre con el temor de parecer soso, la ansiedad social colándose hasta con la gente en la que más confía cuando está rodeado de rostros que cree que lo juzgan. Por su cabeza por supuesto que pasa el fugaz pensamiento sobre que todos los voltean a ver —la voltean a ver a ella, en realidad. Y su amistad creciente no hacía más que comprometerlo en público, pero no era esa la razón por la cual actuaba con compasión, emociones iban mucho más detrás. A lo mejor inclusive más atrás de lo que él mismo llega a comprender. “ Por supuesto. ” Contesta con la misma suavidad con la que recibe su pregunta, y su mano tiene el impulso de acercarse y evocar el contacto físico, pero la idea le causa pena y simplemente estira los dedos de la mano en frustración. “ Vamos afuera. ” Sugiere, y toma la iniciativa de caminar a su lado, hombro con hombro. La mira de reojo mientras se dirigen a la salida, lejos del barullo y la presión de la gente.
Conversación privada — 03 / 03.
“ Bueno, quizá si mentimos y decimos que lo más interesante que nos pasó en Edimburgo fueron las conferencias, podríamos salir limpios de ésta. ” Una sonrisa irónica se asoma. “ Y evadimos todo el tema de la Fiesta de las Fieras. ” De repente recuerda que podría ser un tema sensible entre los dos, y separa la mirada. “ —Y sobre Aura Pizarro, por supuesto. ” @breecxx
Conversación privada — 02 / 03.
Mentiría si dijera que no estuvo buscando su rostro desde el momento en que pisó el estudio y vio a la multitud. Actuó ligero, desinteresado, tratando de convencerse de que no estaba allí por ella y que no la necesitaba, que no la extrañaba. Era inútil. Cuando sus ojos se posaron en su silueta se quedó cautivado. Había subestimado el impacto que podía tener sobre él. Recuerda momentáneamente la primera vez en que la vio, en la biblioteca de Pomona, y la manera en que su carisma lo había dejado perplejo. La primera vez en que probó sus labios, en la obscuridad y el jugueteo, sus palabras abarcaban toda la habitación. La primera vez en que lo había dejado sin palabras, afuera de la estación de policía, cuando la vio a los ojos y sintió que eran un lugar perfecto para perderse. Sacude la cabeza, esos eran pensamientos prohibidos ahora, él mismo lo había decidido así. Pero uno más cruza de forma intrusiva su cabeza: él, recostado en su cama de Boston, en medio de la obscuridad a un paso de llamarla. Una punzada de calor le recorre los hombros. Voltea. Le ruega al universo sin moverse ni un centímetro. Estoy aquí. @danisugi
( @helly-stoke ) ( 003 ). una azotea en Brooklyn, rodeados de luces y una reunión de fondo.
“ Si, bueno, es que no pensé que te fueras a acercar. ” Admite. “ Después de la última vez que me dirigiste la palabra pensé que no querrías verme nunca más. ” Una risa medio irónica sale de sus labios, con crudeza, aunque el ceño que carga esté lejano a una dicha. “ —¿Cómo has estado? ” Es cortés. “ ¿Qué ha sido de tu vida? ” Se acomoda sobre su propio eje, recargado en la barda que daba a la vista más maravillosa de Nueva York, y contempla el privilegio que tienen de coincidir en un lugar como ese. “ ¿Haz... oído de Morgan? ¿Hablas con él? ” Tamborilea los dedos sobre su bebida.
TASK O4 (@losavntos) (post original) -- HICIERON SU MALETA COMO QUIEN HUYE, NO COMO QUIEN VUELVE.
Octubre 19, 2025. Dover, Massachusetts.
Escogí con mucho detalle la lectura. El primer libro que leí escuché cuando yo estaba internado en Boston fue por tercera vez El Fantasma de la Ópera; claro que la señorita Pierce, la enfermera que me hacía compañía y a quien recuerdo con profundo cariño, no sabía que yo prácticamente me había memorizado el clímax. Nunca se lo dije, tal vez porque ni siquiera me permitían hablar o porque no tenía las fuerzas, así que simplemente me resigné a escuchar, y por alguna razón, el viaje de Christine comenzó a vibrar de manera distinta conmigo.
No sé si Vesper lo ha leído antes. Si no, me alegra dar en el blanco; si sí, cabe la esperanza de que vibre distinto con ella también. Algo que aprendí después de haberme querido quitar la vida es que todo lo que sucedió antes en tu vida puede simplemente… reiniciarse. Volver a pasar como si no hubiese sucedido antes, y tener una perspectiva fresca y limpia de tu alrededor, como si estuvieras disfrutando una segunda vida. Supongo que sí, de hecho, eso es lo que estás haciendo, disfrutando una segunda oportunidad. Las lecturas se vuelven más vívidas, las anécdotas más sabrosas, las noches más profundas.
No pretendo proyectarme sobre ella. Su historia no se asemeja a la mía en lo más mínimo. Pensar en el video de su declaración hace que me arda el estómago y me truene la cabeza en la memoria de Otis. No solo eso, pero todo a lo que nos hemos tenido que someter en meses, recayendo sobre sus hombros. Yo no soy como ella, está clarísimo, ni en un millón de años podría llegar a compararme. La razón por la que he adquirido el libro de Leroux en físico es poco clara, porque ya en Chicago tengo una copia de éste, y sólo compro libros cuando significan algo para mí. Cuando estaba en la caja me di cuenta que estaba comprando algo más que solo la próxima lectura de Vesper, pero un pasaje a justificarla. Algo tengo muy claro: yo no soy Dios, y si por alguna estúpida razón alguien me fuera a dar el poder de enjuiciarla, no podría hacerlo. Mucho menos al pensar que está en el ala psiquiátrica de un hospital, es como si estuviera viéndome a mi mismo de lejos, aunque he intentado no verlo de esa forma. Mis entrañas me prohiben odiarla, un sentimiento que nunca ha ido conmigo, y todo lo que me revuelve el estómago se vuelve confuso, lo que quiero es ayudar (Aunque no tengo claro en qué).
Así que aquí estoy en mi auto, escribiendo quince minutos antes de que empiecen la hora de visitas, esperando postrarme allí adentro sin ningún sentido y leer. Es lo que mejor sé hacer. No sé si es alguna clase de túnel de redención, no pretendo que lo sea por ahora. Solo quiero… sentarme a leer. Ella lo necesita, nadie merece querer suicidarse, ni el ser más despreciable que pueda imaginar. La niña que me he imaginado cuando ha descrito su infancia con su hermana, ella no se lo merece, aún cuando le haya arrebatado sus posibilidades a otro inocente. Es irónico, estúpido, hipócrita de mi parte, ¿pero cuando he sido yo ejemplo de sandez o de inteligencia? Hoy solo quiero ser la persona que yo necesité cuando estuve tres meses metido en la clínica y nadie dio la cara por mí. Espero y en este caso ella tenga mucho más apoyo, porque no sé si yo pretendo dárselo. Sólo es una lectura: hoy, del capítulo uno. Mañana, ya veremos.
_____
La mamá de Vesper, incluso con el aspecto destruido que tendría alguien en su lugar, era exactamente como la imaginó. Por un lado eso le hizo dar un respiro, volviéndola más humana, una causa con mayor sustento. Jules luce como todo un chico decente, de camisa azul cielo que hace juego con sus ojos y pantalón de mezclilla, así que no es de sorpresa que lo hayan dejado pasar cuando explicó que era su amigo. Al cruzar el umbral de la puerta, deja atrás las explicaciones porque ni siquiera podría comenzar a darlas. Se limitó exclusivamente a lo que iba: jaló una silla, se sentó, cruzó las piernas y exclamó: —Encontré esta edición del Fantasma de la Ópera y pensé que pudiera gustarte. Así que se soltó una hora hablando. A pesar de que Jules era un tipo callado, la universidad se había hecho cargo de enseñarle a declamar. No podría siquiera pensar en hacer entrevistas en la actualidad si no fuera por las clases del profesor Williamsburg, quien incluso intentó reprobarlo tratando de hacer que se abriera al hablar, y por supuesto que había ganado su terror por una mala nota sobre su terror social. Los escenarios de la historia danzaban por el aire y construían sílaba por sílaba al Palacio Garnier.
Cuando estaba en la cúspide de la lectura, Jules cerró el libro. No supo si decir que se veían mañana, porque no estaba seguro de poder hacerlo. Simplemente volteó, la miró a los ojos… se puso de pie y se fue. Tenía demasiadas cosas adentro como para poder tomar una decisión inmediata. No obstante, sus zapatos se sintieron mucho más ligeros al salir que al entrar al hospital, como una prueba definitiva de que lo que estaba haciendo iba a poder aliviar algo (aunque no sabe si en él, en Vesper o en los dos).
Así que volvió al día siguiente. Y al siguiente. Sus introducciones eran muy breves: —Hola Vesper. —Pone el tobillo izquierdo sobre el derecho, estirándose sobre su asiento. Abre las páginas y pareciera que el olor a hojas nuevas inunda la habitación. —Capítulo XV: “Singular Actitud de un Imperdible”. En el escenario reina un desorden jamás visto. Artistas, tramoyistas, bailarinas…
No pasa mucho tiempo en darse cuenta de que sus visitas de todos los días en las mañanas también han actuado como una forma de escape de su propio sufrimiento. No tenía que recordarse a sí mismo, durante una hora, que era el pobre a quien lo había dejado la novia a quien tanto amaba hacía tres semanas. O que tenía un asunto pendiente con su hermana adoptiva (uno sin mucho escape para resolver que no fuera el perdón, la vía por la que siempre opta, porque el resentimiento es demasiado grande como para soportarlo). Cuando se encontró a sí mismo parado en el centro de su apartamento observando en su closet la camiseta que Danielle le regaló, se sintió extremadamente culpable consigo mismo, como si se hubiera estado traicionando. En cierto sentido así era. Da un paso, dos. Con la yema de los dedos acaricia la tela, y piensa en lo mucho que la extraña. Ha estado justificando su ausencia con trabajo y montones de pastillas para dormir desde las cinco de la tarde. Pero él se lo ha dicho y no puede retractarse ahora, necesitan espacio para sanar. Esa frase se la repite un montón de veces, la escribe cada vez que ella viene a su cabeza, mientras se pregunta siquiera en dónde estará. Sin duda las esperanzas de volver a Chicago se hacen cada vez más pequeñas, no podrá hacerlo sin pensar en ella, o eso cree.
____ Octubre 28, 2025. Boston, Massachussets.
No me sorprende que mi madre haya decidido que la mejor manera de recriminarme mi falta de comunicación con ella sea por medio de criticar mi ruptura. Me queda claro que todos amaron a Danielle, pero no era necesario que me restregara en el rostro que fui un novio patético. No le he contado la historia verdadera, por supuesto, no sé si su reacción sería correr a Bree de esta familia o incluirla en el testamento, ella siempre quiso que uno de nosotros se casara con ella. Aunque no creo que haya pensado jamás que ese alguien pudiera ser yo, claro, porque la imagen en sí misma es ridícula.
Heldge está en la ciudad y ha aprovechado para preguntar por todo el cotilleo de Vesper. Es el tema del momento, supongo que es inevitable. Su comentario despectivo que vino acompañado de un gesto de repulsión fue el que hizo contenerme de incluir en la conversación sobre nuestro limitado club de lectura. Debo admitir que no tendría una buena explicación que justifique por qué está siendo parcial. También me ha preguntado por Bree, y resulta que Tyler le ha contado la historia completa (¿Por qué me sorprende?) y él se profesa ser #TeamDanielle (Tampoco me sorprende que hayan hecho equipos). Admito que se me rompió un poco el corazón al explicarle que probablemente esto no tenga remedio. También admito que pasé la noche en mi vieja habitación con la pantalla en el contacto de ella abierto, a un clic de llamarla.
____
En el camino de regreso a Dover, cuando Jules para a rellenar el tanque, se sorprende a sí mismo pensando en Bree y en la bufanda azul que le ha regalado. Añora un poco saber en dónde la ha guardado, y se da cuenta, al tratar de imaginar su casa, que nunca ha estado allí dentro, y ella tampoco ha estado nunca en su apartamento. El podcast que viene escuchando a todo volumen, Modern Love del New York Times cuenta la historia de una pareja que se conoce en un club de lectura y casi por la milla 30 para llegar a Dover, Jules se ríe cuando su mente inquieta converge con una frase de Marius a Cosette en Los Miserables, dando justo en el clavo. Abre el móvil, SMS, y teclea con un ojo en la calle y otro en la pantalla: Hey. ¿Ajedrez? Mi dpto. 6 pm. Enviar.
Era domingo, el día libre de Bree en la universidad, no tenía esperanzas de nada. Pero su respuesta le marcó una sonrisa en el rostro que no pudo evitar en la intimidad. Cuando se dio cuenta de lo doble cara que se estaba comportando la quitó, como si tuviera algo que demostrarse a sí mismo, que no podía ser humano y payaso. Los pensamientos son la cárcel del alma. No había nada que fingir cuando se habla con uno mismo, porque lo que brotara era real, no había barreras ni escrúpulos, solo emociones que estaban allí, por más que uno intentara evadirlas. Comienza a comprender que se está viendo involucrado en la encrucijada de su vida, combatiendo entre el cariño y la justicia, pero ¿cómo evitarlo cuando estás desesperado por atención? Claro que Bree jamás ha sido sinónimo de bienestar en su vida, pero una vez más, el ápice de esperanza que albergaba su pecho se hace presente.
Aquella noche, sentados sobre el barandal en el quinto piso de un hotel escocés, le ha dicho muchas más cosas de las que pudiera haber imaginado que alguna vez compartiría con ella. Le ha limpiado las lágrimas, le ha confesado sus temores. Y él se ha quedado. Sorpresivamente ella también.
La buena noticia de tener comportamientos obsesivos compulsivos es que jamás encontrarás su apartamento en mal estado. De hecho, frecuentemente estaba tan pulcro que Morgan le preguntaba de dónde sacaba el tiempo para mantener todo en su lugar. La respuesta era insomnio mas ansiedad, pero se abstiene. No pasaron ni diez minutos antes de que llamaran a la puerta, y una vez más, Jules haya tenido que quitar la sonrisa de su rostro.
____
Noviembre 14, 2025. Dover, Massachusetts.
Hoy ha pasado algo.
Me estaba sirviendo un café en la sala de espera del hospital, cargando El Fantasma de Canterville en una mano, la edición especial que me traje de Boston. Pretendía obsequiárselo a Vesper, es el que encontré en el bazar con una dedicatoria a una tal Patricia. El punto es que mientras buscaba una tapa para el vaso, vi por primera vez que al fondo del pasillo hay una máquina de jugos, y me acordé de nuestra plática en el aeropuerto. Pensé: “Bueno, no hay mejor lugar para que tome jugo de manzana siendo alérgica, si está rodeada de doctores”, se lo dije cuando llegué al jardín (nuestra locación del día) y se lo di en la mano. Juro que vi sus ojos dilatarse. Además, cuando abrí las primeras páginas del libro de Oscar Wilde, fingí que no la vi llorar.
Siempre he pensado que los sentimientos son totalmente involuntarios. La cabeza jamás podría dictar al corazón. Cuando me subí al auto después de, por primera vez, despedirme con un apretón en la mano, no podía sacar de mi cabeza la imagen de Vesper así, tan vulnerable. Me pregunté si yo también me veía así la única vez en que mi madre me visitó, tan frágil, con los ojos acuosos, los dedos temblorosos, y la fe pendiente de un hilo. No puedo dejar a Vesper sola ahora, mucho menos después de esto. Todos cometemos errores… sí, unos más importantes que otros… pero si la redención no existiera, nadie podría caminar por la Tierra. Dice la Biblia que tire la primera piedra el que no haya pecado. No quiero decir que ella no merezca pagar por lo que hizo, pero tampoco significa que tenga que crucificar toda su vida, porque es valiosa, muy valiosa. Y a estas alturas, de forma egoísta, siento que quisiera seguir yendo a leerle todo el tiempo que pueda.
______
—Un café americano grande, caliente, muy cargado por favor. —¿Algo más? —Sí, un matcha en las rocas, grande, ¿y sabes qué? Dos croissants. Calientes, por favor. —Si gustas te lo llevo a la mesa. —Gracias. —Una sonrisa genuina atraviesa su rostro. Tenía un paquete en la parte de atrás del carro que si lo pensaba por un minuto más, se incendiaría. Cuando se acerca al booth donde lo esperaba Bree, a quien a visto cuatro veces en lo que va la semana, se tiene que forzar a sí mismo a quitar la expresión tonta de su rostro. Hoy era noviembre 16 y significaba algo más que un simple viernes: mañana cumpleaños de su compañera de ajedrez. —Hay algo que quiero darte. No sé que vas a hacer mañana, así que lo traje hoy. —El chico de la barra los interrumpe brevemente, trayendo la orden más rápido de lo que creyó, y tiene la impresión de que lo ha visto conectar miradas con ella, entonces aprieta los dientes. Una aguja se postra en su corazón. Cuando se aleja, Jules tiene que evadir el sentimiento carraspeando la garganta.
La conversación fluye durante dos horas, sin parar, sin respiros, una cosa tras otra. Ella se queja de un par de cosas sobre su jefe, él le platica sobre la arrogancia del representante del cantante al que le pidieron una entrevista la semana pasada. Y luego llega el tema de Otis, como es inevitable, como ya lo han hablado antes, pero ahora con un enfoque distinto. Bree también va a visitar a Vesper al hospital. No le pregunta si ella ha hablado sobre sus encuentros, no quiere saber su opinión. Pero Jules le platica a Bree que han tenido un día de fresas. —De fresas. —Le reafirma cuando ella vuelve a preguntar, creyendo que no ha escuchado bien. —Resulta que Vesper es alérgica a las manzanas y como yo soy alérgico a todo lo demás, pensé que podía llevar fresas para almorzar. He tenido que esconderlas en el abrigo, pero fue misión exitosa.
Cuando la lleva a su casa, pregunta si puede pasar, queriendo satisfacer la curiosidad sobre cuál es su hábitat natural. Cuando pone un pie dentro no puede evitar reírse: era todo lo contrario a lo que se hubiese imaginado, pensando que tal vez era un lugar con menos alma, y le sorprende encontrarse con rincones tan peculiares. Siente que puede compararlo como si una hada anciana viviera allí. Cuando externa su opinión se ríe de una forma en que no se había permitido hacerlo en mucho tiempo ya, y lo que se suponía que iba a ser una risa moderada termina siendo un ataque. Y luego ella se le unió. La última vez en que la escuchó reírse de esa manera fue seguramente en su infancia. Cuando eran niños, Bree era un demonio, pero era más risueña. Es un sonido muy particular, nasal, seguramente le avergonzaba. Hoy, escucharla hizo que sanara algo que no sabía que estaba roto. Seguro los vecinos le habrán mandado mensajes porque a las nueve de la noche se abrió una botella de vino, a las diez sonaba a un volumen más alto de lo normal el intro de Twilight, y a las once no podían parar de criticar a Jacob casi gritándole a la pantalla. Cuando se despidió, bajó del auto el regalo de cumpleaños. No quiso comprometerla a que le gustara, y por eso mismo no lo envolvió, solo lo dejó en la caja en la que lo recibió: plana pero grande. —Prométeme que lo vas a abrir mañana mejor, después de que despiertes. En la caja había una funda para su raqueta de tenis, color perlado, marca Saucony, con su nombre bordado en dorado en uno de los extremos. La había mandado a una tienda especializada de tenistas, Jules no sabía mucho sobre eso, pero creyó que sería especial que tuviera una digna de un buen jugador. Tyler le había ayudado a elegirlo, y se había abstenido de hacer preguntas incómodas, aunque seguramente no había nada que Bree no le haya contado antes, de seguro estaba al tanto de su reciente acercamiento. Le da unas palmadas al paquete antes de ver la hora: casi la una de la mañana. Dudó un poco, pero se acercó y le dio un abrazo. Se sintió un poco fuera de sí, solo como pudieras sentirte la primera vez que te acercas lo suficiente a una persona para descubrir el olor de su cuello. —Feliz cumpleaños. Al llegar a su casa, tocó las sábanas y cayó rendido sin tener que tomar una sola píldora. ______ Diciembre 2, 2025. Chicago, Illinois.
Se acaba de ir la última carga de la mudanza y me he quedado solo, tirado en el piso de mi viejo apartamento escribiendo esta humilde carta de amor a lo que mi vida fue y ya no es.
Aquí mi vida fue esplendorosa. Me levanté de las cenizas, cree una empresa, me enfrenté a mis miedos y triunfé. Todo después de haber pasado por los años más tormentosos que un joven universitario pudiera haber atravesado. En este cuarto Morgan y yo pasamos horas de risas, de estrés y de derrotas en Mario Kart a las cuatro de la mañana con un whisky de gama media y un porro mal hecho. También en este cuarto pasé las cosas más increíbles con mi primera y mi segunda novia. Hace dos días me ha llegado por correo la invitación de Faith para su baby shower, y me he emocionado. Quien diría que quien me iba a hacer feliz una noticia como esa algún día. Supongo que verdaderamente el tiempo pasa y las heridas sanan. No le deseo particularmente un bebé fuera del matrimonio, no por satanizarlo sino por ver un futuro óptimo, pero tal vez un día pueda alegrarme de la misma manera por Dani. Quizá puedo intentar volver a entablar una conversación civilizada con ella y ese sería el primer paso. Al final extraño platicar con ella, siempre tenía algo que decir de cualquier cosa, es experta en entretener, y yo lo que más deseaba era escuchar.
Todo lo que pasó en Chicago será un capítulo que del que tengo que desatarme. El departamento de Dover ahora ha cambiado por una casa sobre Paladin St. y tener mucho más espacio para guardar mis libros me ha hecho feliz, y me ha recordado al librero improvisado de Malena y Peter. Quizá ahora puedo construir un hogar como al que han aspirado ellos, cerca de casa, cerca de mis amigos. Sé que los tormentos no se han acabado. El Círculo se va a cobrar el resto de los demonios que guarda tarde o temprano. La gente que tenga que pagar, va a pagar. No estoy seguro de estar listo pero sé que nadie más de los que estamos envueltos en esto lo está ni lo estará. Mi único deseo es mantener a salvo a la gente que está a mi alrededor, aunque eso a veces se vuelva imposible, como cuidar de Vesper, por ejemplo. No es mi responsabilidad mantener a la gente a salvo sin embargo está allí, latente. A la mierda lo que Las Moiras tengan que decir sobre todos, ya no se trata de chismes, se trata de realidades. El siguiente golpe que venga deberá ser lo suficientemente pesado como para derrumbarnos después de lo que sucedió hace dos meses. Yo pienso que ya no será tan fácil. Aunque claro, esta gente siempre tiene formas de demostrarme lo contrario.
( @plandry ) ( 029 ). una fiesta de ex-estudiantes en una casa mal iluminada, donde reconocerte fue como respirar por fin.
Reencontrarse con Peter sin duda ha sido el highlight de su noche. Para empezar, Jules ni siquiera quería estar ahí y había sido vilmente arrastrado por su hermano. Divisar con su viejo amigo fue un salvavidas. Escucharlo hablar sobre las buenas nuevas de su historia es reconfortante. Ha pasado tiempo desde que los dos se ponían al día. “ Luego que tengas oportunidad, te invito a quedarte en mi apartamento en Chicago. Vivo justo a dos cuadras del downtown, en un edificio fabuloso. Te mentiría si te dijera que no vivo feliz allí. ” Alza los hombros. “ Mucho más feliz que cuando vivía en el campus, sabes. ” Cruza los brazos. “ ¿Te haz encontrado a alguien más últimamente? Siento que hace siglos no veo a la gente de Pomona. Aunque me entero de muchas cosas. ” No sabe cómo pero los chismes de los demás siempre terminan pasando por sus oídos.
( @dolorcs ) ( 029 ). una fiesta de ex-estudiantes en una casa mal iluminada, donde reconocerte fue como respirar por fin.
“ Wow. No creí que me fueras a reconocer, la verdad. ” De hecho no sabía que ella siquiera supiera quien es él. Al principio podría malinterpretarse como si fuera indiferente al hecho, pero en realidad, le agrada. Le encantaría escuchar que ha sido de ella. Por lo tanto, tratando de no ser directamente entrometido, quiere romper el hielo: “ ¿Quieres algo de tomar? ”
( @faewlers ) ( 035 ). el estacionamiento vacío frente al estadio, la radio sonando bajo un cielo sin estrellas.
“ Boo. ” Le susurra casi al oído por detrás. Espera a que ella se de la vuelta para decirle: “ Juro que no te estoy siguiendo. ” Se inclina para darle un abrazo, cálido a pesar del frío de Dover en invierno, el que solo un buen amigo puede llenar. Reencontrarse con los viejos amigos siempre es grato, y Fae siempre tiene un espacio en su corazón (y en sus mensajes, donde mantienen la mayoría de su relación en tiempos modernos). “ No sabes el gusto que me da verte. ” Es sincero. Siente que han pasado décadas.
( @sevreias ) ( 001 ). un vagón vacío del metro en la línea F, justo antes del amanecer.
“ Ja, ja. Estás loca si crees que te voy a dejar sola a esta hora en el metro. ” Sonríe un poco. En la madrugada se habían reencontrado en un pub de Manhattan y entre los tragos y la música habían brotado interesantes conversaciones y había abarcado gran parte de la noche de Jules. Siempre le es grato volver a ver a las personas a las que las tiene en buen concepto, Sereia no es la excepción. Les ganaron las horas y terminaron allí, solos. “ Te voy a acompañar hasta la puerta de donde te estés quedando —sin chistar. ”
( @zacvarias ) ( 005 ). el puente de Manhattan, los pasos compartidos aunque la ciudad se extienda entre los dos.
“ Si tu lo dices. ” Se despega y camina unos pasos más, esperando que contrario lo siga. Por la noche, la vista desde el puente era magnífica. Los ojos de Jules no se despegan de ella cuando musita: “ —¿Crees que haya algo abierto para comer a esta hora por aquí? Me estoy muriendo de hambre. ”
( @jesaiahs ) ( 001 ). un vagón vacío del metro en la línea F, justo antes del amanecer.
“ Lo más curioso de viajar tan temprano ” O tan tarde “ son las sorpresas que da la vida, como encontrarte a alguien de Pomona en el metro en Nueva York. ” Sonríe. “ Cuéntame que ha sido de ti después de tantos años. ” Y se acomoda para escuchar atento. La resaca de las bebidas de la madrugada comienza a llegar y piensa en si ya se acerca la hora de que abra alguna cafetería, se conformaría incluso con un Starbucks.
( @carmivne ) ( 008 ). el pasillo largo y silencioso del metro en Times Square, los hombros rozándose sin querer.
Con la mirada en el piso, Jules avanza rápido. El metro en Times Square se veía algo parecido a sus pesadillas, y realmente no tenía porqué someterse a eso, pero ¿cómo más iba a concederse la experiencia completa de un turista neoyorkino? su hermano Tyler, al que venía a visitar, tendría todo el día ocupado y él no quiso ser un estorbo en casa, así que por lo menos podría ocupar el día sentándose en el parque a escribir y garabatear. Enseguida suyo alguien camina a su misma velocidad, justo al lado suyo. Levanta la mirada de reojo y luego la baja. Pero al procesar lo que vio vuelve a levantarla con una ceja arqueada, reconociendo el rostro del contrario.
( @malevna ) ( 003 ). una azotea en Brooklyn, rodeados de luces y una reunión de fondo.
Desde un treintavo piso todo podía verse lindo. Las luces de la ciudad, la vista ambiente de la velada, podrían combinar con cualquier cosa, lucir en cualquier escenario. No había que tirar la casa por la ventana cuando se tiene una locación así. Todo eso es lo que piensa recargado en el barandal de ladrillo, apartado de la reunión, con un vaso de whiskey en la mano. Era su sexto trago, si mal no recuerda, y aunque ha aliviado algo de su ansiedad social, un momento a solas siempre es atractivo. Cuando voltea para ver a la gente reunida a unos metros, puede observar una silueta llamativa. “ Magdalena Almaguer. ” Le reconoce. “ O debo decir, Buchanan. ” Claro que la boda no pasaría desapercibida a los ojos de nadie, mucho menos de Jules, que siempre peca de saber todos los cotilleos ajenos. Le da un verdadero sentido de alegría encontrarla. “ ¿Acabas de llegar? No te había visto. ¿Cómo has estado? ” Se siente más parloteador de lo usual.
( @breecxx ) ( 018 ). una antigua casa en Cambridge convertida en librería, donde ambos alcanzamos el mismo libro.
El olor de la casa era inigualable: una mezcla de leña combinada con palo santo y olor a guardado. Cuando toma un libro la hojearlo, otro aroma le inunda, uno a libro nuevo, y eso apretuja su corazón. Regresar a Boston muchas veces podía ser agotador, su madre siempre le ponía mil y un tareas para hacer (muchas sociales, lo cual resultaba un reto para él) y cuando coincidía con sus hermanos Tyler o Heldge, se volvía una total marioneta. Por eso volver a la vieja librería sobre la Main St. significaba un abrazo sin palabras, de él para él. En un brazo sostenía los que se convertirían en su lectura de la semana entrante (ya es viernes, y se ha puesto de meta acabar su libro actual justamente para el domingo, leyendo por primera vez El jugador, de Dostoyevski) y con la otra iba tocando el lomo de nuevas posibilidades que descansaban en el librero. Encuentra algo que llama la atención: Una edición especial de Cumbres Borrascosas de tapa dura y portada ilustrada, reconoce la versión con tan solo ver las amapolas rojas del libro rosado, coleccionista de clásicos, recién recolectando Emily Brontë. Cuando sus dedos lo deslizan fuera del librero, un espacio se hace para ver al otro lado y se encuentra con unos ojos marrones que reconocería a kilómetros de distancia. Alza las cejas con sorpresa, y se tarda un momento, pero cuando cruzan miradas exclama: “ Hey. ” Y reflejando un poco de lo que hay en su mente (paz) levanta las comisuras de sus labios. “ Estás en Boston. ” Dice sorprendido. Se da cuenta de que solo destapa lo obvio y acompleta con un simple “ No esperaba verte. ”