Me acorde de aquella tarde, cuando la oscuridad absorbía el sol. Mis pasos resonaban en mi mente pero en los de ellos no, subía la escalera imaginando en cada peldaño que me detendrían, más la acción quedó en imaginación. Al momento de llegar a mi cuarto, trague mis penas y permití soltarlas cuando mi fría cama me hiciera suya, aquel objeto nunca pudo soportar mis llantos, así que por esa razón me dolía, dolía tanto que me arrodille encima de ella con la esperanza de ser perdonada, no contaba con que sus risas serían tan fuerte, quizás las paredes no signifiquen nada cuando el ruido se proclama dueño, estaba tan atormentada con aquella felicidad deseada que con la mínima ilusión de no escucharlos, grite a más no poder sobre mi almohada, siendo mis lágrimas su desastrosa acompañante y la ignorancia el motivo de ello.
















