no dice más nada acerca de su supuesta musa, pues no hay mucho para añadir. ésta llega cuando quiere, más de una vez desvelándola toda la noche, y cuando la necesita para algo en específico se va. utiliza el dorso de su mano para limpiar nariz de cualquier posible rastro que vaya a delatarla cuando salgan de allí, si es que salen pronto, y enarca una ceja cuando vuelve a mirarlo. ‘no te tenía por un fan de madonna. me gusta hung up, pero prefiero la original’ la de abba, aunque ahora le dieron ganas de oírla. ojalá allí hubiera música, pero supone que no va con la temática de la fiesta. viste desciende a camisa de volados y dígitos acarician puntas de su cabello, observándose en el espejo tan solo un segundo. no dice nada porque se siente como un cumplido y esos siempre la hacen sentir extraña. opta por recargarse en el lavabo, justo a su lado. ‘¿qué más te gusta? no soy una metalera termo. pruébame’ es más un desafío para ella que para él, pero sabe una cosa o dos sobre otros estilos. ‘no sé, eh. creo que me gustaría que nunca se sepa qué pasó conmigo, aunque tampoco me extrañaría tanta gente. no hice nada significativo todavía’
No es que sea fan, porque no se siente exactamente parte de eso, pero sí le gusta mucho ese disco. —Hay una canción que se llama I Love New York—en ese álbum, se refiere. Como está tanto inhibido como desinhibido, mueve la cabeza y da una rendición rítmica: —, Paris and London, baby you can keep... —baby you can keep, baby you can keep, baby you can keep, baby you can keep... Así durante varios, varios segundos. Le encanta esa canción, le parece como si estuviera grabada adentro de la boca del subte de Times Square. —Abba también está bueno, aunque me interesan más la historia detrás de la música. —Da a saber. —Me pasa también con Rumours de Fleetwood Mac. Digo, es bueno—no es su estilo, pero es Stevie Nicks, ¿no? Lo dijo Jimmi Hendrix en un momento: ”ella es bruja”, en esa época en la que la banda teloneaba al guitarrista. Allen, en este momento, lo cree absolutamente. Casi se siente nervioso de mencionarla tan a la ligera. —, pero la realidad de lo que pasaba en las canciones le da el chispazo. —Así, al menos, le parece a Keith Allen. Ante lo siguiente, Keith se ríe. A él le gusta Danzig, pero el primer disco solista, y Reign in Blood de Slayer, y se pregunta si él será un metalero. No sabe si a los metaleros les gustará Frank Zappa tanto como le gusta a Allen, eso sí está seguro: de él es fan. — ¿Del pop? —Se le desencaja la mandíbula en lo que reflexiona porque no toma voluntad en reprimirlo pues está concentrado en otra cosa. —Britney, claro. En la época de Blackout. Destiny’s Child en la época de, uh, Charlie’s Angels. —Asiente con la cabeza entonces. —Me gustaba el pop —comillas—de los noventas, como PJ Harvey y Alanis... ¿Ironic? —Resopla por la nariz. —Un clásico. —A lo otro, suspira. — ¿Qué es significativo? Podríamos perder toda nuestra historia en un meteorito que nos destruya—comienza a irrigar uno de sus miedos: los meteoritos. Por supuesto que cada clickbait que habla de una amenaza espacial de ese talante es un clickbait que, efectivamente, se clickea. Lo asusta tanto como un ataque. —y ahí no habría significado, porque nunca nadie más podría apreciar nada. —Tan fatalista, lo que quiere decir es que no se preocupe, aunque ahora que lo dice, se le ocurre que no fue la mejor manera. Se le ocurre: —Digo... —Se ríe. —No es necesario serle útil a la vida. —Y frunce el ceño... ¿eso fue mejor?