—Me casé y tengo cuatro hijos. Todos van a la escuela de inferiores del Real Madrid. —Y el rostro de absoluta seriedad de Dani pareciera adjudicarle verdad al enunciado. Indefectiblemente, hace un gesto con la mano, alegando actuación: nunca se casó. Tampoco tiene planes. Y tantos hijos... ni de chiste. —Tengo dos nenes. —Explica entonces. El primero, Mateo. La segunda, Alba. —Al primero lo adoptó Isadora conmigo. —En su momento, fue más como un favor que le hizo, más fácil adoptar en pareja, más fácil ser aceptado por lo mismo; más fácil que eso fue encariñarse, sin embargo, y en las fotografías de cada campeonato turco de fútbol en el que participó, aparece el niño sosteniendo los trofeos de Daniel. —Y la segunda nació hace dos años, pero tiene otra madre. —Un embrollo dramático, por supuesto, en su momento. Covarrubias no tiene excusas, pero nunca sintió que debiera explicarse del todo. Jamás se llegó a una concreta relación de pareja, de esas cuyos cimientos son sólidos y estables. —Jugué en el Galatasaray. —Que no espera que lo conozca, pero que igual le parece necesario decirlo. —Me retiré el año pasado. ¿Tú? ¿Seguiste con tu bloqueo artístico o ya eres un pintor consagrado?