Con el tiempo aprendes que...
Lo que se va no regresa, que el querer no siempre es poder. Aprendes que las personas son como estrellas fugaces y que pasan por tu vida dejando una estela de melancolía difusa. Ves que las promesas no siempre se cumplen; y que los sentimientos son tan cambiables como el color del cielo a lo largo del día. Que la verdad no es lo único que aflora de los labios de las personas y no siempre te responderán con sinceridad. Te enseñan que no siempre puedes tener lo que deseas, aunque mueras de dolor al no tenerlas. Que poco le importa a nadie cuán destrozado este tu corazón o cuán amargas sean las despedidas, pues estas siempre van a llegar. A base de golpes comprendes que nadie, absolutamente nadie, se quedara para siempre contigo, ya que encontrarán una buena razón para dejarte en el punto de partida. Te acostumbras a no decir ningún “Hola” a nadie por miedo al “Adiós” al que conduce de manera inevitable. Da igual cuantas veces digas “Hasta aquí”, porque en el momento en el que ames, el “aquí” se alargará un poco mas con cada decepción. Que la piedra en la que tropezaste y te abriste la cabeza será causa de otras tantas caídas y que, como en la primera, vas a verte obligado a levantarte. Entiendes con los años, que el amor no lo puede todo, que no es una garantía. Que nadie va a quererte solo porque tú quieras a ese alguien. Que cada ser es libre, y que no puedes detenerlos aunque te aferres a hacerlo. Al final, acabas por aceptar que la única manera de sobrevivir con el corazón intacto es impedir que los demás descubran que tienes uno, guardado bajo llave...
- KV





















