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@kennrest
constnzc:
asintió ante palabras ajenas, creyendo recordar algún momento en el que había tenido la oportunidad de constatar tal información en libros o artículos ❛ dame un segundo ❜ pidió, poniendo la mente a funcionar para tratar de recordar el título de tal obra y buscándola en internet. hallándola al fin, le mostró la pantalla ❛ me refería a la única chica que no está cubierta por el paño, ¿ves el parecido? ❜
Hizo caso a la petición de la otra fémina y esperó mientras buscaba aquella pintura. Cuando esta la avisó, tuvo que acercarse bastante para poder ver con claridad la pintura. Repasó todas las figuras dibujadas y se centró en la que la rubia le había indicado. Se llevó una gran sorpresa al comprobar que, en efecto, tenía algo de parecido. –Vaya, hasta ahora no te había creído. Pero sí, tiene algo de parecido –admitió por fin. –Una vez leí que en el mundo existen personas muy parecidas a nosotros. Quizás en la antigüedad también hubieron personas que se parecían –habló. –Ese pintor debió de haberse inspirado en alguien que se pareciera a mí –se encogió de hombros, tampoco muy convencida por sus palabras. Pero debía admitir que el parecido era sorprendentemente similar.
Tomó la bolsa de frituras que había comprado para él con sus alargados dedos y abrió el paquete, se llevó una a la boca mientras escuchaba atentamente las palabras provenientes de la morena. —No tienes nada que agradecer. —Musitó, se encogió de hombros y esbozó una sonrisa. —Eso es bueno, te ayuda a mantener tu físico espectacular. —Admitió. Su acompañante era portadora de un atractivo envidiable y evidentemente, no podía negarlo. Metió nuevamente su mano en la bolsa de frituras, esta vez sacó una cantidad considerable de estas, y se las llevó a los labios. —¡Wow! Es bastante impresionante, la verdad es que no había escuchado un nombre tan original en los últimos meses. —Comentó, percatandose de que los cumplidos que brotaban de sus palabras iban en aumento. —No, no, no debes preocuparte de nada. —Mintió. Antes de irse a aquel viaje de negocios, su personalidad radicaba en ser un hombre al que el sexo femenino le atraía en demasía y por ende, se llevaba a la cama a cualquier mujer que le pasará por enfrente y claro, que fuese de su gusto. —No hay ningún secreto. —Frunció el ceño, dejó la bolsa de frituras sobre el mostrador y abrió la soda para darle un largo sorbo. —Aunque…debo confesarte que me resultas jodidamente atractiva. —Confesó, estaba acostumbrado a ejecutar sus acciones sin pensar en las consecuencias.
Le dedicó una pequeña sonrisa. –Sí. Sí que lo es. Es una gran ventaja –admitió. Nunca había tenido que preocuparse mucho por las cantidades de comida que ingería. Su organismo siempre se encargaba de hacerlo todo llevadero. Como ella, muchas personas poseían eso a lo que ella consideraba una ventaja. –Entonces me alegro de que haya sido el mío el afortunado –otra sonrisa. Podría decir que no había sonreído tanto en las últimas horas como en aquella conversación con el masculino. Era agradable y eso hacía que las sonrisas borraran más a menudo. –Supongo que debo de darles créditos a mis padres –esta vez, la respectiva sonrisa desapareció lentamente de sus labios, evaporándose casi por completo. Nunca solía hablar de ellos, más que nada porque eso le traía recuerdos, a pesar de no haberlos conocido lo suficiente. –Si es así, te creo –dijo, posando sus orbes en los contrarios, quizás tratando de identificar alguna señal de que mentía, mas no le pareció encontrar ninguna. Empezó a quitarle el envoltorio de plástico a su bocadillo, antes de olvidar que aún lo sujetaba entre sus manos. Le dio el primer bocado, y esperó unos segundos para ingerirlo y seguir hablando. –Mejor prevenir que curar, supongo –soltó encogiéndose levemente de hombros. A continuación, una risa logró escapar de sus rosados labios. No era de burla ni nada parecido. Sino más bien estaba bañada en cierto agradecimiento y sorpresa por las palabras ajenas. –Vaya, eso sí que no me lo esperaba. Pero gracias –respondió con tintes de risa. –Yo debo confesarte que no he oído esos cumplidos muchas veces –aseguró. –Y que tú tampoco estás mal –levantó una de sus comisuras en una especie de sonrisa, devolviéndole el cumplido, que, para su sorpresa, se atrevió a decir. Además que era totalmente cierto y no podía negarlo. –¿Tienes clase ahora? –preguntó con curiosidad, queriendo indagar más en la vida de su interlocutor.
¿Por qué estás tan guapa?
¿Y tú por qué eres tan encantador?
HH: Si tuvieras la oportunidad de acostarte con alguien dela Universidad, ¿quién sería y por qué?
Se me hace realmente difícil pensar en ello. Hasta el momento no creo haber conocido a alguien lo suficiente como para pensar siquiera en eso. Aunque, si tengo que dar un nombre, diré que Emerick. Me parece que es la persona con la que más conversación he entablado y, si me lo preguntas, se me hace entretenido y cómodo hablar con él.
—Así es. —Se limitó a decir y asintió un par de veces con la cabeza. —Ya regresó. —Caminó en dirección a los pasillos de la universidad hasta toparse con las máquinas expendedoras, metió los pocos centavos que habían quedado abandonados en sus bolsillos hace un par de semanas y oprimió los respectivos botones para que sus productos salieran. Una vez que los obtuvó, se dispuso a regresar a la cafetería. Entró y se percató de que la castaña aún permanecía allí, lo cual le resultaba un tanto irónico, ya que la mayoría de las chicas que lo conocían y estaban conscientes de su fama huían de él, puesto que sabían que era un hombre de una sola noche. Se acercó hasta donde estaba la joven y extendió la mano para darle los bocadillos que había conseguido para ella. —Toma, te he traído unas frituras y una soda, espero que no seas de aquellas mujeres a las que les encanta ser prisioneras de diversas dietas. —Bromeó, humedeció sus labios y colocó las demás cosas sobre el mostrador. —¿En qué estábamos? ¡Ah si!, la presentación…un gusto, Kenna. Por cierto, tu nombre es bonito, ¿de dónde proviene? —Preguntó dejando que la curiosidad se apoderara de su persona y esbozó una sonrisa. —Yo soy Emerick Van Wonderen y en cierta forma, me alegra que no conozcas aún.
Asintió ante las palabras contrarias. A juzgar por la distancia que separaba la cafetería de la máquina expendedora más cercana, supuso que tardaría algunos minutos en ir y volver. Durante su espera, se sentó en la barra, muy cerca del mostrador. No sin antes asegurarse de que ningún objeto estorbase. Prefería esperar sentada allí encima, algo que curiosamente le resultaba más cómodo. A pesar de que su compañera se había ido hacía un tiempo razonable, aún le quedarían largos minutos dentro del edificio principal. Ojeó aquella revista que, para su suerte, era de alta costura. Al escuchar la voz del masculino volvió a dejarla en su sitio, y cuidadosamente bajó hasta volver a tocar el suelo. –Muchas gracias –dibujó una sonrisa de dientes blancos mientras cogía lo que el chico le había traído. –Te acabas de convertir en mi salvador. Yo no habría podido ir a comer hasta dentro de una hora por lo menos –un pequeño encogimiento de hombros. –Qué va. Por suerte mi metabolismo me hace tener siempre la misma figura –rió suavemente después del comentario ajeno. Aquello era cierto. Siempre había mantenido su esbelta figura. –Es escocés. Significa nacido del fuego y bello. Lo recuerdo porque lo busqué en Google hace poco. Además, parte de mi familia es escocesa –explicó, sin apartar los ojos de los contrarios, los cuales parecían el mismo océano. –Entonces es un placer, Emerick –asintió. –¿Por qué? ¿Hay algo de lo que deba preocuparme? –inquirió, cruzando los brazos sobre su pecho y elevando una ceja con cierta diversión. –¿O es que quieres ocultarme algún secreto oscuro? –prosiguió con los interrogantes, dejando de lado ese tono neutro que a veces adquiría para cambiarlo por uno divertido, realmente intrigada por aquello.
asintió momentáneamente a la que le resultaba la cuestión más obvia del asunto, pero a pesar de todo era consciente de que el don de las palabras había sido regalado a su hermana mayor. ❛ lo sé, por eso dije que era uno muy similar, con unas características muy parecidas pero no exacto ❜ entonó, dándole un nuevo bocado a la manzana que traía consigo. ❛ ¿no te parece curioso que existieran personas parecidas a nosotros hace siglos? ❜
Su expresión se mantuvo neutra, aún sin creer que la rubia hubiera encontrado una pintura en la cual el rostro retratado se pareciera a ella. –Sí. Sí que lo es. Me parece que vi algunos casos en una revista. Pero no me acuerdo bien –respondió. Probablemente ni si quiera fuera en una revista, sino por internet. –¿Dónde lo viste? –esta vez volvió a dirigir la atención a la pintura antes mencionada, curiosa por la situación que planteaba la otra chica.
—Pues, yo no esperaba que un perro apareciera de la nada ¿vale?—. Bufó negando con la cabeza. Ahora iría a ver si compraba una hamburguesa o se preparaba una ensalada.
–Pues entonces tendrías que haber comprobado mejor el terreno –se encogió de hombros y frunció los labios, como si hubiese tenido la culpa de que el perro devorase su comida.
—Creo que un producto de las máquinas expendedoras es mejor que nada. —Admitió y se encogió de hombros. Posteriormente, se quedó pensativo durante algunos minutos, no deseaba andar hasta el restaurante más cercano, en primera porque la pereza era su mejor aliada y en segunda, porque estaba disfrutando de la compañía. Hurtó en sus bolsillos y logró sacar algunos centavos. —Iré por un bocadillo y algo de beber a la máquina, pero regresó en un par de minutos. ¿Quieres que te traiga algo? —Emerick Van Wonderen no se caracterizaba por ser un hombre caballeroso, no obstante, solía serlo cuando una persona llamaba su atención. —De acuerdo, entonces estaré contigo en lo que la encargada del lugar regresa. ¿Eres nueva en el campus?, no te había visto antes. —La cuestionó, debido a que no lograba recordar a aquella joven. Sin embargo, suponía que se debía a su constantes distracciones.
–Buena elección. Por lo menos obtendrás un servicio eficaz y rápido –las últimas máquinas que se habían instalado en los pasillos de la universidad incluían el lujo de una comida caliente al momento. Se suponía que las de antes también incluían esa función, pero no fue capaz de averiguar por qué no la cumplían. –Te esperaré aquí. Lo bueno es que no tendrás que apartarte después, puesto que esto está demasiado vacío que de costumbre –señaló con la mano abierta el sitio que ocupaba el omega. En parte agradecía que no hubiese nadie más que el chico. Aunque fuera raro. Debía ser el horario, pensó. –Oh, pues si me trajeras otro bocadillo te lo agradecería eternamente. No he comido y por eso me muero de hambre –le dedicó una sonrisa inconsciente ante el gesto. –Te dejo elegir –alzó un poco la voz mientras se acercaba al fregadero más próximo para depositar la taza. –Muchas gracias. Es todo un detalle –otra sonrisa se extendió por las comisuras femeninas, mientras dejaba descansar la cabeza entre sus manos y fijaba la mirada en el contrario. –No, llevo un par de años aquí. Supongo que no soy muy popular –se encogió de hombros. –Yo tampoco te había visto antes –confesó. –Por cierto, soy Kenna –se presentó.
—¡Maldición! —Exclamó tras escuchar las palabras que provenían de la contraria. —Me estoy muriendo de hambre, ¿no sabes de algún otro lugar en el que pueda obtener comida al instante? —Emerick era una persona sumamente impaciente, le gustaba tener las cosas en el momento preciso y no andarse con rodeos, podía ser un tanto descuidado pero, en la mayoría de las veces, respetaba sus horarios. —Aunque… —Hizo una pausa y sacudió su cabello, una idea estúpida se estaba originando dentro de su cabeza. —No me molestaría mucho esperar si tú te quedas aquí, ya sabes, para platicar y demás. —Debido al trabajo, no había pasado tiempo significativo al lado de una fémina y suponía que era la oportunidad perfecta para comenzar a hacerlo.
Meditó su respuesta durante unos segundos antes de dar una definitiva al chico. –Podría recomendarte las máquinas expendedoras. Aunque la comida de ahí no es ni la mitad de buena que la de la cafetería –respondió. –Y si quieres algo parecido a esto, tú única solución es andar diez minutos hasta el restaurante más cercano –finalizó. La castaña no solía tener demasiado tiempo para alejarse de la universidad y comer fuera. Siempre acudía a aquella cafetería, donde su compañera ya tenía memorizado su menú habitual. –Lo haré –aseguró, dándole un sorbo al chocolate caliente. Volvió a dejarlo a un lado y se apoyó en la barra para seguir la conversación. –De todos modos tengo que quedarme aquí. Y, para ser sincera, no me vendrá mal algo de compañía –a pesar de que solía ser reservada, la espera y el aburrimiento la estaban consumiendo por momentos.
Bajó las escaleras de su habitación y se escabulló en la cocina con la esperanza de encontrar un poco de comida en el refrigerador, sin embargo, estaba vació, al parecer alguno de sus compañeros había olvidado ir al supermercado. Bufando salió de Omega y se dirigió a la cafetería. Finalmente, se acercó a la barra de comida y aclaró su garganta para comenzar a hablar. —Quiero un poco de carne asada y tocino a un lado. Ah, y omite las verduras, por favor. —Le ordenó a la encargada del lugar.
Una de sus compañeras le había suplicado que se quedara durante unos minutos a cargo del mostrador, ya que había tenido que ir a buscar unos papeles urgentes. La castaña aceptó, mas viendo lo vacío que se encontraba ese día, no esperaba tener que atender a nadie durante la ausencia de la otra chica. Dejó la taza de chocolate a un lado y se inclinó un poco por encima de la barra. –Lo siento, pero la cocina está cerrada en estos momentos. La encargada no tardará en llegar. Así que puedes esperarla –anunció. Antes de irse, le había dado la orden estricta de comunicar que la cocina estaba cerrada.
eres demasiado bella, ¿quien te interesa? :(
Muchas gracias, anónimo. Es algo difícil dar una respuesta, porque no creo que aún me interese alguien en el sentido romántico. Lo que sí podría decirte es que me han llamado la atención varias personas, y supongo que son: Jude, Corbin y Alfie.
—Uh, esas eran mis papas—. Comentó cuando al volver el rostro se dio cuenta de que un perro estaba acabando con su comida.
–Creo que no ha sido muy prudente dejarlas en esa parte del campus –observó, mientras con la mirada recorría la escena. El perro salido de la nada demoraba casi con violencia la comida.