chichincol:
disparos, piensa, cuando apoya su espalda en una de las paredes de vuelta dentro de todo el desastre y se está aferrando a vara metálica entre sus dedos diestros. el “tori… elias…” saliendo de sus labios, enredándose con el resto de los nombres de sus compañeros de equipo. y se odia, porque no concibe que los disparos le sigan desencadenando ataques de pánico. como ahora, que su respiración es pesada y el corazón está en sus oídos. cuando siente que alguien está a su lado (¿será que estuvo ahí desde el principio?), su reflejo es levantar el elemento sobre su propio rostro, movimiento que detiene cuando no percibe el peligro. “yo —- lo siento, lo siento” dice rápido, agitado, y el aire trabándose en sus pulmones. no lo ve, pero su pecho suba y baja peligrosamente. “tú —- ¿puedes quedarte un momento?” un minuto, piensa, será suficiente para regularse. espera.
la diestra cubre su brazo izquierdo, tratando de frenar la sangre que ha provocado el roce de aquella bala. ha tenido suerte, lo sabe. entre quejidos se mueve y observa a su alrededor. buscando algún rostro conocido, porque sabe bien que no estará en paz hasta no asegurarse de que todxs las personas importantes para él se encuentre bien. camina, porque no puede gastar la energía que no siente tener al estar corriendo en todo momento. si acerca es para preguntar si se encuentra bien, si se ha cruzado con alguien en el camino, pero la respuesta del odri lo toma por sorpresa. ‘ ¿estás bien? ’ le observa, de arriba a abajo, asintiendo ligeramente y ocultando una mueca de dolor lo mejor que puede. ‘ ¿estás buscando a alguien? ’















