Este año que acaba
Se siente como una fuerte sacudida... De pronto volteas y todo es un campo de batalla, una casa en ruinas, una habitación en llamas, una estancia inundada. Todo pasó tan rápido que fue difícil frenarlo, entenderlo e incluso razonarlo, muchas veces pareció hasta absurdo.
Después del terremoto viene la calma, todo queda un poco dañado y destruido, pero al fin de cuentas es una imagen un tanto gratificante, en donde la destrucción te da esperanza, el fuego te invita a reconstruir, las ruinas te inspiran a crear de nuevo y la inundación te limpia hasta el alma. Ha sido muy difícil distinguir de dónde ha venido toda la sacudida, y cuesta creer que ya haya terminado, o que ya está por terminar... Al final no importa de dónde haya venido esta explosión similar a la de un volcán, porque lo que realmente importa es qué aprendí, cómo me cambió, qué agradezco, con qué me quedo y qué dejo ir.
Este año que termina, desde el principio se veía como caminar por el sendero que te lleva a un lugar oscuro, ese sendero que no estás para nada seguro de pisar, pero que sin embargo, es el único camino que te llevará del otro lado del bosque, a lo que parece un lugar mucho mejor al que te encuentras ahorita, y ya estoy viendo la luz del otro lado ¡Por fin!
Aprendí tanto que creo que definitivamente, por más que todos nos quejemos de que el 2016 fue un año espantoso, fue un año de los mejores, porque definitivamente nos está haciendo mejores personas, o por lo menos nos está intentando dar lecciones para que podamos brillar más el año que entra, y así comenzar a transformarnos en eso que siempre hemos querido ser, comenzar a acercarnos a nuestro 10.
Este año que se va me cambió mucho, me hizo valorar mucho lo que tuve, lo que tengo y lo que soy, me empujó a comenzar a hacerme responsable de mis errores y a aceptar mis culpas con honestidad, a soltar y a respetar las decisiones de los demás -por más difícil que esté siendo-, a anhelar y luchar, pero a extrañar y dejar ir. Me ayudo a estar agradecida con las personas que se fueron pero dejaron un cachito valioso de ellos en mi, a las personas que llegaron siempre intentando sólo hacer de cada día algo bonito y que siguen estando, a las personas que lo hicieron pero se tuvieron que ir.
Comienzo a cerrar este año con la fuerte idea de que todas las vivencias y todas las personas que se cruzan en tu camino no son por coincidencia, sino porque algo venían a enseñarte o a hacerte sentir; a todas esas circunstancias bonitas, tristes, fuertes, honestas, bizarras, las guardo en mi corazón y las llevare siempre como una gran enseñanza; y a todas esas personitas enojonas, divertidas, berrinchudas, cariñosas, prudentes, tercas, risueñas y hermosas que se tuvieron que ir, les agradezco cada segundo que me regalaron y cada momento que compartieron conmigo; se quedan conmigo siempre.
Este año que se va, no lo olvidemos, sino que atesorémoslo, aprendamos de él y agradezcamos todo lo malo, lo bueno, lo bonito y lo feo, y comencemos el que sigue con la frente en alto y sin miedos, intentando trabajar para cada día ser más valientes; porque cuando seamos realmente valientes nada ni nadie nos privara de ser felices cada día.
El miedo me ha hecho perder personas y cosas que valían la pena, y por más que duela tuve que soltar y dejarlas ir; estoy segura que al ser valiente para dejar atrás el campo de batalla, reconstruir mi casa de las ruinas, crear una nueva habitación después del incendio y dejar que se limpie mi alma después de la inundación, la vida me los regresará o me traerá lo que será mejor para mi.
Este 2017 seamos valientes.












