parecía que flotaba. o eso sintió en cuanto su vista se despistó por completo. era raro como un segundo podía parecer una eternidad. así fue para el veela cuando descendió abruptamente. su cabeza ardía pero no era nada en comparación al ardor que daba su nuca junto al olor del óxido. oía voces distorsionadas, gritos impredecibles y ya ni era consciente de que la arena se teñía de su carmesí y menos de que el causante de aquello fuera uno de sus compañeros de casa. narcosis obligada le impide a abrir los ojos completamente y únicamente puede oír el latido de su propio locomotor a mil por hora.
Al observar aquel fatal accidente no dudo en bajar corriendo y acercarse al cuerpo del muchacho. Al hacerlo alejó a los curiosos de su alrededor. “Dejen que pase el oxigeno, háganse para atrás ” Les ordenó hasta que finalmente se agachó sin mover ni tocar el cuerpo de Silas. “Señor Leavitt, ¿puede escucharme?.” Tenían que moverlo a la enfermería cuanto antes. “¿Señor Leavitt?”




















