El primito: El bote (Parte IV)
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Me quedé helado, y el Amaro se cortó entero.
— ¿Que les pasó? ¿Le comieron la lengua los ratones? – Preguntó parándose frente de nosotros con una bolsa en cada mano y mirándonos como si nos hubiese estado viendo hace media hora.
— Nada po. – dijo el Amaro y luego le preguntó — Y tú que andai haciendo por aqu�
— Vine a comprar nomás, que el otro negocio estaba cerrado.
No era precisamente el papá del Amaro; era el Jota. ÂżNos habrá pillado?, su cara y sus gestos daban a entender que ya sabĂa todo y que no habĂa forma de negarlo. Mis dotes de actuaciĂłn se me fueron a la cresta y me empecĂ© a poner nervioso.
— Y? no me van a responder par de pendejos? ... en qué están po? – preguntó el Jota muy curioso.
— CorriĂ©ndonos una paja, weon metĂo – le respondiĂł el Amaro casi gritándole con un tono medio huaso y una mezcla entre molestia y desaprobaciĂłn por la pregunta.
— Que erĂ weon Amaro, vinimos a buscar un cable que el Amaro me va a prestar y se le quedĂł aquà – le respondĂ, todo colorado y casi al segundo que el Amaro le habĂa dicho semejante estupidez, no podĂa creerlo.
No sĂ© si nos habrá creĂdo o no, yo solo querĂa salir de ahĂ. Siempre que uno hace algo malo siente que todos lo saben, asĂ que solo atinĂ© a decirle al Amaro que ya era tarde y que tenĂa que irme. Me despedĂ de mano del Amaro, asentĂ con la cabeza para despedirme del Jota, y cabeza agacha empecĂ© a caminar hacia la casa de mi abuela. Llevaba no más de tres pasos caminados cuando el Jota le dice al Amaro:
— Veo que te sirvió el número que te conseguà ahh – y agrega una risa.
— Callate wn! Que erà sacohuea Jota, dejala piola – Le responde.
Por un microsegundo quedĂ© helado, inmĂłvil. No me quise devolver porque no supe quĂ© poder decirle, pero de camino a casa me armĂ© una pelĂcula de Hollywood en mi mente; Âżpor quĂ© el Jota le dijo eso?, Âżpor quĂ© Ă©l tenĂa mi nĂşmero?, ÂżcĂłmo se lo consiguiĂł?, ÂżHabrá sido solo coincidencia que Ă©l justo apareciera despuĂ©s que nosotros hayamos webeado, o ya lo sabĂa de antes?, ÂżNos habrá visto hacer todo?
No quise escribirle al Amaro como en 3 dĂas. Me quedĂ© con la idea de que el Jota siempre supo todo y el Amaro me buscĂł como para despuĂ©s contarle todo. Él me escribiĂł un par de mensajes pero nada interesante; solo cosas como “Wena MartĂn como has estado?” o “Saludos MartĂn, que estĂ©s bien” a los que no contestĂ©.
Un par de dĂas despuĂ©s, mis abuelos me invitaron a la casa de unos amigos de ellos, tenĂan una casa gigante y una piscina que para el calor que hacĂa esos dĂas, era un pecado decir que no. Efectivamente al llegar me di cuenta que la casa era muy grande, tenĂa muchos espacios para salir a recorrer, como un bosque y una laguna. Llegamos tipo 11 de la mañana, habĂan otros familiares tambiĂ©n, amigos de la familia (como que sĂ o sĂ siempre hay más familia cerca). Tomamos desayuno y como no conocĂa a nadie más, me puse traje de baño y me metĂ a la piscina. Nadaba de un lado a otro, no tenĂa mucho más que hacer. Me salĂ un rato, me puse a tomar sol y me quedĂ© dormido. HabrĂ© dormido unos 20 minutos cuando el Amaro me toca el brazo.
— Y tĂş? No tenĂa idea que ibai a estar aquĂ. Debiste haberme avisado y me hubiese venido más temprano po. - me dijo mostrando evidente alegrĂa de verme ahĂ.
— Hola, es que llegué recién. – le respondà haciéndome el dormido. — Ah y me invitaron hoy nomás. – agregué, y me volvà a estirar fingiendo que iba a dormir.
El Amaro se volviĂł hacia la piscina, la quedĂł mirando por un par de segundos, me mirĂł de reojo, se sacĂł la polera y se tirĂł al agua. Me levantĂ© porque me salpicĂł agua y cuando lo vi tuve una erecciĂłn inmediata. Su torso marcado y bronceado, junto con un short que al mojarse se le pegaba al cuerpo y hacĂa notar que no andaba con ningĂşn tipo de ropa interior. Me dejĂł alucinando. Sus rulos mojados y echados hacia atrás le daban el efecto de modelo de revista porno de los 90’s y sus piernas gruesas se veĂan aĂşn más gruesas debajo del agua. Yo estaba con lentes pero era evidente que de entre todos los que estaban en la piscina mi mirada era fija a mi primo. En un momento que se tirĂł un piquero, se le bajĂł el traje de baño y sus vellos sobre el pubis quedaron descubiertos. Descubiertos igual que yo, que luego de quedar mirándole lo que se podrĂa asomar, el Amaro me mira y se acerca a mĂ con una cara coqueta.
— Se te perdió algo primito? – me dijo casi susurrando.
— Estay loco, no te estaba mirando a ti – le mentĂ.
— Ya, sĂłplame este ojo – me dijo subiendo la mirada y luego poniĂ©ndose a reĂr. — Oye te tinca salir a recorrer? ya me aburrĂ bañándome.
— No.. que paja – le mentà de nuevo.
— Ay que te haces el difĂcil ahora.. ya oh párate y vamos – me dijo, levantándome del brazo y asintiendo con la cabeza para que lo siguiera.
Salimos de la piscina y empezamos a caminar por el lugar. Cruzamos el bosque mientras Ă©l me contaba de que ya habĂa venido una vez hace harto tiempo y que la memoria le fallaba. Solo recordaba que en la laguna habĂa un bote. Y tal como lo dijo, caminamos hasta la laguna y en una orilla habĂa un bote pequeño de madera para máximo 3 personas. No preguntĂł nada, solo se subiĂł y me hizo un gesto para que me subiera tambiĂ©n. Nos sentamos frente a frente y nos adentramos en la solitaria laguna.
— Oye no me respondiste ningĂşn mensaje el otro dĂa, estay enojao? – esperĂł unos segundos y agregĂł con voz asustada — ÂżHice algo malo?
— ¿Por qué el Jota te dijo esa wea? – le pregunté serio y mirándolo a los ojos. Al no ver respuesta le pregunto nuevamente — ¿Por qué ÉL te dio mi número?
— Puta Jota culiao, se desubicĂł. Pero ya, te voy a contar. – Toma un suspiro. — Lo que pasa es que despuĂ©s del ciber quedĂ© con ganas de hablarte, y no sabĂa de donde sacar tu numero, y como sabĂa que el Jota era más cercano a tu abuela, se lo mandĂ© a pedir con la excusa de pedirte un juego de Pla..
— Le contaste lo de nosotros? – Le pregunté interrumpiéndolo.
— No MartĂn, tranqui. – Me dijo tomándome la mano. — Si el Jota es bien wn. No cachĂł nada de lo de la camioneta y yo despuĂ©s lo agarrĂ© pal webeo nomás. Él no sabe nada. De hecho fue más fácil decirle que nos estábamos pajeando a darle una excusa tonta, porque ese es pavo pero si te ponĂ muy nervioso te cacha altiro, bueno como todos yo creo...
— Mas te vale wn, hicimos un trato acuérdate .. tu y yo nomás – le dije casi amenazándolo.
— Obvio po primito, usté sa’e – responde con una voz media coqueta, al mismo momento que se pasa la mano por encima del pene.
Lo quedĂ© mirando, esperando otro movimiento, queriendo ver quĂ© hacĂa por iniciativa propia. Se siguiĂł pasando la mano por encima mientras miraba alrededor por si venĂa alguien, y al mismo tiempo que se le paraba el pene.
— UstĂ© sa’e que lo que pasa aquĂ, lo rico que pase aquĂ, se queda aquĂ po .. o no? – me decĂa mirándome con la cabeza un poco baja y con un par de guiños que acompañaba con duros roces de su mano con el pene.
— Hm ya, bueno, si tú lo dices ..
No esperĂł más de dos segundos y se sentĂł al lado mĂo. Quedamos muy juntos y apretados, lo que le dio lugar para que su brazo tocara mi pierna, y mi pene. AcercĂł su boca a mi cuello y empezĂł a oler el poco perfume que me quedaba luego de la piscina. Como que eso le excitĂł bastante, que soltĂł un gemido y se agarrĂł la tula aĂşn más fuerte, tanto que no se aguantĂł más y se lo sacĂł por entremedio del short. Ese pico grueso y mojado cada vez que lo veĂa me dejaba knock out, no sabĂa cĂłmo reaccionar ni quĂ© hacerle.
— Oye, no creà que estamos muy en público pa’ hacer esto? – le dije entre asustado y caliente.
— Y? no te calienta acaso? – me respondió mirándome de tan cerca que pude sentir su aliento a chicle de menta.
— La verdad es que sĂ, pero igual me da cosa que alguien nos vea. – le dije casi tartamudeando.
— Entonces hagámosla piola po primito.
Se volviĂł a sentar frente mĂo, pero más cerca que antes, nuestras rodillas topaban unas con otras. Se asegurĂł por unos segundos que nadie pudiese venir, y empezĂł a masturbarse, delicadamente sin mover mucho su brazo. Me miraba fijamente y a ratos miraba alrededor por si venĂa alguien. Con un choque de rodillas y una levantada de cabeza me invitĂł a que siguiera su juego, a lo que hice lo mismo, saquĂ© mi pene entre el short y empecĂ© a masturbarme. La pelĂcula porno la tenĂa en frente mĂo; el mino rico, tonificado, se estaba haciendo una paja al aire libre, lo tenĂa solo para mi, y más encima era mi primo, lo que lo hacĂa doblemente excitante. Al parecer Ă©l estaba el triple de excitado que yo, sus ojos se blanqueaban a cada rato y los espasmos de placer eran más frecuentes. Mientras se la corrĂa con una mano, con la otra me tocaba las piernas, los pelos, el pico, siguiĂł bajando, por debajo de los testĂculos, hasta que uno de sus dedos empezĂł a incursionar por mi ano. Me frotaba tan rico que por un momento olvidĂ© estar haciĂ©ndome una paja (en un bote en medio de una laguna) y empecĂ© a disfrutar como el Amaro me tocaba.
El Amaro siguiĂł corriĂ©ndosela y yo en verdad solo me dejaba querer, dejĂ© de masturbarme y mi concentraciĂłn se fue 50% en orgasmos y 50% en ver que no viniese nadie. Él empezĂł a masturbarse más rápido aĂşn y ya los gemidos que antes parecĂa controlar ahora se convertĂan en pequeños gritos que en ocasiones generaban un eco entre el bosque frondoso que se encontraba alrededor de la laguna.
— Oh primo wn estoy muy caliente – me dijo. — Porfa pajéate conmigo que no me queda mucho.
Estuvimos tocándonos por un rato más, hasta que sentimos un ruido. Eso al Amaro le calentĂł caleta que ni se inmutĂł por mirar si venĂa alguien o no, y acabĂł ahĂ mismo. Yo al contrario me caguĂ© de miedo y se me bajĂł de una. Me puse a mirar a todos lados por si era alguien que nos habĂa descubierto, pero en realidad era un perro de la familia que andaba merodeando por el sector.
— Wn quedĂ© todo sucio – me dijo el Amaro como avergonzado. — Me tirarĂa a la laguna para limpiarme pero el agua está más sucia que mi mente.
SoltĂ© una carcajada. No sĂ© cĂłmo lo hacia para que cada situaciĂłn la volviera tan adrenalĂnica y luego tan relajada. El punto es que quedĂ© muy caliente, y aunque se me haya bajado la erecciĂłn, mis ganas de acabar seguĂan sin irse.
— Ya oye, vámonos? – me dijo luego de un rato de silencio en el que el Amaro usaba para volver en su respiración. — Van a empezar a preguntar por nosotros.
— Sà dale, además me dio hambre. – (hambre por no haberme comido ese pene, ups).
Remamos juntos desde la orilla algo escondida en donde estábamos hasta la otra orilla donde encontramos el bote inicialmente. Nos costĂł un poco salir por el movimiento del agua, y empezamos a caminar de vuelta, pero esta vez por otro camino más largo que significaba cruzar el bosque. El Amaro me venĂa conversando pero mentirĂa si dijera que me acuerdo de lo que me decĂa, puesto que en mi cabeza solo pasaba lo que acababa de ocurrir, y eso me ponĂa el pene a full. No aguantĂ© mucho rato y ocupĂ© la misma tĂ©cnica que Ă©l usĂł la primera vez que nos vimos.
— Me esperai un poco? me dieron muchas ganas de hacer pipĂ. – HaciĂ©ndolo sonar super urgente.
No esperé que me respondiera y me puse entre 2 árboles grandes en donde quedaba super oculto desde cualquier punto de vista. Empecé a hacer mis necesidades y con mis pensamientos involuntariamente se me empezó a poner muy dura. Luego de terminar de orinar, seguà tocándome, con la excusa de que estaba sacudiéndome.
— Necesitai ayuda primito? – me dijo desde atrás con voz sugerente.
— La verdad es que sĂ. Me quieres echar .. una mano? – Le respondĂ.
Lo mirĂ© de reojo y me di cuenta que antes de llegar a mi se asesorĂł de que nadie pudiese andar cerca, me di vuelta completo, y me lo empezĂł a tocar. Lo poco y nada que me faltaba para llegar a un 100 de erecciĂłn Ă©l lo logrĂł apenas puso su mano en mi pene. Me di cuenta que a su vez, Ă©l tambiĂ©n se le empezĂł a parar de nuevo. El Amaro era demasiado caliente y podĂa masturbarse todas las veces que quisiera sin parar.
Nos empezamos a masturbar mutuamente, estaba tan excitado que hubiese podido acabar a los 10 segundos desde que empezĂł a tocarme, pero como eso no se daba siempre yo querĂa disfrutarlo y aguantar lo que más pudiera. Sin decirle nada, me hizo apoyarme a un árbol, se puso de rodillas y empezĂł a chupármela al mismo tiempo que pasaba sus manos por mi culo.
— Te gusta asĂ MartĂn? – Me preguntĂł entre gemidos y entrecortado por el movimiento que hacĂa al masturbarse.
Se lo metĂa todo en la boca y con sus manos en mi culo me empujaba hacia Ă©l cada vez con más fuerza. No pude aguantar más y me vine. PodrĂa haberme corrido en su cara o incluso en su boca, pero pensĂ© que podrĂa haberse enojado asĂ que le avisĂ© 5 segundos antes para que pudiera alejarse y correrse Ă©l tambiĂ©n. Acabe por todos lados. Él tambiĂ©n lo hizo. Nos limpiamos como pudimos, o al menos intentamos esconder los restos que quedaron en nuestra ropa y caminamos de vuelta a la piscina.
Nos bañamos toda la tarde juntos, incluso luego de almorzar volvimos al agua y jugamos cual niños felices e inocentes, y a ratos nos mirábamos con cara de complicidad y de saber que acabábamos de hacer una travesura más. El hecho de que no me hiciera desconocida luego de eyacular y que siguiera a mi lado despuĂ©s de eso me dio mucha alegrĂa, asĂ que disfrutĂ© de la tarde y de su compañĂa. Esa tarde y en adelante nos convertimos en los buenos primos buena onda que comparten juegos, salidas, y un par de cosas más que sĂłlo nosotros sabĂamos...
Al menos hasta ese momento...
¿Continuará?...








