Monologo de un Trapero Infeliz
El tiempo pasa más lento de lo que se cree, encerrado en esta caja con la escoba y el recogedor es mucho más aburridor, ambos se cotillean y nunca entiendo lo que hablan, o no quiero entender, pues de seguro hablan de mi. La escoba sale más a menudo con el recogedor y en definitiva es mejor, con esa cabezota y esa cola en punta, esa puta me desespera, mientras ella seduce a los pisos, yo sigo ahogado en este armario con olor a húmedo, oscuro y pequeño, que ya no soporto más.
De mis compañeros, debo decir que la escoba es perfecta, ella es decidida nunca se equivoca y aunque es manejable, siempre arrastra lo que ve. Lástima que aún no sabe lo que tiene y siempre es tan fácil de usar, aún así, se ve tan feliz la miserable. La escoba; ay la escoba tiene un cabello liso y hermoso, nunca se le enreda y eso es algo que envidio, mientras que yo ya no sé cual es el derecho de este mechero, que me encanta pero me desespera.
Debo aceptar que mi cabello es lo único que tengo de lo que me gustaría ser, por que de resto, el trabajo duro lo debo hacer yo. Sí, soy yo el único hijo de puta que se debe ahogar en agua y aguantarse todo tipo de fluido que quieran limpiar o esparcir en esta maldita casa que no saben lo que son ni lo que tienen. Unos mal paridos, eso si son.
En la mañana hay una mujer que sale muy temprano a hacer ejercicio, seguramente necesita bajar las galletas que se traga la noche anterior y en complicidad con la escoba y el recogedor, borran todo rastro del crimen de esta gorda hijueputa. Estúpida… ella es una de esas mujeres que cree que lo que no sé ve en el suelo no se le nota en el cuerpo. Cada día llega luego de su rutina y con sus delicadas manos, por que eso sí, suaves si son; me utiliza para ambientar con un horrible olor a canela esta casa de marranos.
En el día me la paso aquí metido o ahogado dentro de un balde con agua sucia. Suena cruel, pero si soy sincero es el estado que me gusta estar; entre la vida y la muerte. La muerte; es un estado para el que estoy listo. Al fin y acabo no hay peor muerte que tener que aparentar ser quien no eres. Mi vida en esta casa solo es para limpiar la mierda de las patas que los marranos traen, limpiar el vomito del perro y por que no, de vez e cuando semen del hijo mayor, después de cada paja.
La vida se me ha convertido en aparentar, en ser el sutil pero fuerte; el mejor pero el inútil; el audaz pero estúpido. Muchos creen que por tener cabello grueso, debo arrancar todo del suelo y es la mentira más grande de la vida de un trapero. O bueno, por lo menos de la mía. Soy tan delicado como la escoba o como las manos de la gorda hijueputa que me hace entrar en un shock traumático con su ambientador de canela.
Aquí viene la escoba, con su cuerpo espectacular, que linda se ve… Creo que me estoy enamorando de la escoba. Aún cuando no me pone cuidado, siento una atracción fatal. Quisiera poder evitar que tocara el suelo y que bueno, ensuciara su liso y fino cabello.
Han pasado algunos días y bueno, ya estoy tan acostumbrado a estar acá y ser el último en todo. He empezado a hablar con la escoba, hay atracción. Yo le coqueteo o eso trato y ella responde. Soy muy tímido para flirtear con escobas, siento que no es lo mío, pero debo hacerlo. Es lo que todo trapero debe hacer. La escoba, quisiera hacer todo conmigo, sé que tengo buen cuerpo, tengo un buen corazón y al fin de cuentas soy muy noble, cosa que pocos traperos tienen.
En estos días la escoba ha empezado a perder pelo, tiene algunos crespos y se le está abriendo la cabeza por la mitad. Si soy honesto, esta hijueputa ya no es tan linda, perdió todo glamour y estilo que tenía, ya ni el recogedor le hace compañía, ese perro, solo le gusta el rose cuerpo a cuerpo, la escoba se ha convertido en una inútil.
Ahora la gorda me saca más a mi y en este instante, prefiero estar metido en el armario con los otros. Me usa todo el tiempo, ya que la escoba no está tan decidida como antes. Temo por mi vida. El otro día trajeron una escoba, está divina pero no la sacan mucho del armario. Esta fémina, tiene un pelo hermoso de colores, fino y una cabeza dura. Su cuerpo y su todo me han hecho pensar que es la escoba que quiero en mi vida.
Al terminar los quehaceres de la casa, esperé dentro del balde con agua para ver cómo hacia para hablarle a la nueva escoba. Mientras esperaba sumergido en el agua fría y sucia el timbre sonó y era el cerdo mayor. En sus manos, traía un trapero, esto me decía que mi hora estaba llegando y al igual que la escoba sería remplazado.
Es cierto que no le temo a la muerte, pero sí a ser olvidado y más remplazado por alguien más.
El nuevo trapero es joven, su cabello aún está tan definido no está enredado. En seguida pienso que debo darme prisa con la nueva escoba, pues con tanta belleza podría dejarme sin nada. Al entrar al armario, el trapero nuevo ya estaba allí y hablando con la escoba. La ira me invadió y bien dicen por ahí que si no puedes con tu enemigo, únete a el y un saludo bastó.
Sin entender, esa noche hablamos hasta el amanecer, nos conocimos y vimos que a ambos nos agradan los perros, que la música es la mejor compañía para una limpieza profunda y que él al igual que yo, tiene otro tipo de gustos.
Es domingo, hoy no nos sacan y con el nuevo trapero seguimos hablando de aquellos días en los que se está en un supermercado mirando a las escobas al otro lado. En ese momento reconozco que añoro esos días; esos días en los que estaba libre con otros traperos, esos días donde podía ser como ellos y mirar a otras escobas o como es mi caso, a otros traperos como yo quisiera, con ojos de amor, pasión y hasta lujuria, no como me toca ahora, ver escobas como si las amara o deseara tener una familia con ella. Es cierto, esta es una revelación que a pocos agrada, pero que en algún momento debo hacer.
El trapero nuevo me da tanta confianza que siento que es el momento de decirlo, de no hacerlo estallaré en un manojo de mechas. Este armario es cada vez más pequeño, me ahogo y también la cercanía con el nuevo trapero hace que mis cabellos se ericen con solo pensar en el. Es cierto, cuando salgo a limpiar, solo puedo pensar en el espero el momento de poder hablarle el momento de saber cómo está, el momento para decirle que me gusta.
No encuentro las palabras para decirle que su llegada a mi vida ha hecho que en este oscuro, pequeño y mal oliente armario tiene sentido. Este trapero sé que siente algo por mi, lo sé, pues me sigue muchas veces la cuerda. Creo que estoy enamorado.
El trapero joven, tiene rollo con una bayetilla con la que llegó y aunque las cosas no andan muy bien yo quiero estar ahí para el. Siento que es la oportunidad perfecta para que el y yo intentemos algo, he tenido un par de rollos con otros traperos pero con ninguno de los dos he sentido lo que siento. No sé si estoy obsesionado, ya el olor a canela me enloqueció o qué me pasa, pero yo solo quiero estar con el y ser feliz.
Han pasado los días y bueno, las cosas no van tan bien. El trapero joven ya no me habla igual, no sé si mis acciones lo han alejado o algo más le pasa. Quiero saberlo todo. Hoy la escoba vieja me hizo un reclamos porque no la volví a ver, me habla y no le contesto; con sinceridad esta malparida se está tomando atribuciones que no tiene, yo solo quiero al trapero joven.
Esta noche he decidido ahogarme en aromatizante de canela, necesito un tiempo para pensar, necesito analizar las consecuencias de decirle al mundo que no me gustan las escobas sino los traperos, debo pensar cómo decirle al trapero que lo quiero o debo pensar si es mejor callar.
Estoy desesperado, se que con mi identidad sexual asustaré a muchos y alejaré a otros. No quiero saber qué va a pasar pero es inevitable pensarlo. Siento que callar es la mejor manera, al fin de todo terminaré ahogado en este armario. Aquí es cuando debería llegar la muerte, olvidaría este boyo que hay en mi cabeza, eliminaría todo amor, capricho obsesión o desierto emocional que hay en mi corazón.
De reojo miro al trapero y no está bien, como si nada pasara le pregunto qué le pasa. El trapero joven se ve mal y me cuenta que está confundido. Escuchar estas palabras es pensar automáticamente que quien lo confunde soy yo, mi corazón se alegra, mientras tanto, mi cara sigue igual de seria y preocupada. Es cierto que tengo la cabeza en otro mundo por la canela, pero estoy lo suficientemente consiente para escucharlo.
El trapero joven no está bien, no lo veo bien. Su bayetilla lo hace feliz y son millones las memorias que tienen juntos, pero la bayetilla lo ha hecho sufrir, ha derramado lagrimas por ella. La bayetilla le ha sido infiel con otro trapero y eso es imposible de perdonar por más amor. Aunque me duele lo que le pasa al trapero mientras me cuenta, por dentro estoy feliz, pues estoy convencido que soy quien lo confunde y lo ha puesto a tambalear en su relación con la bayetilla. Quiero que llegue el momento en que me diga que yo llegue a su vida como el lo hizo conmigo.
El amor de mi vida, sigue contándome que está feliz y triste; que lamentablemente fue el ex de la bayetilla el que le contó que esta vagabunda seguía metida con el y que no le importaba realmente el maravilloso trapero que es el. Mi corazón se sigue arrugando por ver y sentir la tristeza de este cupido que me ha tocado.
Ha llegado el momento y el trapero joven me dice que también le gustan los traperos, que siempre lo ha hecho, y que el ex de la bayetilla es maravilloso, que lo confunde y que quiere hacer un millón de cosas con el, que estaría dispuesto a correr mil riesgos por el y que sin duda alguna le duele lo que pasa, pero que necesita un tiempo.
Es aquí, cuando me quedo sin palabras, con un nudo en la garganta y mi lagrimas atrapadas. No era yo el que lo confundía, este trapero me ve como un compañero más. El momento es fuerte. No encuentro que decirle, solo que tome un tiempo para el, que busque su felicidad.
Hasta aquí ha llegado todo, pues fui el trapero gay que se desestabilizó con un cabello hemoso, con el momento malo de una relación y con el engaño de las palabras o en resumen en lo que mi cabeza y corazón infeliz quiso creer. Ahora, quiero que llegue la muerte y no hay mejor manera que empezar a cortar mi cabello, de esa manera la gorda no me podrá usar más.
El primer día después de esta noticia, logro sentirme fuerte. Aún cuando hago mi tarea de amigo, no puedo mentir pues siento una atracción gigante hacia el. Si lo pienso más a fondo, se que tengo todo para conquistarlo, sé que puedo hacerlo feliz; pero si soy franco, sería egoísta de mi pensar en tener algo con el, pues llegará pronto el día en el que me tengo que ir y lo dejaré infeliz como yo en este momento.
La gorda empieza a notar que no estoy bien, sabe que estoy perdiendo la cabeza, un golpe más y estaré fuera. El agua en la que me sumerge es mi escape para pensar que nunca debí fijarme en un trapero, confiar en el y más aún, ser como soy frente a el.
Mientras llega mi hora aparentaré ser un trapero, que disfruta lo que hace, que ama a las escobas y que nunca podrá ser feliz, por más uso que me de la gorda en esta malparida casa de marranos.