No existen historias finitas. Por más pequeñas y efímeras, todas y cada una de las historias son infinitas. Exiten historias que nunca empiezan y otras que nunca terminan. Sin embargo, ahí están. Igual que su rostro. Tan perplejo y sutil. Sus expresiones tan inefables y misteriosas, como si todo lo que pudiese hacer fuera iluminar mi vida. Qué ironía! Vaya forma de destruir el corazón. Vaya karma! vaya alivio! vaya amor…! Pero si me enfoco en sus labios… un sinfín de precauciones la abordan. Un tanto mentiras sin creer, y otro poco de besos pendientes. Todo queda en el aire, las partículas se dispersan y se convierten en miradas. Y su mirada es digna de lo que es. Iluso y nefasto. Sensible e incontrolable. Perdida e insegura. Tonta, tal vez. Como si supiese qué mirar. Como si fuera fácil qué sentir. Entonces, hago un paréntesis. Uno no elige los sentimientos, ni la persona que mirar, ni el lugar que habitar. Simplemente llegan, aparecen. Pero de la misma forma que lo hacen, se van. Es así como conocemos el calor y el frío. Un tipo de canicular. Algunos le llaman amor, otros, estupidez. Sin embargo, bajo toda esa marea… Mientras la oscuridad cubre la noche, el día se desvanece. La ausencia aparece pero en todo ese fugaz intento de acabar, las estrellas brillan. Todo vuelve a nacer, el primer rayo de sol. Todo se ilumina, otra vez; todo se apaga, de nuevo. Ahora, dentro de la aglomeración y enredos, llego al corazón. El lugar donde habitan los sentimientos más hermosos y otros más perversos. Y es ahí el dilema… ¿Dónde quedan las historias? Según, los expertos de la mente en el inconsiente. Según yo: en el alma, justo ahí donde empieza el corazón. Después de analizarlo todo, llego a sus manos. No tan grandes, no tan pequeñas… cubiertas de caricias, de canciones, de letras. Hay un punto muy importante en sus manos, y es que allí habitan sus sentimientos. Allí está su alma. Y se preguntarán ¿Por qué allí? Bueno, si lo detienes a mirar entre todo lo común que es, hay algo más. Expresión musical, la mejor forma de escapar. De sentir. De vivir. Muy pocos logran identificar qué tan especial es eso. Sin presumir, lo logré. Es como el mar, no sabes que tanto hay escondido pero con poesía hasta el más terco de los demonios. Se convierte en ángel. Y aunque el frío queme, es satisfactorio. Llena de paz porque la brisa es su sonrisa. …En fin, no concluyo pero tampoco sigo… Me encanta hacer esto, con el desarrollo de mi mente, de mi historia, de este libro. Una zona de comodidad, volverlo eterno. Un castigo, un privilegio. Es como los tres puntos suspensivos. Que significan: Ten cuidado. Sino sabes qué hacer. Piénsalo.
El primer pensamiento del día (via 50sombras-de-grey)



















