Entiendo por qué alguien querría ser perseguido: el desenfreno de ir tras algo, y la sensación de sentirse deseado, es una experiencia exquisita que claramente se disfruta vivir.
Ser parte de esa fila de personas que levantan las manos y las mueven con energía de lado a lado para que notes mi presencia es algo a lo que me rehúso. Aun así, entiendo por qué alguien querría estar del otro lado. Pero, genuinamente, no creo en esa necesidad de demostrar nuestro valor para ver quién es la mejor opción en esa búsqueda infinita de perfección, donde nada es suficiente —ni siquiera el amor. Eso me deprime.













