BIANCA.
—No creo que sea buena idea emborrachar a la chica que te servirá el resto de tragos— espetó, sonrisa divertida posándose en sus labios pues su humor era completamente distinto cuando se encontraba trabajando pues sabía que la gente no quería un cantinero malhumorado.— Aunque la compañía viene incluida con el segundo tarro de cerveza, creo que es un contrato implícito que escuché tus penas cuando la barra esta tan sola.
“Hmm. Vamos, no creo que un solo trago vaya a embriagarte,” insiste con sutileza, encargándose de bosquejar sobre sus labios una sonrisa que lleva como intención el persuadir a la muchacha. Su codo se posiciona sobre la barra y, con cierta languidez, el francés apoya su mejilla sobre su diestra empuñada. “Si con penas te refieres a contarte acerca del paciente que he perdido esta tarde, entonces venga, sírvenos dos cervezas.”















