Sobre la condición docente frente a los lineamientos de la ESI
En un sentido holístico la sexualidad es parte de nuestra vida cotidiana: identidad, familia, vida laboral y autopercepción. Entendemos que la sexualidad va más allá del acto sexual para comprender la naturaleza de las personas, sus conductas psicológicas, los condicionamientos sociales y los estilos de vida. La sexualidad es nuestra intimidad pero también tiene una faceta visible en la mirada de los otros y en roles socialmente aprendidos y desde ese lugar es objeto de análisis en las ciencias sociales, además de ser objeto de estudio en ciencias médicas, psiquiátricas y psicológicas. Conforme Molina y Vedia, la sexualidad "abarca cuestiones psicológicas, afectivas, sociales, biológicas y éticas. Cada persona tiene el derecho a vivir la sexualidad de acuerdo con sus sentimientos y convicciones en el marco de un conjunto de leyes”.
Investigando en las disciplinas médicas he encontrado que algunas casas de altos estudios en América Latina y Estados Unidos ofrecen como postítulo a profesionales médicos graduados la Especialización en Medicina Sexual o Sexología como Especialidad Médica. La misma cuenta con un programa de estudios que focaliza en cuestiones médicas, biológicas, endocrinológicas y además hay dos espacios centrales como ser la Antroposociología de la sexualidad y las bases psicológicas y psiquiátricas de la sexualidad. Es decir, se trata de un marco teórico complejo y un corpus de conocimientos específico ajenos totalmente a la carrera y formación docente. En ese contexto, ¿es adecuado asignar la responsabilidad de ser referente en educación sexual a un docente que carece de los conocimientos ut supra señalados? ¿No es más coherente convocar a profesionales especializados en la temática sexual para el abordaje de este tema tan central de la vida privada y de la vida en sociedad?
En ese orden de ideas he de tomar como ejemplo el caso de la docente quien manifiesta sentirse abrumada y sobrepasada por las consultas que puede llegar a recibir de sus alumnas y alumnos. Lejos de estigmatizar la condición de esta docente y de juzgar su experiencia sexual a lo largo de su vida, es dable comprender su postura. Una persona formada para enseñar a leer y escribir o impartir una determinada disciplina, es forzada a hablar de temas privados e íntimos con menores de edad con quienes no tiene grado de parentesco y por lo cual en su caso deberá responder legalmente para la hipotética situación de que los padres de los menores consideren los dichos y el accionar de la docente como inapropiados. Lejos de subestimar ese “sentirse desbordada” de la profesora es menester atender a esta cuestión: los docentes son puestos en la palestra para impartir ESI sin la adecuada y elegida formación para ello. Asumir que que un docente en el marco de su aula de clase puede, por el solo hecho de ser docente, impartir contenidos y resolver de manera eficiente situaciones de discriminación y violencia sexual, hacia y con menores de edad es simplemente iluso, ignorante e irresponsable.
La sexualidad “es tejida en la red de todas las pertenencias sociales que abrazamos”, como recuerda Weeks (1995, p.88) y ella no puede ser comprendida de forma aislada y sin un marco teórico pertinente. Los docentes no pueden ser compelidos a “tocar de oído” sobre temas que hacen a la salud física, mental y bienestar espiritual de los educandos.
Es indubitable la función social de la escuela y el sistema educativo en su conjunto, es indubitable la necesidad de proteger a menores y familias de casos de violencia sexual y abuso intrafamiliar, ahora, la escuela que tenemos y con los recursos que tenemos es realmente efectiva para lograrlo? ¿La escuela sola, puede?
Sobre lo que puede aportar al ESI
Sostiene Guacira Lopes Louro que “…las escuelas – que supuestamente deben ser un lugar para el conocimiento- son, en lo referente a la sexualidad, un lugar de ocultamiento”.
La ley 26.150 establece que los contenidos de la ESI deben ser abordados de manera transversal y en todos los espacios curriculares. Establece también que los docentes se encuentran habilitados como educadores en el campo de la sexualidad al tiempo que establece que los docentes deben “velar” porque esto sea una realidad en todas las escuelas.
Esta sección de la ley merece un serio análisis para que en su aplicación no vulnere derechos ni garantías constitucionales del docente como ciudadano. Que los docentes se encuentren habilitados como educadores no puede significar que estén obligados a impartir contenidos que exceden su ámbito de competencia disciplinar y para los cuales el docente no se ha formado de manera completa. Frecuentemente los docentes más entusiastas con la aplicación de esta ley sostienen que “hay que capacitar al docente para que esta pueda abarcar TODO lo relacionado con la pedagogía sexual”. Este razonamiento me es fanático, intransigente y totalitarista.
No los docentes no somos un bloque. Los docentes somos personas con libertad de pensamiento y libertad de expresión y por supuesto, nuestra profesión nos avala en el efectivo derecho a la libertad de cátedras.
Hechas estas salvedades, abordada e impartida por personal profesional adecuado, seguimiento de docente especializados y contestes con los lineamientos y objetivos de la ESI la misma puede aportar:
Al reconocimiento de la igualdad de género y el respeto y no discriminación de mujeres y niñas.
A prevenir y erradicar hábitos “culturales” de discriminación y maltrato de mujeres, niños y niñas.
A abordar junto con un equipo de profesionales médicos y profesionales de la salud mental los casos o presuntos casos de abuso sexual intrafamiliar.
A tratar junto con profesionales médicos y profesionales de la salud mental casos de abuso sexual, violación y delitos sexuales existentes en el marco de la comunidad educativa, desde una mirada de asistencia a la víctima de violencia sexual.
A respetar distintas formas de vida y expresión de los seres humanos, evitando y erradicando motes y burlas frente a casos de diversidad y violencia sexual.
A valorar la afectividad: contribuir al desarrollo de capacidades afectivas como la empatía, la solidaridad, el respeto hacia el otro.
A ser y reconocerse sujetos de derecho con plena capacidad para participar, ser escuchados/as y no discriminados/as y brindar a los niños, niñas y adolescentes herramientas y un lugar seguro para denunciar si son abusados o si en su entorno familiar existen casos de violencia.
A cuidar el propio cuerpo y la salud incluyendo aspectos psicológicos, sociales y culturales.
Aportes para trabajar casos docentes como el expuesto
Para ello será necesario la formación de cuerpos interdisciplinarios que coadyuven a transformar la escuela en este ansiado epicentro de acción social y comunitaria, articulando escuela, instituciones públicas, cuerpos y colegios profesionales, especialistas, familias y comunidad para hacer realidad este objetivo de: “Facilitar la construcción y el fortalecimiento de los ámbitos de trabajo multisectoriales y multiactorales (educación, salud, derechos humanos, infancia y juventud) para abordar la temática en todas las jurisdicciones.” Sin que ello implique establecer una policía del pensamiento sobre los docentes ni hostigación hacia sus más íntimas convicciones ni la consiguiente vulneración de sus derechos personalísimos.
El Programa Nacional de Educación Sexual es un programa ambicioso que posee una profunda mirada social sobre las necesidades y el desarrollo de niños, niñas y adolescentes y la función socializadora de la escuela para ello. En la práctica para que este programa sea efectivo y fructífero es menester que la escuela sea un eje en la comunidad más allá de un centro de enseñanza y para eso es necesario un reordenamiento de la misma. No se puede pretender ser una institución gravitante desde lo social si sus actores no conocen otro ámbito social más que la escuela, es decir para transformarse en un lugar multidisciplinario más allá del aprendizaje de contenidos académicos, la escuela debe incluir en su seno a profesionales de otras disciplinas, más allá de los egresados de las carreras docentes. Así por ejemplo para optimizar el Plan Nacional de Educación Sexual será necesario redefinir el rol de los Equipos de Orientación Pedagógica ( los gabinetes de otrora) y reperfilar los roles de los profesionales que se desempeñan en el mismo. Es un buen momento para seguir ejemplos como el de Reino Unido, país que ha incluido profesionales de la salud mental en sus equipos escolares para abordar problemáticas como el abuso sexual, la violencia escolar, el bullying y el maltrato infantil.
De una manera integral, mancomunada e interdisciplinaria será posible cumplir los objetivos de Ley Nacional de Educación brindando calidad educativa e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional.