“I am hopelessly in love with a memory. An echo from another time, another place.”
— Michael Faudet
sheepfilms
No title available
art blog(derogatory)
DEAR READER

izzy's playlists!
almost home

ellievsbear

Love Begins
NASA

PR's Tumblrdome
RMH
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open

pixel skylines
No title available

Product Placement
Sweet Seals For You, Always
Game of Thrones Daily
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
Mike Driver

seen from France

seen from Türkiye

seen from United States

seen from Germany
seen from China

seen from Türkiye

seen from Malaysia

seen from Australia

seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from Saudi Arabia
seen from United Kingdom

seen from Malaysia

seen from Australia
seen from India

seen from Finland

seen from Türkiye

seen from Malaysia

seen from Türkiye
seen from United States
@letrasviajeras
“I am hopelessly in love with a memory. An echo from another time, another place.”
— Michael Faudet
Te sueño
Los sueños son una manifestación
una proyección de algo que llevamos dentro.
Sueño lo que llevo oculto
lo que permanece en mí.
Te sueño porque nunca me dejaste del todo.
Táctica y Estrategia. Mario Benedetti.
Estás acá
Estás acá. Llegaste a este espacio, a esta trinchera de palabras. Allá afuera nada es seguro, nada es estable.
Estás acá, protegido entre estas letras que te cuidan y te abrazan. Allá afuera hay simbronazos, hay dolores que cantarán tu número.
Estás acá, donde la poesía te cubre con un manto lleno de espinas. Allá afuera te espera lo inevitable.
Estás acá. Quedate. If you dare.
“Una vida más verdadera”. Inés Garland.
El brote
Sobre la importancia de saber dónde llorar.
En los últimos doce meses lloré como nunca en mi vida había llorado. Uno de los lugares donde más lloraba era en el balcón de mi casa. El aire fresco de los meses de otoño e invierno me despabilaban, y la vista abierta y el verde aquietaban mi mente. El balcón también era un buen escondite, como un refugio. Nadie me veía llorar, nadie me preguntaba el por qué. Desde el balcón volaba un poco, Imaginaba qué era lo que sucedía dentro de las casas, me preguntaba si alguien más estaría llorando ahí dentro o si, tal vez, tenían motivos para celebrar.
Entre pensamiento y pensamiento, recordaba que en el balcón había plantas y flores que debía regar. Hasta ese día nunca imaginé la importancia que tendria para mi regar esas diez plantas. Esa rutina se había convertido casi en mi única responsabilidad. Si yo las regaba, ellas vivían.
Una noche de abril se levantó una fuerte tormenta, una de esas que asustan hasta a la misma oscuridad. Sentía que las cosas se movían de aquí para allá en el balcón. Me asomé y, entre todas las cosas que habían caído, estaba una de mis plantas. Inmediatamente abrí el balcón y, como pude, la levanté y la entré. Su tronco estaba partido. En una mano tenía la maceta y en la otra gran parte de la planta. Entre penumbras y relampagos intenté atarla, creyendo que tal vez sería una solución. Pero no. La planta estaba aparentemente muerta.
Al día siguiente acomodé y limpié el desastre que había quedado en el balcón. Era una escena lógica luego del viento y la lluvia.
Era una escena muy similar a lo que veía en el espejo luego de tanto llorar. Simplemente no me reconocía.
En el suelo había tierra, una lata con broches, las reposeras...todo estaba dado vuelta. Acomodé las plantas y macetas en el lugar que estaban, incluso aquella que ya no tenía verde. En ese momento pensé en tirarla pero no tenía energias para bajar cuatro pisos hasta el canasto y decidí dejarla ahí, donde estaba y no estaba a a vez.
Pasaban los días y yo seguía refugiándome en mi balcón. Me sentaba en un banco de madera bajito, desde donde podia ver los techos ajenos y las nubes. Estaba cerca del suelo y de mis plantas. Mi mirada iba siempre a la planta sin verde. Me preguntaba si estaba viva, si sentiría el frío, sino sería conveniente sacarla de una vez. La planta estaba exactamente igual que aquella noche.
Muchas veces me preguntaba lo mismo sobre mi persona ¿Estaré viva? ¿Estaré muerta? ¿Será verdad lo que estoy viviendo?
Lo cierto es que algo me decía que no debía deshacerme de ella. La regaba igual que al resto. Le regalaba los restos de frutas, verduras y cáscaras de huevo con la intención de nutrir su tierra. Era donde canalizaba la esperanza de que las cosas, aún en las peores circunstancias, pueden mejorar.
Me veía reflejada en su no belleza, en su aparente fortaleza. Estaba de pié pero rota a la vez. Sus raíces estaban firmes pero su apariencia no era la de siempre. Cada vez que veía aquella planta, me veía un poco yo.
Los meses pasaron. El invierno se fue suavizando y resultaba agradable salir al balcón. Lloraba un poco menos pero no lograba recuperar la alegría. Lo que nunca había perdido en todos esos meses había sido la esperanza. Afortunadamente eso estaba intacto. Esperanza sobre aquello que me aquejaba, esperanza sobre aquella planta que no daba señales de vida pero tampoco de muerte.
Una tarde de noviembre, sentada en aquel banco, pude ver algo muy pequeño que asomaba del tronco que había quedado en pie. Me acerque y vi un brote en el extremo. Aparentemente en un nuevo brote. Aquello que parecía imposible en junio estaba sucediendo en noviembre. Aquello que el otoño destruía, la primavera lo reconstruía. Brotes de llanto, brotes de vida. Brotes al fín.
Su dolor no fue en vano.
Mi dolor tampoco.
Llorar y caer.
Brotar para ver.
Que todo pasa.
Una y otra vez.
Conurbano
Vivir en el Conurbano Bonaerense puede ser fatal. Sobre todo para alguien que siempre soñó con huir de esa celda llamada barrio.
Ella se levantó como todos los días de la semana, pasadas las 8 de la mañana. El sol recién asomaba y la niebla de otoño le extendía la vida a la madrugada. Se puso un buzo viejo, las pantuflas y se dirigió hacia la cocina, medio a los tumbos. Puso la pava en el fuego y casí automaticamente siguió camino al baño.
Luego de lavarse la cara y recogerse el cabello, preparó a paso lento el desayuno.Llenó el mate con yerba hasta la mitad y dejó el termo abierto para cuando el agua este lista. Mientras espera a que eso ocurra, enciende su celular y, para su sorpresa, tenía más de una notificación por leer.
“Que raro...”.- pensó ella. “¿Habrá pasado algo?”.
Abrió su correo electrónico y, entre los correos con cupones de descuento y avisos de búsqueda laboral, encontró un mensaje cuyo remitente la paralizó. Frotó sus ojos para corroborar que estaba leyendo bien. Se sentó en la cabecera, de espaldas a la ventana, y comenzó a leerlo con el ceño medio fruncido.
“Hola, cómo estás? Imagino que te sorprenderá este correo pero sentía que debía enviártelo. Hace una semana me casé. Lo hice con la chica con la que salí todos estos años. La que te comenté en uno de nuestros últimos mensajes. No se por qué, sentí que debía decirtelo. Saludos y espero te encuentres bien.”
Blanco.
La pantalla se puso en blanco. Sus ojos iban y venían sobre el texto, pero todo se tornaba borroso a medida que los ojos se llenaban de lágrimas. De repente, ese estado de parálisis se rompió con el hervor furioso de la pava. Corrió la pava del fuego. Se quemó. La soltó bruscamente sobre la hornalla. El agua caía lentamente y cubría las hornallas.
Insultos. Esas fueron las primeras palabras en voz alta del día. Insultó nuevamente y esbozó un “no puede ser...” Vuelve al mensaje. Le tiemblan un poco las manos y su corazón comienza a latir de forma irregular y acelerada, como si el aire escaseara. Esa sensación es conocida para ella. Es como si fuera a morir en ese pequeño habitáculo sin posibilidad alguna de pedir ayuda.
Uno de sus grandes amores acababa de casarse. No era cualquier persona. Era, ni más ni menos, que el protagonista de varios de sus llantos y de sus sonrisas. Ellos habían sido ese amor que todos quisieran tener: con rutas, vuelos, pasillos de hoteles y estaciones de tren. Había sido un amor de esos que jamás llegan a ser y que tampoco prentende serlo. Sin embargo algo de ella estaba desmoronándose.
Corrió hacia la habitación y se calzó el primer par de zapatillas que encontró dentro del placard. Agarro su camperón gris con capucha, se lo puso arriba del pijama y salió a la calle. Necesitaba respirar. Necesitaba que el frío del otoño perfore los poros de su piel y aquiete su respiración.
Comenzó a caminar sin rumbo por las calles del barrio mientras lloraba como se llora cuando alguien no quiere ser visto. Las lágrimas saltán del lacrimal del ojo casi sin pasar por las mejillas. Se sentía encerrada en sus propias decisiones, en su destino.
Caminó sobre las baldosas gastadas y flojas de la cuadra. Se percató que conoce de memoria cada vereda de cada vecino. Una señora la saludo, pero ella prefirió no levantar la vista. Pensó que con la capucha tal vez no la reconocerían pero fue en vano.
De pronto escuchó a lo lejos el llamado de un carro chatarrero.
“Compro heladeras, lavarropas, chatarras viejas señora.
Televisores, puertas y ventanas viejas señora”
Se detuvo. Miró alrededor y recordó, como nunca antes, que estaba en el Conurbano. Justo ahí, donde las vecinas barren las hojas y la zanja del cordón. Donde el afilador toca un silbato para darse a conocer. Donde no hay amores de verano, ni de otoño ni de invierno. Donde la siesta paraliza y la noche huele a sopa. Ella estaba ahí, en el lugar del cual siempre había querído huir y nunca se animó. Ella estaba ahí.
El chatarrero se escucha cada vez más cerca y eso acrecienta su angustia. El barullo la aturde un poco pero se dirije hacia él, con toda la intención de pedirle que deje de gritar. Ya a unos metros del carro, escucha nuevamente los gritos por el audífono:
“Compro heladeras, lavarropas, chatarras viejas señora.
amores del pasado, sueños frustrados señora”
¿Amores del pasado? ¿Sueños frustados?
“¡Acá señor! ¡Acá yo vendo!”
El chatarrero acerca el carro al cordón a paso lento.
“Yo tengo un amor del pasado y un par de sueños frustrados también. Lo que pueda darme estará bien”.
“No se de que me habla señora. ¿Tiene chatarra?”
“Si, justo acá en el pecho. Un manojo de escombros que me retuercen el corazón.”
El chatarrero miró a su alrededor buscando la mirada cómplice de alguna vecina conocida. Tomó las rindas de su caballo y avanzó.
Forever never lasts forever.
Michael Faudet (via michaelfaudet)
Salomé 🥀
Sin previo aviso
Ana Susana Gómez había fallecido hacía 5 meses. Su corazón decidió detenerse sin previo aviso y en soledad, la tarde de un 17 de enero.
A partir de esa fecha, Oscar Raul Casares se convirtió en viudo. Todo era nuevo para él. No sabía por donde comenzar. Las mañanas eran una puja entre su dolor y su deber. Sentía que el canto de las chicharras lo aturdían y por la piel transpiraba las lágrimas que no podía llorar.
No podía ver las prendas y los objetos de Ana desparramados por la casa, tal como ella los habia dejado aquella tarde. Decidió entonces comenzar a ocultarlos en bolsas para convertirlos en invisibles, para liberar al unico sentido que lo conectaba con su mujer recientemente fallecida.
El calor era insoportable y Oscar estaba empecinado en terminar su tarea. Le llevó cerca de 7 horas y media ordenar los rastros de Ana y de su reciente dolor. Estaba todo dentro de bolsas de plástico, a excepción de algunons elementos con los que, por el momento, había decidido quedarse.
Se sentó en la mesa, acomdó el hule de plástico transparente y descansó un rato. Al rato tomó un vaso, abrió la canilla y lo llenó de agua. Estaba tibia, imposible de tomar. Se acercó a la heladera y abrió el freezer en busca de hielo.
Algo inesperado sucedió. Oscar se quedó inmovil y soltó el vaso, provocando un estruendo que sacudió la noche. Temblaba. El frío que salía del freezer pegaba contra su rostro, casi perplejo. Allí adentró, entre paredes de escarcha y cubeteras semi vacías, estaba la comida que sólo Ana sabía preparar.
En ese cubículo había pequeños recipientes, perfectamente rotulados: “milanesas de ternera”, “tortilla de papas”, “estofado”, entre otros. Estaban ahí sus repulgues, el sabor de sus milanesas y una porción de canelones que sobró de la última reunión familiar. Allí dentro Oscar abrazaba en profundidad a Ana, podía sentir sus olores, podía esucharla cocinar una vez más. Estaba ante la soñada posibilidad de cenar una vez más con ella.
Oscar se aferró con pasión a esa heladera. Los minutos pasaban y él no estaba dispuesto a abandonar es rincón. Allí estaba ella esperándolo para cuando él quiera encontrarla.
En un arrebato...
Oscar cierra la puerta y, una vez más, sin previo aviso,
desenchufa la heladera.
The call of the wild
Have you wandered in the wilderness, the sagebrush desolation, The bunch-grass levels where the cattle graze? Have you whistled bits of rag-time at the end of all creation, And learned to know the desert’s little ways? Have you camped upon the foothills, have you galloped o’er the ranges, Have you roamed the arid sun-lands through and through? Have you chummed up with the mesa? Do you know its moods and changes? Then listen to the Wild — it’s calling you.
Have you known the Great White Silence, not a snow-gemmed twig aquiver? (Eternal truths that shame our soothing lies.) Have you broken trail on snowshoes? mushed your huskies up the river, Dared the unknown, led the way, and clutched the prize? Have you marked the map’s void spaces, mingled with the mongrel races, Felt the savage strength of brute in every thew? And though grim as hell the worst is, can you round it off with curses? Then hearken to the Wild — it’s wanting you.
Have you suffered, starved and triumphed, groveled down, yet grasped at glory, Grown bigger in the bigness of the whole? “Done things” just for the doing, letting babblers tell the story, Seeing through the nice veneer the naked soul? Have you seen God in His splendors, heard the text that nature renders? (You’ll never hear it in the family pew.) The simple things, the true things, the silent men who do things — Then listen to the Wild — it’s calling you.
They have cradled you in custom, they have primed you with their preaching, They have soaked you in convention through and through; They have put you in a showcase; you’re a credit to their teaching — But can’t you hear the Wild? — it’s calling you. Let us probe the silent places, let us seek what luck betide us; Let us journey to a lonely land I know. There’s a whisper on the night-wind, there’s a star agleam to guide us, And the Wild is calling, calling . . . let us go.
Robert W. Service
CUANTO Cuánto tiempo hace que espera? Hace cuanto que se resignó? Sabrá cuánto tiempo le queda? Y cuanto tiempo realmente vivió? #buenosaires #cafetortoni #ciudad #argentina #coffee #cafe #cafenotable #fotopoesia #poesia #travel #travellife #instatravel (en Café Tortoni - Buenos Aires)
En seis palabras...
Hace dos semanas comencé un taller de escritura creativa. En ese espacio escribimos y leemos aquello que surge de cada ejercicio. En nuestro último encuentro trabajamos alrededor de lo que se conoce como “Six Words Memoir”. Consiste en un proyecto de Smith Magazine en el cual se invita a escribir historias en seis palabras.
La propuesta fue escribir en seis palabras historias sobre el amor y desamor en unos pocos minutos. Es increíble todo lo que se puede expresar en seis poderosas palabras. Esconden historias que pueden convertirse en largos relatos.
Aquí comparto algunas de las mías.
Al día siguiente él estaba ahí.
Abrochó mis botones. Luego los desabrochó.
Lloró. Lloré. Dormimos de la mano.
Despertamos sabiendo que vendría la distancia.
Él. Yo. Los trenes que partían.
Se cortó la luz. Nos miramos.
Pronto publicaré algunas más…
Palabras en tu espalda
Él sabía que ella se iría por la mañana. La abrazaba fuerte sobre su pecho con la certeza de una despedida inminente. Esta rutina de amor a distancia parecía no afectarles, o al menos sabían disimularlo ya.
Él le pidió un último favor: que le escriba con la yema del dedo índice una poesía en su espalda. Ella accedió.
Escribió sólo dos palabras.
“Tu boca”
Ella y Él [2° Relato]
Ellos se reencontraron un otoño. Siempre se reencontraban en otoño. Los días, los kilómetros, los pusieron otra vez ahí, frente a frente.
No hacia falta luz para ver que algo ocurría entre ello dos. Ansiedad, incomodidad, deseos. Luego de casi dos años se encontraban en la oscuridad de una ciudad desconocida para ella.
Era imposible ocultar su ternura, la de él.
Era imposible controlar sus deseos, los de ella.
El arrebato los encontró en el descanso de una escalera. Fue tan solo el preludio de lo que sería un encastre perfecto: el de su piel, la de él, y sus labios, los de ella. Sus ropas caían como hojas livianas. Se iban desarmando y amando con cada paso.
Por momento se detenían. Se miraban fijo para asegurarse que lo que estaba sucediendo era real. Ella sonreía. Él le preguntaba por qué lo hacía. Ella alegaba ser feliz. Él sonreía también.
Los suspiros parecían remolinos de viento. Todos eran hallazgos y descubrimientos en tierras conocidas. La cama intentaba contenerlos pero resultaba casi imposible. Ella se aferró a la espalda de él. Él la abrazó como en la última despedida.
Cuando todo acabó, se encontraron en el silencio absoluto, rodeados de una clara oscuridad. Acostados uno al lado del otro, desviaron sus miradas hacia puntos perdidos por temor a que sus ojos hablen. Había tanto por decir que no alcanzaría esa noche, ni ninguna otra.
Desde la ventana entraba la luz prestada de otras casas. Ella miraba el claro reflejo que descansaba sobre la nariz de él. Él fingía no darse cuenta. Hablaban de cosas carentes de sentido y trascendencia, pero, aún así, se escuchaban atentos.
Él jugaba a ser ciudadano del mundo, mientras escapaba por un rato de su propio destino.
Ella sumaba detalles a su colección, los clasificaba por nacionalidad, acento y sabor.
De repente se miraron. Sostuvieron esa mirada por unos segundos. Estaban perdidos pero encontrados una vez más.
Ella y Él [1° Relato]
El metro no esta repleto. Hay asientos libres pero ellos prefieren ir parados. Ella tendrá unos 30 años. Carga sus bártulos, que no son pocos. Él no tiene más de 25. La observa, mientras ella esquiva su mirada. Él la acorrala con algún que otro beso imprevisto. Se susurran. Sonríen. Todo parece indicar que él la despide a ella. A mi lado, una mujer los miran con recelo. Debe estar juzgando en silencio una diferencia de edad que es sutil, pero notoria. Él quisiera detener el tiempo. Ella quisiera detener el metro. Ninguno de los dos planearon esta despedida y no saben como disimular lo que sienten. Llegamos a destino. Se abren las puertas. Él toma las valijas de ella y las baja. Ella va detrás de él. Los sigo con la mirada. Puedo sentir el ruido de sus latidos furiosos. A medida que caminan, van cayéndose las palabras que no se animan a decir, las promesas que no saben si podrán cumplir. Son unos pocos instantes los que los mantienen juntos. Cuando ese avión despegue, volverán a sus rutinas de amores desgastados, de noches vacías. Él le enviará mensajes de buenos días por un tiempo. Ella se despertara sabiendo que encontrará un mensaje de él. Luego se escribirán un par de líneas, de vez en cuando. Se desearán a la distancia. Se extrañarán en las horas más solitarias del día y se preguntarán ¿Por qué?
Tal vez un día pierdan la cabeza y se pregunten,
¿Por qué no?
Allá arriba suceden cosas maravillosas. #sunset #atardecer #Argentina #verano #summer #instadaily #colour #goodnight (en Greater Buenos Aires)