Alley in satellite city
#phm#ryland grace#rocky the eridian#project hail mary spoilers



#dc comics#dc#batman#bruce wayne#dick grayson#tim drake#batfamily#batfam#dc fanart

seen from China
seen from United States
seen from Brazil

seen from Finland
seen from Belgium
seen from United Kingdom
seen from Brazil

seen from United States
seen from China
seen from China
seen from United Kingdom
seen from Türkiye

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States

seen from Somalia
seen from United Kingdom

seen from Sweden
Alley in satellite city
Perdida.
Parte 1.
Un día fui al centro a comprar unos pósters que me pidieron. Yo iba con la idea de volver pronto porque el lugar a dónde voy está súper cerca del Zócalo, pero con lo que yo no contaba era con que uno de mis némesis: la aglomeración de gente, estaba por aniquilarme.
Parte 2.
Llegué a la estación Zócalo sin ningún problema. Confiada comencé a subir las escaleras que te sacan del andén preguntándome por qué la gente se movía tan lento y no fue sino hasta que llegué a la cima que me di cuenta del caos y la destrucción. La estación estaba cerrada por las remodelaciones, unos tablones cerraban el paso dejando sólo un minúsculo pasillo por el cuál pasar hacia una sola dirección de salida.
Sin tener otra opción, me uní a la procesión de gente que se dirigía a la salida, aquello era agobiante. Entre sudor, calor, olores, empujones, tropiezos, mi cerebro comenzaba a sobre estimularse, pero tenía que aguantar, no podía ponerme mal en medio de esa masa deforme de gente.
Harta comencé a pensar que aquello era sumamente peligroso ¿Qué pasaría si se desata una avalancha humana? "¿Y si me pongo a gritar aquí?" Pensé "¿Y si actúo como loca argumentando mi neurodivergencia?" Claramente mi posición era más que vulnerable, iba en medio de todos, seguramente moriría aplastada, mejor no hago nada, morir aplastado debe ser una de las peores muertes que hay ¿Cuánto dolor hay que soportar antes de perder la consciencia?
Por fin, se veía la salida, quien sabe en dónde iba a salir, pero por lo menos saldría. Un escalón tras otro hasta por fin ver la luz del sol extendiéndose sobre una de las escenas más escalofriantes para mi frágil y agobiado cerebro.
Parte 3.
Salí en la estación que se encuentra a contra esquina del zócalo, alrededor había una multitud compuesta de compradores, vendedores, ociosos profesionales y gente que, no alcanzo a comprender la razón, decidieron salir a usar su tiempo libre para pasear por esos rumbos. De frente el zócalo cerrado, nadie podía pasar, a la derecha la multitud se aglomeraba para caminar sobre el pedacito de calle que difícilmente goza de libertad, el resto siempre está plagado de rejas que marcan el límite entre el palacio y los mortales y los militares y policías que permanecen en sus puestos a pesar del rallo del sol que les exprime el sudor.
Yo ya no podía volver, no había manera, ya estaba ahí, ya había llegado, tenía que continuar ¿Por qué debía dejar que algo tan irrelevante como una multitud me impidiera lograr mi cometido? "Tengo que poder, no puedo dejar que la ansiedad me gane, no puedo ser tan débil" pensé y me dirigí hacia la derecha para incorporarme a la multitud que caminaba como si tuviera grilletes en los tobillos de lo lento que avanzaban.
Parte 4
Avancé un poco. El primer obstáculo fue un hombre empujando a una mujer en una silla de ruedas. Empujaba hacia una dirección y hacia otra sin poder subir el escalón de enfrente que marcaba el inicio de la banqueta. A su al rededor todos pasaban sin consideración, estorbando, la tarea no era complicada, pero las personas pasando a su lado, a veces empujándolo sin poderlo evitar, lo hacían casi imposible. Me detuve un momento haciéndome a un lado para no estorbar, detrás de mí algunas personas hicieron lo mismo, pero el flujo de la gente era imposible de detener, todos querían pasar, alguien me empujó y me di cuenta de que no servía de nada quedarme ahí si nadie más se detenía. "¡Maldita sea!" Pensé, "me caga esta ciudad inhabilitable".
Continué mi camino, frente a mí no había tantas personas como había imaginado. Todo comenzaba a fluir más rápido hasta que llegué al embudo que servía como salida de esa calle, que rabia me daba ver a los policías del otro lado de la reja caminando sin molestias ¿De qué sirve dejar un minúsculo espacio que apenas y representa una banqueta? Estas cosas siempre me hacen recordar a los miserables: aunque los poseedores de riquezas ya no nos avientan monedas, seguimos siendo una masa de personas apretadas, tratando de abrirse camino frente a quien goza del espacio libre que compra su dinero.
El resto del camino hasta el local fue una serie de pasos llenos de rabia y frustración, la aglomeración no era la misma, pero las personas aparecían, una tras otra, esquivar, empujar, detenerse, pensar, esquivar, esquivar, cambiar de carril, empujar, detenerse, el olor a tacos es la señal, doblo la esquina, dos, tres, locales y el que busco. Entro. Subo. Frío. Silencio. Papel. Olor a papel por todos lados, no quiero salir de aquí.
Parte final.
Regreso a la calle, al sol, al olor a tacos a la gente, al embudo que había superado y tengo que quitarme los audífonos para escuchar una discusión entre una señora y una policía: "esta calle ya está cerrada, también la estación del metro, circulación no más panfrente". La señora se fue enojada y yo empezaba a entrar en negación. Frente a mí sólo veía una bruma formada de personas que se empujaban, "no, no puedo pasar por ahí".
Parálisis. Gente. Ni siquiera distingo los cuerpos, sólo es una masa deforme, personas entran y salen de esa masa, ¿A dónde voy? No tienes opción.
Avancé directo a la masa, alguien me empujó y casi me saca, pero me aferré y empujé; unos iban hacia atrás, yo iba hacia enfrente y chocábamos; el calor, el sudor, el olor de las pieles sucias, el olor de las bocas de aliento seco, el olor de la calle llena de basura, la piel ajena restregándose contra mi, el pecho de alguien contra mi espalda, un brazo empujando mi hombro, hombros enterrandose en mi pecho, mis pies avanzando casi sin sentir el suelo y salir, sigue caminando porque te tiran, camina, camina, busca un espacio para respirar, camina.
Mi cerebro se siente hinchado. Estoy harta, estoy cansada, sólo fue una tarea y siento que me muero, me falta el aire, mis entrañas se queman por el calor, el sudor no deja de escurrir por mi piel, los olores no dejan de golpear mi cara, el ruido y las voces perforan mi cerebro de cada lado.
"Ya no quiero hacer esto, algún día me irá mejor y esto solo será un recuerdo, un día mi trabajo se va a vender bien y tendré lo suficiente para no regresar... ¿Y si no es así? ¿Y si esto es todo lo que hay? ¿Cuántos años llevas repitiendo lo mismo sin que nada cambie realmente?"
Sentí un dolor en el pecho, el nudo en la garganta me hizo comenzar a llorar ¿Y si mejor lo aceptas? ¿Y si mejor aceptas que la vida que quieres no existe y esto es todo? Esto es tu futuro, ya llegaste y esto es lo que hay.
Caminé mientras lloraba. Estoy cansada. Cansada de intentarlo una y otra y otra vez. Como dice Julieta Venegas: no puedo volver a lo que era, desapareció. No existe la pianista, ni la escritora, ni la caricaturista, ni la gestora... Sólo existo yo y ya me cansé de intentar. Se acabó.
Sin poner mucha atención llegué a una avenida grande donde había muy poca gente, respiré aliviada. Seguí mi camino hacia el metro más cercano pensando que, al final, lo mejor que puedo hacer es seguir, aunque el sueño no se haya realizado y la vida ya no sea lo que yo un día soñé.
Mall center in Estado de México
Metro Station Instituto del petróleo
Cristo rey parish
Walking in the city