No puedes olvidar a los muertos
Era una tarde extraña en el deportivo. Algo en el ambiente hacía sentir que el cuerpo, especialmente los pies pesaban. Mis amigos salían del auditorio para encontrarnos con otros colegas en las canchas de beisbol. El sol comenzaba a esconderse. La persona que nos custodiaba volvería pronto. Un hombre de corte militar revisaba una lista para confirmar que los presentes fueran registrados nuevamente. Algo sucedería a las ocho. Debíamos salir de ahí tan rápido como fuera posible pero Rodrigo debía encontrar a su prima. Íbamos tomados de la mano para no separarnos entre la multitud. A lo lejos, Gustavo nos hizo una seña para que saliéramos por un agujero improvisado oculto entre los arbustos del campo de beisbol y el parque.
Hasta ese momento habíamos librado a los hombres de las libretas cuando una detonación rompió el silencio. Comenzaron a escucharse alaridos. Una detonación de arma regresó por unos segundos el silencio pero apenas reaccionamos los gritos comenzaron a ser más.-
-A comenzado, debemos encontrarla. Tendremos que volver a dividirnos. La voz de Gustavo fue interrumpida por una detonación más fuerte, esta vez algo parecido a una bomba. Con el sonido nos envolvió una nube de escombros. Algo golpeó mi brazo. Ya no sentía la mano de Rodrigo, ni podía escuchar sonido alguno. Entre la nube y la confusión algo jaló mi otra mano. No podía entender lo que pasaba.
-Debes dejarlos o morirás. Aquella cara era la de un muerto. Uno que había enterrado hace tiempo. Debo estar muerta, pensé pero tan pronto comenzaron a regresar mis sentidos escuché su voz. Me pregunté si sería alguien demasiado parecido para hacerme pensar en la resurrección en un momento así. Indudablemente se sentía todo como un sueño. Yo quería que fuera un sueño. Esta persona me besaba y yo no podía reaccionar. Mis lagrimas escaparon de mis ojos pero no sabía por qué lloraba. Una noche anterior había pensado en él pero nada hasta esta tarde podía decirme que nos encontraríamos de nuevo.
-Como miérda, mis brazos lo empujaron.
-Puta madre, vete a la chingada, Rodrigo me jaló bruscamente. Tiene que ser una puta broma, vete a la chingada. Ese hijo de la chingada es inmortal o qué mierda.
Seguía sin entender por qué aquella sensación no parecía un sueño-













