RUTH, ELIOTH Y YO
Por Skoggangr
Hoy me masturbé pensando en ti.
No, espera, eso suena mal; parezco un engendro.
Empecé mis vacaciones forzadas con el tacto de tu mano suave en mi bajo vientre; ojalá hubiera conservado más de ti. Recordé la marea de tu cadera sobre mi cuerpo; la gravedad empujándote sobre mí al ritmo que nos imponías. Vi claramente la pequeña cicatriz de tu cirugía de apendicitis. Tu ombligo sexy. Imaginé tus gemidos mezclados con el sonido del viejo colchón. Los tiempos cuando parecía que me amabas igual.
Sonreí mientras me llenaban la memoria. Cuando nos conocimos. La primera vez que besé tus tiernos labios. Tu leve resistencia. La gente decía que no debimos ser más que amigos. Se equivocaban.
Sentí tu mano en mi cuello, mas áspera de lo que la recordaba. ¿Siempre fuiste así o el rencor y la muerte te han hecho hosca? Sabes que no fue mi culpa, ¿no?
Cuando estaba por terminar, vi sus ojos de juez cruel. Sus faros azules se han vuelto incómodos. Con ellos dirigió mi atención a la foto en el buró. Sonreías, como ya no haces desde hace tiempo. En los últimos días ya no sonreías así. Tus ojos eran tan tristes. No pude parar a tiempo y todo acabó con un desagradable escalofrío mientras me deshacía sobre mi vientre, con espasmos masoquistas. Unos pocos segundos de placer se mezclaron con unas náuseas que no abandonaron mi garganta en todo el día.
Al fin me queda el cinturón que me regalaste, ¿te acuerdas? El que era dos tallas más grande. Elioth lo mordió todo, pero aún funciona. Lamento el olor de la carta, el gato la marcó como un gato macho sabe hacer. Orina melancólica; creo que también quiere que sepas que te extraña.
Hoy escuché una canción perfecta para ti. Se llama I Hold Your Hand in Mine, de Tom Lehrer.
«I hold your hand in mine, dear
I press it to my lips
I take a healthy bite
From your dainty fingertips
My joy would be complete, dear
If you were only here
But still I keep your hand
As a precious souvenir...»
Tranquila, ya sé que no se te da el inglés y no la vas a traducir. Tú nunca harías algo tan sencillo por mí. Yo tenía que hacerlo todo.
Traduzco, para ti, aunque sé que no lo leerás:
«Sostengo tu mano en la mía, querida
La presiono contra mis labios
Le doy un mordisco saludable
A tus delicadas yemas de los dedos
Mi alegría sería completa, querida
Si tan solo estuvieras aquí
Pero aún así guardo tu mano
Como un precioso recuerdo...»
Bailé con tu mano delicada. Me haces tanta falta que le di un bocado. Tienes un sabor peculiar, quizá por el formol. No me gustó mucho, así que ahora prefiero guardar la mano en el cajón; aplicando tu perfume favorito cada noche.
Elioth bufó con fuerza, asustado o molesto, no sé. Él se acuerda de cómo lo recogiste de la calle aquella tarde lluviosa. Tal vez por eso me hirió en la mano. Igual que tú, se esconde cuando no quiere verme y desaparece del mundo.
Es como si fuera nuestro bebé; le heredaste los rasgos que más me desquiciaban. Como cuando llorabas y decías que te daba miedo. Y tiene esa forma de ser distante; como cuando decías “te quiero”, pero dejabas de salir conmigo. Como cuando mandabas mensajes lindos, pero casi no me besabas. Igual que el gato, te escondías en los recovecos de esta casa, que parece enorme con sus tres habitaciones y su patio trasero.
13 de marzo
Deseada Ruth:
Hoy estaba viendo el rosal de tu tumba. Mañana debería volver… pero ese trabajo te gustaba para mí, a mí no.
Supongo que por eso sembré rosas en tu tumba. Yo sé que no te gustaban especialmente, pero solo sé cuidar rosas. Creo que te gustaría verlas. Son flores sensuales.
Se parecen tanto a tu boca cuando consumías mi deseo. Esos pétalos rojos simulan perfectamente tus labios carnosos cuando usabas el labial que se comió Elioth.
No pude evitarlo. Ya traía la mano y, al ver los pétalos mi deseo despertó y tuve que hacerlo. Rítmico, constante, luego furioso. Desde que no estás aquí soy un sátiro. Yo pensaba en darte la carta anterior y acabé sembrando mi semilla junto al rosal. En tus labios vegetales. En esa mueca de asco de la última vez.
El puto gato, está obsesionado con joderme los momentos buenos. Desde que se comió tu lipstick va por la casa maullando con tu voz. Justo cuando mi disfrute llegaba al máximo gritó:
“Noooooouuuuu.”
Fue tan escalofriante que la vecina se asomó por la ventana y me vio. Nos quedamos mirándonos a los ojos. Se mordió el labio inferior con lascivia mientras me derramaba en el rosal. Le salió mal al gato.
Tu perfume llena la casa.
...But still I keep your hand.
17 de marzo
Maldita Ruth:
Ayer desperté con tu mano haciendo garabatos sangrientos en mi espalda.
Grité horrorizado. Entonces Elioth llegó a hacer de intérprete y dijo con un tono frío:
“No me besaste suficiente. Eres un desgraciado.”
Le lancé un zapato y él salió por la ventana. ¿La abriste tú?
Al ir a cerrarla la vecina me miró desde su patio. No sé interpretar su mirada. Hay una bruma empañando mi mente. No pienso con toda la cabeza. En mi lengua apareció una llaga extraña, desagradable visitante; las encías me sangran. Le di otro mordisquito a tu mano, sin que Elioth me viera, cerca de tu anillo de casada. Ah, sí, yo te lo puse, resulta que sí te quedaba.
A medio día llamó tu hermana. ¿Yo soy un desgraciado? Cuando le dije que me dejaste ella dijo que era normal. Cuestión de tiempo.
“¿Te acuerdas que te dije que no te convenía casarte con ella?” Su voz era burlona. “Le dabas lástima, pero no la calentabas como Mora.”. Se rio. “Dile que no venga para acá. Pero no creo que la vuelvas a ver, eres tan aburrido.”.
¿Aburrido? El pensamiento me hizo darle un buen bocado a tu monte de la luna, hasta casi llegar al hueso. ¿Alguien aburrido podría hacer eso, perra?
Ella no te conocía como yo. Cuando Elioth me encontró se rio de forma macabra, luego se escondió, pero escuché sus sollozos infernales resonando en toda la casa. Quise consolarlo, pero no me dejó tocarlo, no sé en dónde se escondía. Los sollozos parecían venir de todos lados. ¿Por qué son así conmigo?
A pesar de lo frustrante que es tratarlo, no le he hecho daño.
Puse tu mano en mi mejilla y lloré con el gato. No pude evitar darte otra mordida cariñosa y me traje entre los dientes un buen trozo de la palma.
Yo no quería. Tu perfume se expandió por toda la casa y me inundó la cabeza. Me mareé. El sabor amargo me inundó la boca. Tuve náuseas todo el día, pero no quiero devolver tu cariño. Me duele el estómago.
Hoy desperté con un zarpazo de cinco dedos en el pecho. La mano amoratada y con mordiscos descansaba a mi lado con manchas de sangre.
...I hold your hand in mine, dear.
Encontré el diario que le encargaste a Elioth esconder. Estaba recogiendo la casa, porque la peste es insoportable, me lo dijo Memo cuando me trajo una botella de whisky.
“¿Qué es ese olor, mano? En serio se va Ruth y te hundes en el lodo como un pobre marica. Es una mujer más. Ya volverá. Vamos a recoger aquí.”
Elioth se la pasó riendo, viéndonos a los dos borrachos dando tumbos recogiendo las cosas. No encontramos la fuente de ese olor a carne podrida, pero Memo quitó al gato de tu mesita de noche, se llevó un par de rasguños, pero al final encontró tu diario en el cajón.
«Extraño a Mora, como me lo hacía… era más pequeño, pero mucho mejor, a veces me acaricio pensando en él. Creo que estoy obsesionada con los recuerdos» «Elías a veces me aburre, es demasiado posesivo...». «Empieza a darme miedo... me apretó la mano muy fuerte cuando quise alejarme como siempre...». «Si me hubiera resistido más a ese primer beso quizá no estaríamos aquí, infelices los dos». «Lo quiero mucho, él siempre piensa en mí, no se me ocurre un mejor esposo… ¿pero querer a alguien es suficiente?...». «A veces odio como soy; él también debe odiarme...». «No quiero lastimarlo».
Elioth se reía, malvado, desde el patio. Memo se quedó callado, me compadece. Salí furioso a querer patear al puto gato. Se escondió en el regazo del rosal. Memo me quiso detener, pero estaba furioso. Lancé una patada ebria al rosal. Los brazos espinosos protegieron a ese engendro que bufaba. Deja de atormentarme, maldita bruja. ¿No entiendes que te amo? ¿No es suficiente?
Memo se fue. Las heridas de las espinas son profundas y se han infectado en la noche. Te adjunto algo de la sangre purulenta en la carta. Siento que te odio. Dejé tu mano encerrada en el cajón. As a precious souvenir. No quiero dormir contigo por un tiempo.
Hoy Memo me trajo otra botella pero no se quedó. En la mañana escupí una muela, mis encías duelen. Al asomarme por la mañana me encontré con la vecina sonriente.
La vecina está más loca que tú. Se llama Carlota, viste de negro y rojo y le gustan las cosas oscuras, en especial si tienen que ver con sexo. Carga pentagramas y piedras en pulseras y anillos.
Esta tarde ha venido a visitarme con el pretexto de recoger una cuota vecinal para construir un tope. No quería dejarla pasar porque el olor en la casa es insoportable; solo el gato y yo estamos lo suficientemente acostumbrados. Además Elioth se ha vuelto un maldito parlanchín. Cuando le pregunté a Memo si lo escuchaba, con cara preocupada me preguntó si estaba bien.
Como sea, en cuanto ella entró a la casa, me acarició sobre el pantalón y me dio un beso con una premura que me santiguó todo el cuerpo. Hace mucho no me sentía deseado. Es como que al verme al espejo todo lo que veo es un hombre indigno de amor. Por eso los he escondido.
Sin embargo, mientras la poseía en la sala, no pude evitar verme reflejado en la pantalla de la televisión, ese espejo negro.
En el patio, el gato susurraba blasfemias que no comprendía, que me llenaron pavor a penas mitigado por el placer de sus fluidos recorriendo mi cuerpo. Ella parece escucharlos.
Mientras Carlota se deshacía de placer empezó a rezar letanías extrañas mientras tu mano golpeaba de forma rítmica el cajón mientras el gato aumentaba el volumen de sus conjuros. Fue un momento aterrador.
“Me gusta ver como te masturbas en el patio” dijo ella y no pude detenerme.
He quedado de verme de nuevo con Carlota.
¿Has visto a Elioth? Creo que me evita.
Vamos a ver películas de terror. Quería traer una ouija, pero temo reveles nuestros secretos y lo arruines todo. A veces eres muy cruel.
Tu mano golpea con furia el cajón, pero no te he perdonado. Ya no estoy seguro de que nosotros fuéramos felices si no fuera por ese veneno. Aquí nadie parece extrañarse de que no estés. Simplemente era algo que todos esperaban. Los odio.
Memo vino a traerme más alcohol. Es de esos hombres que creen que mientras menos pienses durante el duelo más rápido sales de él. Si se diera cuenta de que quedo con Carlota se sentiría más tranquilo, pero es algo solo entre ella y yo.
Te prometo que no ha sido culpa mía.
Primero hizo un fuerte rasguño a Carlota luego de nuestra ración de sexo desenfrenado; yo reaccioné sin pensar. La película tenía escenas de sexo y ella empezó a chuparme como si fuera un caramelo, sin que se lo pidiera. El olor de su sexo desnudo inunda la habitación y acalla el perfume de tu mano putrefacta. Ese perfume no parece molestarle a ella. He golpeado al gato en un arrebato de ira.
Te juro que yo no quería. Estaba muy asustado cuando vi al animal con el espinazo roto, gimiendo. Preguntaba: “¿Por qué?” “¿Por qué?” “¿Ya no nos amas?” “Siempre quisiste matarnos.” “Nos dabas miedo.”
Carlota se levantó, recitó algo en otro idioma y le retorció el pescuezo mientras yo hiperventilaba mirando sus azules ojos. Esa llama azulada se quedó quemada en mi alma mientras la vida se le extinguía.
No sé por qué abrí el cajón donde tu mano inerte yacía entre líquidos de putrefacción y gusanos. Al ver la luz se ha retorcido de forma espantosa lanzando unos pocos jirones de su carne raída. Era asqueroso.
Carlota no reaccionó. Creo que ni siquiera se dio cuenta de los movimientos siniestros en la huesuda mano. No te tiene miedo.
Me sonrío y me dio un beso profundo. Fue a su casa por una cajita de madera donde pusimos al gato y la mano. Me ayudó a hacer un agujero en tu tumba bajo el rosal. A mí tus garras terribles llenas de espinas me arañan siempre que me acerco… hasta pensé que ella te agrada.
El olor a muerte ahora parece salir de mi boca. Antes de acostarme de nuevo con Carlota para celebrar escupí otra muela.
2 de abril
Linda Carlota:
Parece que no puedo ser feliz.
Cuando me desperté vi tus ojos opacos viendo al techo con horror y la mano huesuda de Ruth aferrada a tu garganta. Tu boca era un rictus horrible que me dio escalofríos.
He ido a comprar un rosal blanco.
Elioth estaba sobre el buró viendo la escena complacido. Su hocico muerto susurraba burlas espantosas. Me reí con él.
Se puso mis zapatos para hacerme creer que fui yo el que los desenterró, pero no te dejes engañar.
Limpié las pisadas de barro de la entrada trasera.
¿Alguien sabía de lo nuestro? Yo creo que no. Espero que no.
Te amo tanto que quiero conservarte conmigo. Necesitaba un amuleto que me proteja de la maldita obsesión de Ruth. Te juro que voy a cuidarla mucho. Tu mano izquierda es hermosa.
Atrás tengo espacio. Voy a sembrarte bajo un rosal blanco.
«I hold your hand in mine, dear
I press it to my lips
I take a healthy bite
From your dainty fingertips
My joy would be complete, dear
If you were only here
But still I keep your hand
As a precious souvenir».