Llevo dos semanas con una tristeza infinita.
La he intentado animar, es fácil camuflarla.
Hay muchas cosas que me hacen feliz,
pero hay tiempos muertos,
momentos de nostalgia absoluta,
Soy feliz el resto del tiempo,
aunque a veces se cola en la sala de profes, en la micro, en mi pieza,
cuando camino por la calle.
He marchado y lo he hecho con agonía.
Me comí un libro y lloré tres veces en un silencio aterrados.
Si hago lo que me gusta por qué mierda me siento así.
La gente lo nota en enojo, en otro aire,
pero es tristeza, es nudo en la garganta y en el pecho,
se extiende a las manos y al maldito ceño que por más que le hecho crema, está ahí, convertido en una línea de carretera.
No deseo el miedo a la oscuridad, no deseos sus caras hipócritas, imbéciles, poco productivas, incluso yo, llena de dudas.
Espero y hago cosas para que pase, incluso no hacer nada, aunque las responsabilidades llaman.
Maldita y puta tristeza, abúrrete.