kwntae:
Esta era la guinda del pastel. Literalmente. La guinda del trozo de pastel que había comprado había caído trágicamente al suelo cuando Taeil intentó abrir la puerta del local para salir, pero no contó con que alguien hubiese empujado de esta desde afuera, haciéndolo tropezar y ver la fatalidad del destino de su guinda. “Era tan joven, tenía una vida por delante".
Se lo había llevado por delante, a lo bruto. Porque el aire danés había decidido revolverle los cabellos y cubrirle el rostro con cortinas rubias justo en el momento en que intentaba entrar a la cafetería, golpeando algo sólido que habló al instante. Elissa quiso morir de vergüenza allí mismo, llevándose las manos a la boca para controlar un pequeño chillido. “Ay, Santos.” soltó. “¡Ay, cómo lo lamento! No sabe lo mucho que lamento eso.”









