Crónica de supervivencia hospitalaria
Pasaje de un día lleno de frustraciones, que con un poco de café e ironía creativa conjunta termino en una chistosa queja:
Me acerqué al hospital el día de hoy con la loca esperanza de averiguar cómo tramitar un certificado de salud mental. Gran error el mío: pensé que con DNI, buena voluntad y algo de orientación, lo lograría. En lugar de eso, viví una pequeña odisea que, aunque no figura en ningún protocolo médico, debería considerarse como prueba de estabilidad emocional (porque no terminé llorando en medio de los pasillos, lo cual es un logro).
Fui de pabellón en pabellón siguiendo instrucciones a medias, con personal que, con solo una mirada, me comunicó que no era bienvenida. Algunos no hablaron, otros solo señalaron vagamente, y una sola alma amable me indicó algo útil. Al llegar a admisión (guiada más por la intuición y el instinto de supervivencia que por letreros claros), me dijeron que ya no atendían porque eran las 10:54 a.m. y el horario terminaba a las 11:00 a.m. Al parecer, los seis minutos restantes no aplican para quienes no somos “preferenciales”, aunque en el letrero no se especifica a qué se refiere esa categoría mística.
Entiendo que el personal puede estar cansado, pero si yo —ciudadana común, contribuyente, profesional que solo quiere cumplir un requisito para trabajar— tengo que pasar este calvario solo para averiguar cómo tramitar un certificado, imagino lo que viven a diario personas mayores, con problemas de salud o sin acceso a información.
Por ello, recomiendo con humildad (y un poco de sarcasmo), que:
Evalúen implementar un mapa del hospital versión “a prueba de estrés”.
Capaciten al personal no solo en procesos, sino en el difícil arte de no parecer molesto con la existencia ajena.
Y ya que estamos pidiendo certificados de salud mental, ¿por qué no incluir a quienes atienden al público? Dicen que la empatía es contagiosa, y creo que hace falta que alguien se resfríe.
Sin más, dejo constancia de mi experiencia para que no pase desapercibida… y porque reírse un poco también es salud mental.











