El oro a extraer se perdió, se perdióooooó, por mucho tiempo Se perdió En las fauces del populacho Del miserable pueblo Que se cree soberano. Mientras una cortesana Vestida de alhajas, fundida en placeres Saca cuentas en el cielo Y el dolor sigue de duelo. No hay acordes celestiales Para tanto detrito en las calles El barrio elegante de Paris Y el banco de Londres hiede A tinta y papel, a sudor en wahllstreet Y los rotos, el perraje ignorante La ralea de hambrientos tienen La veleidad de sentarse Con leyes concubinas En la preciosura, el refulgente El idolatrado, el adorado El divino oro nuestro de cada dĆa.
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