¿Por qué pasó lo que pasó?
La semifinal frente a Lanús por Copa Libertadores 2017 es un hito que quedará en la historia de River Plate. En la historia negativa, claro está. Así como se habla o se recuerda la final perdida a manos de Peñarol en 1966 o lo que pasó en 2008 frente a San Lorenzo, el 31-10-2017 dejará una huella traumática en la memoria de todo riverplatense.
Tratar de entender qué fue lo que sucedió significa hacer hincapié en dos cosas fundamentales: por un lado, en los errores de River a la hora de manejar un partido que parecía dominado y liquidado; y por otro, en las decisiones arbitrales que permitieron a Lanús recomponerse de una una situación extrema y delicada. Y si bien en este espacio de opinión se intenta evitar puntualizar de forma exclusiva sobre cuestiones arbitrales debido a que la propuesta es posicionarse un poco más allá, al menos, de la mediocridad hegemónica, la incidencia de aquellos que impartieron justicia dentro del campo, tanto en la ida como en la vuelta, fue superlativa y alevosa.
Haciendo memoria de manera rápida, solo recuerdo un partido en la era Gallardo similar a este: la vuelta de los cuartos de final de la Copa Sudamericana 2014. En aquella serie River había ganado en La Plata el primer partido, mientras que en el segundo se puso rápidamente en ventaja. Sin embargo, el Pincha convirtió los goles necesarios para pasar de fase en pocos minutos. Los fantasmas de los recurrentes fracasos en copas internacionales aparecieron. Sin embargo la desazón fue solo momentánea. River dio vuelta el partido con gran autoridad y pasajes de buen fútbol. Luego, pasó lo que ya todos sabemos y guardamos en lo profundo de nuestros corazones.
Traigo este ejemplo porque sirve para entender, para teorizar al menos, qué le faltó a River en el sur del Conurbano. Creo que se estaba haciendo un buen partido, similar al del Monumental, por lo menos hasta la salida de Enzo Pérez (pieza clave del funcionamiento general del equipo). Ese fue el primer quiebre. Que fue potenciado con la llegada del tercer gol en contra a los pocos minutos de su salida. Y fue a partir de allí que River no tuvo ningún tipo de reacción ni rebeldía para detener los avances de Lanús que, agrandado, creía en la hazaña.
Pasar de un 0-2 a un 3-2 requiere que, a pesar del árbitro (luego hablaré de eso), hayan habido errores inadmisibles para este tipo de instancias: tanto en el primer como en el segundo gol hubo groseros errores defensivos (en los que están involucrados desde el arquero hasta los medios) que le otorgaron al rival la posibilidad de pensar en dar vuelta el match. También hubo errores arriba, debido a que se desperdiciaron un par de jugadas que podían haber sido el tercer gol millonario. Sin embargo, lo más llamativo fue el hecho de que River no mostró esa faceta que siempre lo caracterizó en estos cruces, me refiero a esa personalidad y solidaridad colectiva que siempre emergió cada vez que intentaban llevárselo por delante. Eso no apareció. Nadie pudo hacerse cargo emocionalmente del partido ni hubo un jugador emblema, capaz de contagiar al resto a través del fútbol o a través de la garra. Ese fue el principal problema de River: perdió el duelo emocional (y luego el futbolístico). Por primera vez en la era Gallardo vi a un equipo derrotado antes que suene la campana.
Para que suceda eso algo debió pasar. Y aquí entra en escena el árbitro, el VAR y la Conmebol. Si tomamos los 180 minutos, la video-asistencia debió haberse usado, al menos, cuatro veces: en la ida (1) empujón a Scocco en el área; en la vuelta (2) mano de Marcone dentro del área; (3) piña de Martínez a Rojas y (4) foul de Montiel dentro del área. Solo se utilizó una sola vez. Solo para un equipo. Pura discreción ¿pura alevosía?.
No soy de los partidarios de las historias conspirativas, pero lo de ayer fue un verdadero escándalo. De movida ¿por qué Conmebol habilita una prueba piloto de este sistema en una instancia tan decisiva? Raro. El resto queda en las manos y en la conciencia del árbitro que se pudo haber equivocado en la interpretación o no pudo haber visto la atajada de Marcone, pero ¿por qué no se apoyó en el VAR? ¿por qué no le avisaron que fue mano? ¿por qué nadie dijo nada sobre la agresión a Rojas? Raro. Muy raro.
La espina de esta serie será difícil de digerir, como dijo Gallardo. No solo por como se dio el resultado, sino por la sensación de injusticia y despojo absoluto que experimenta todo el país menos algunos. Dicha sensación se potencia debido a la manera en la que se dio el resultado. Si Lanús hubiese ganado en buena ley (es un buen equipo y estaba en condiciones claras de dar vuelta la serie) hoy se experimentaría una bronca inmensa, pero nada más. Se haría una crítica de qué se hizo mal, qué habría que cambiar, etc. Pero como el resultado estuvo descaradamente influenciado por las decisiones/omisiones del árbitro, la bronca adquiere, entonces, matices enormes de impotencia y de profunda tristeza.
Sin embargo el domingo hay una chance de redención. Esta derrota debe exorcizarse rápidamente para que no crezca dentro y cause daños insospechados. Es por eso que el domingo estaremos ahí, parados en el hormigón, porque a River lo seguimos a pesar de todo: en la buenas y en las malas, podrás contar con esta hinchada que gritará y alentará de corazón siempre.