#2 – Los caprichos del patrón
Ayer estuve testeando a hinchas de ambos bandos. La mayoría prefería no enfrentarse. Eso me dejó un poco más tranquilo porque me di cuenta que no estoy solo en este estado de desorden y confusión emocional. Sin embargo se nubló todo cuando amanecí.
La TV, a los gritos, se empeñaba en leer una y otra vez el caprichito del patrón de la estancia argentífera. El malestar volvió y no solo por eso. En el mundo virtual circulaban teorías conspirativas de todo tipo de hechura, muchas de las cuales son tan tentadoras que uno les puede terminar dando la razón. Pero falta mucho todavía y enredarse en los hilos del complot universal tan temprano es extremadamente perjudicial.
Luego habló mi único héroe en este lío. Dijo palabras de rutina, no lo que siente, sino lo que debe. Y está bien ¿qué va a decir? ¿que los gordos de traje se vayan todos a la puta que los parió? Pidió disculpas, pidió paz y ya. Aunque recalcó algo muy importante. Lo que viene, que espanta e ilusiona a la vez, es la posibilidad de escribir una nueva página en la historia y no, como quieren instalar, un gran liquido corrector que anulará lo conseguido hasta aquí. Lo ganado (y lo perdido) bien ganado (y bien perdido) está. Todo lo sólido no se desvanecerá en el aire.
En paralelo y a través del éter, el Rey Maurizio confirmaba que ambos clubes deben preparase para agasajar a algunos pocos miles de invitados. Que él lo soñó así y que le encantaría que sus súbditos le otorguen ese gustito, por favor, por Juliana y por Antonia. Esto, luego de que, muy pocas horas antes, la ministra maldición confirme que cualquier vecino tiene derecho a armarse si es que así lo dictamina su corazón, en pos de cuidar y velar por el prójimo.
¿Habrá imaginado Soriano, por ejemplo, algo así alguna vez? Tal vez sí, pero seguro le pareció demasiado fantasioso como para escribirlo en un cuento.
@nicolinov














