No eres de esas mujeres que suelen llorar, de esas que desbordan su rostro con lágrimas y yo no soy de esos que suelen huir, de esos que suelen correr.
Lamento decirte que me perdí con esta lista enorme de instrucciones, de consejos no pedidos, con todos mis pecados acusadores, entre tantos planes arruinados y con la tristeza de lo sueños que terminan prematuros. Escapo de esta vida que me echa en cara mi fracaso.
Estoy recostado en el colchón donde hicimos acrobacias que ya no repetiré pues me harte de la falsa publicidad del amor, de toda esa sobredosis de mentiras.
Me da pereza continuar, tengo flojera para caminar hacia una nueva relación, pretender ser un buen partido, fingir ser la persona adecuada, competir por ser alguien que aparenta valer la pena y quisiera volver a sostener tu cintura y poder liberarme de esta nostalgia.
Estoy cansado, cansado de sonreír para intentar sanar mis heridas, perdí los ánimos de vestir mis labios con besos huecos que saben a soledad.
Me dueles, dueles mucho, no se donde me perdí y ahora no logro encontrarme a pesar de seguir siempre en el mismo lugar.
Quise invertir en ti todo mi ser y te perdí, me perdí y nada tengo ya.
No quiero estar con alguien más, no pretendo buscarte en otra piel, no deseo pronunciar otro nombre, revolcar mi pasión solo por necesidad.
Solo quiero huir, escapar de esta broma actual en la que se convirtió el amor.
Quisiera volver, pero no, voy a tomar mi camino con una mochila llena de nuestras locuras y montaré esa moto que nos hizo libres, seré un cínico fugitivo, pretender ser libre e inmune a la falta que me hace tu cuerpo.
No quiero ponerme a la venta con la esperanza de encontrar un dueño. Tú sabes mejor que nadie que soy demasiado idiota para armar una estrategia amorosa, suelo entregar lo poco que soy y no puedo ser lo que se esperan que sea. Por eso hoy acepto mi soledad, me abrazo a ella como el náufrago que se aferra al único trozo de madera que encontró en el mar.
Te digo adiós y me convierto en silencio.