carmesí que resbala hasta piedra roba atención aunque él intente vestirlo de descaro. azulados observan con esa calma quirúrgica que disecciona hasta gestos mínimos ; entrecejo se contrae con cierta incredulidad, porque imagen no encuentra lugar en donde debilidades son oportunidad más que algo que sostener, y sin embargo, algo desconocido se enraíza adentro, traición mínima que no se concede en voz alta. se mezcla con cólera posterior, estatua satírica de alguien que, para enorgullecerse del glacial que puede volverse, no logra hallar núcleo que la estabilice. ‘ ——¿quebrada? ’ voz baja asomada al abismo del temblor, entonación modulada como quien saborea palabra demasiado ligera para lo que presencia. pausa, azulados fijos en línea de antebrazo, en icor carmín que brota. anclarse al odio es mecanismo aprendido, y precisamente eso hace ; apaga todo lo que no sea él, antítesis y complemento, por ende, no es consciente del agua alrededor que no solo hierve violenta, también se eleva en espirales cual serpientes danzantes, enigma asalvajado guiado por algo demasiado conocido y aquello que no logra ponerle nombre. ‘ ————¿quién? ’ mano asciende una vez más, se detiene a un respiro de contacto, más no retrocede de nuevo, porque aunque quiera hacerlo, sabe que contacto sería imprudente. líquido transparente burbujea con más fiereza, sisea, y es entonces cuando cae en cuenta de accionar impulsivo / ciego. iracundia vengativa no se difumina, más provoca que agua retorne normalidad. silencio denso vibra un instante. ‘ ———hay que tratarte. ’ sentencia baja, cortante, disfrazada de orden más que de preocupación, aunque en grieta del tono lata algo que ni hierro ni hielo consiguen contener. es un murmullo lo que atrae trozo de tela limpia, misma que, con delicadeza inusual, posa sobre herida en intento de detener flujo vital.