Rocío luminoso saliente de tus parpados primaverales, cae en mi boca como la sangre de mis manos gastadas en la guerra cotidiana que perdí antes de encontrar una batalla.
Déjate caer en mis palmas bañadas en el carmesí de mi verdad, renuévate con mi juventud hechizada, antes de entrar al eterno bosque de la vida, de donde volverás envuelta en blanca divinidad.
Despiértame de mi sueño antes de que me marche a tu firmamento, déjame contemplarte en esta vida infértil, no dejes que mi sangre se profane en el olvido y que tus ojos vean la verdad que mi voz y mis palabras mezquinan.

















