Al escuchar sus palabras, su culpabilidad creció en su interior, y clavó los ojos en la marca roja que por lo menos seguiría allí durante un par de días. —Lo siento mucho… no pretendía hacerlo—. Murmuró, nervioso. Su cuerpo temblaba; no era tan solo el miedo a que la familia de Lucas se enterase de aquello, si no que él se enfadara por lo que había hecho. —Perdóname, no… no sabía que tu piel era tan sensible y se marcaría tan rápido—. Repitió, mirándole a los ojos con súplica en su mirada. Y en cualquier otro momento no habría dado mucha importancia a la situación, pero aquel pequeño ruloso le gustaba demasiado como para hacer algo que le dañara o causara algún problema.
Lucas le miró a los ojos, dándose cuenta de que Kellan parecía verdaderamente angustiado con la situación. Tal vez él había sido demasiado exagerado y le había asustado. --No, oye... no pasa nada, lindo --aseguró, apoyando su frente en la de él por un segundo. --Bueno, no. Sí que pasa, pero no tienes que sentirte tan mal por ello --insistió. Las manos del pequeño acariciaron su cuello y luego su nuca, subiendo hacia su cabello rubio. --No tienes que pedirme perdón, que yo no estoy molesto contigo --aclaró, enredando los dedos en los mechones. Le dio un besito en la nariz, esperando que se sintiese más relajado, y le sonrió de lado. --Pero necesito una excusa para explicarlo si me lo descubren, ya sabes. ¿Colaría que me picó un bicho? --.













