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—De Nueva York… pero, no es que no sepa usar una pala… no se para que fin…— Dijo mientras miraba la explicación de el otro y soltó una ligera y apenada risa tierna— Ok yo… perdona — Dijo mientras comenzaba a hacer lo que el chico le había dicho— Por cierto, mi nombre e-e-es Andrew… ¿Cual es el tuyo?—
--Ah, bueno... entonces haberte explicado mejor, chico--. Comentó, encogiendo uno de sus hombros. Se apartó el sudor de la frente con una mano y continuó con su trabajo, terminando con aquella parte para continuar por otro lado. --Yo soy Kellan, de Detroit--. Se presentó, torciendo un poco la cabeza. --¿Acabas de llegar?--.
Lucas le miró a los ojos, dándose cuenta de que Kellan parecía verdaderamente angustiado con la situación. Tal vez él había sido demasiado exagerado y le había asustado. —No, oye… no pasa nada, lindo —aseguró, apoyando su frente en la de él por un segundo. —Bueno, no. Sí que pasa, pero no tienes que sentirte tan mal por ello —insistió. Las manos del pequeño acariciaron su cuello y luego su nuca, subiendo hacia su cabello rubio. —No tienes que pedirme perdón, que yo no estoy molesto contigo —aclaró, enredando los dedos en los mechones. Le dio un besito en la nariz, esperando que se sintiese más relajado, y le sonrió de lado. —Pero necesito una excusa para explicarlo si me lo descubren, ya sabes. ¿Colaría que me picó un bicho? —.
Se sentía muy culpable por haber hecho aquello en el cuello del de rizos, porque sabía que si alguien de su familia lo veía traería muchos problemas, y por esa razón se mordisqueó el labio con lentitud, tragando saliva. Clavó sus ojos en los de Lucas, estremeciéndose por cada una de las caricias que el menor le regalaba, y soltó un suave suspiro por sus palabras. --Pero te ocasionará problemas. Y me los ocasionará a mi también--. Hizo una pequeña mueca, un mohín casi infantil, y finalmente asintió despacio. --Puedes decir que te mordió un caballo--. Bromeó, algo que le hizo reír suave. --No, es broma, no es tan grande... sí puede pasar por una picadura, o incluso un golpe sin importancia. ¿Sabes mentir bien, peque?--.
El menor y tal vez mas nuevo de ambos sonrió y sin mas que eso dijo- No… no tienes por que, se que soy irritante… pero procuro no serlo mucho- Sonrió y miro la herramienta que el oro chico le decía y fue a tomarla con ambas manos, no era un chico débil pero ciertamente nunca tuvo que agarrar una pala para nada- Pero…¿Como haces?, yo en serio…te juro que no se nada de eso… Y no quiero hacer nada mal, no quiero que te regañen o algo…-
--Puede que seas irritante, pero tranquilo, mi irritación no es por tu culpa--. Murmuró sin sonreír, porque realmente no tenía ganas de hacerlo. Alzó una ceja con suavidad cuando dijo que no sabía usar la pala y su ceño se frunció poco después. --¿De qué país vienes? ¿En qué mundo no se sabe para qué se usa una pala?--. Se permitió bromear, negando con su cabeza despacio. --Tienes que coger la paja que cubre el suelo y echarla sobre este montón de aquí. Luego tenemos que llevarla al establo--.
—No soy ningún bicho —protestó, mostrando una sonrisa de niño travieso. —Sólo no soy tan bueno como el mundo piensa —dejó caer, encogiendo levemente los hombros. No tardó en volver a esconder la cabeza, riéndose suavemente. —¿Eso quiere decir que si hago esto, te estoy excitando y dando placer? —cuestionó, dejando un beso húmedo sobre la piel. Lucas era un adolescente, tenía diecisiete años, y por más que le tacharan de inocente… no lo era tanto como cabía esperar. Era ingenuo la mayor parte del tiempo, sí, pero eso no le convertía en un estúpido, y mucho menos en una acelga asexual. Todo su cuerpo se estremeció cuando el mayor comenzó a besarle nuevamente el cuello, haciendo que dejase escapar algunas risas divertidas y nerviosas. Risas que se cortaron cuando éste se apartó y dijo aquello. —¿Qué pasa? —cuestionó y obtuvo la respuesta poco después. Sus cejas oscuras se fruncieron y el sureño llevó una mano hasta el lugar. —No… nonononono —repitió apurado. —¿Cuánto tarda esto en desaparecer? No me lo pueden ver. Oh, jolines —se medio quejó. A una parte de sí mismo le agradaba la idea de estar marcado por Kellan, pero la otra parte pensaba en la cara de su abuela. Y en la de su abuelo. Y en la de sus padres. Y, obviamente, en todas las preguntas que ello tendría. —No les va a gustar… —murmuró.
Al escuchar sus palabras, su culpabilidad creció en su interior, y clavó los ojos en la marca roja que por lo menos seguiría allí durante un par de días. --Lo siento mucho... no pretendía hacerlo--. Murmuró, nervioso. Su cuerpo temblaba; no era tan solo el miedo a que la familia de Lucas se enterase de aquello, si no que él se enfadara por lo que había hecho. --Perdóname, no... no sabía que tu piel era tan sensible y se marcaría tan rápido--. Repitió, mirándole a los ojos con súplica en su mirada. Y en cualquier otro momento no habría dado mucha importancia a la situación, pero aquel pequeño ruloso le gustaba demasiado como para hacer algo que le dañara o causara algún problema.
-No no… perdona es… solo decía que se parece a las caricaturas… ¿Sabes?… me encantaría que un conejo saliera de ese montón de paja- La verdad no sabía si quiera que hacer con esa herramienta que para el era sumamente rara, entonces se hizo a un lado y dijo antes de caminar como si realmente fuese a irse- Vale yo… perdona…es… no conozco a nadie y no… no se que hacer con esto…-
El rubio resopló un poco, soltando el aire con lentitud para intentar calmar su mal humor. Se sentía mal en ese momento por tratar de aquel modo al chico nuevo, el cual no tenía ninguna culpa de lo que le sucedía. --Espera, no te vayas... lo siento--. Se disculpó, rascándose la nuca. Le miró por unos segundos y, finalmente, encogió ambos hombros. --No sé cómo se usa... pero puedes coger aquella pala y ayudarme con la paja--. Propuso.
Permaneció en silencio y continuó con su tarea, observando como la persona a la que el chico se había dirigido se retiraba de allí. Cuando ambos estuvieron solos, le dirigió la mirada—. Sé que apenas te conozco pero… ¿sucede algo? —inquirió, a sabiendas de que podría ser víctima del mal humor del muchacho.
Cuando aquella persona se marchó, Kellan volvió a su trabajo, pero al escuchar una segunda voz se sobresaltó, pues creía que estaba solo. Se giró para mirar a la rubia y negó despacio, cogiendo aire. --No tiene importancia, solo... una pelea--. No quería dar muchos detalles, sabía que era Duncan y no quería meterse en un lío, y tampoco meter a su primo.
El moreno arrugo la nariz ante la respuesta del rubio. La sonrisa que antes se había plasmado sus labios se desvaneció en segundos. Terrible idea fue intentar bromear con el chico.—Vale,— suspiro asintiendo tan solo una vez.— No sabia que no estabas de humor, solo intentaba aligerar el tiempo el trabajo.
Se sintió culpable de la forma de hablar en cuanto escuchó al moreno y soltó un suspiro. --Lo siento, no eres tú quien tiene que pagar mi mal humor--. Se disculpó, hablando con algo más de tranquilidad. --Tuve una pelea con uno de los Duncan y... ugh... estoy que quiero golpear algo--.
—Generalmente, te respetaría y te dejaría tranquilo, pero recién acaba de empezar el día —sacudió su cabeza, sin abandonar su tarea, imitando lo mismo que había hecho el muchacho—. Y no estaba bromeando, era enserio lo de que le pidas a alguno que te cambie el trabajo por hoy. Ayer me pidieron traer agua desde la cascada, capaz y eso ayude a mejorar tu humor.
--Lo único que ayudaría a mejorar mi humor sería dejar de trabajar--. Murmuró, sin parar de echar la paja sobre el montón, al igual que la rubia. --Pero al parecer aquí nadie nos tiene en cuenta. Venimos por voluntad propia para ayudarles y no nos dan más que órdenes y órdenes. Y encima se portan como si fuéramos invasores. ¡Y lo hacemos por ellos!--.
Te faltó recoger ahí… — respondió borrando su expresión risueña del rostro. Le había prometido a la Abuela comportarse frente a los citadinos — Hay un montón de caca debajo de esas tablas, comienza a recogerla — ordenó tomando su propia pala para acomodar la paja.
--¿Y por qué no lo recoges tú con los huevos?--. Preguntó, tirando la pala al suelo, muy cerca de los pies del Duncan. --¿Tengo que recordarte que estamos aquí por voluntad propia para ayudaros con vuestra estúpida granja? Nadie nos ha obligado a estar aquí, pero estamos. Y no para que idiotas como tú nos den órdenes o nos traten como esclavos. Tu abuelo ya me ha dado instrucciones, así que déjame tranquilo hacer lo que él me ha dicho que haga--. Espetó de últimas.
— Vale, perdón por querer pedirte ayuda para calmar a estas malditas gallinas. La próxima dejo que me picoteen —dijo en un tono sarcático mientras alzaba una ceja.—
Se giró al escuchar a la chica y frunció su ceño. --No te lo decía a ti, lo siento--. Murmuró, echándole una mala mirada a su hermano, que en ese momento se marchaba de allí. --Sí, te ayudo--. Soltó la pala y caminó tras la muchacha.
—Tranquilízate, viejo. —musitó frunciendo su ceño, mientras torpemente recogía la paja caída con el rastrillo. —Prácticamente no te hablé y te has puesto a la defensiva. Fue solo un comentario. —replicó, rodando los ojos, ahora ligeramente aturdida por la actitud del rubio.
El rubio resopló al escuchar las palabras de la chica, y sabía que había pagado con ella algo que no debía, por lo que la miró de mala gana. --Lo siento ¿vale? Es un mal día--. Se encogió de hombros y apretó los labios.
—No estoy bromeando, eh. Te hablo enserio… —Le dijo con los brazos cruzados y lo miró con el ceño fruncido. —Aleja un poco más el pie de donde clavas la pala porque acabará en accidente, no te cuesta mucho hacerme caso. —Le pidió con tono firme pero a la vez no muy duro.
--No soy imbécil ¿sabes? No me voy a empalar mi propio pie--. Se quejó, porque en ese momento, con el mal humor que tenía, no le hacía demasiada gracia que le dijeran cosas de ese tipo. Sabía que aquel Duncan no tenía la culpa de lo que había pasado con su primo, pero no podía evitar su forma de hablar. Le miró de soslayo, disculpándose en silencio, y continuó con lo que hacía.
Lucas se rió ante su relato, sin poder ni querer reprimir las carcajadas causadas por él. Se había imaginado todo en su cabeza, y sin duda era gracioso ver al pobre Kellan en esa situación tan desafortunada. —Tú ganas en peor primer beso —concedió, mordiéndose la puntita de la lengua para controlar y no seguir riéndose tanto. Poco después se alejó de su cuello, acomodándose sobre él. Le rodeó el cuerpo con las piernas y se acercó nuevamente más a su rostro. Tan cerca, que sus narices se rozaron. —No sé qué quieres decir con eso de zona sensible —replicó, con los ojos oscuros casi brillando en la oscuridad. Le dedicó una sonrisa y volvió a hundir la cabeza en su cuello, dando un pequeño mordisquito y soltando una risita después.
Kellan sonrió al sentir que rodeaba su cuerpo con las piernas y acarició sus muslos lentamente hasta dejar las manos en su espalda baja, acercándole contra sí todo cuanto podía. --Zona sensible es esa zona que al contacto de los labios de otra persona reacciona de una forma placentera y excitante--. Definió como si fuera un libro, aunque ido porque el de rizos había vuelto a hundir el rostro en su cuello y volvía a morderle, haciendo que una pequeña risa escapara de los labios del rubio. --Eres un bicho ¿eh?--. Se quejó, bromeando. Y esta vez fue él quien de nuevo atacó la piel ajena, con besos y mordiscos, jugando con él de forma divertida. Cuando se volvió a apartar, pudo apreciar una marca rojiza en el cuello de Lucas. --Ohoh...--. Murmuró con cara de circunstancias, porque no pensaba marcarle por su propio bien; si su familia veía aquello tendría problemas. Sobretodo después de haber discutido con Austin. --Acabo de... hacerte una pequeña marca roja--.
--No estoy de humor ¿vale?--. Avisó, mirando a la persona que en ese momento intentaba bromear con él. --Así que, por favor... déjate de tonterías--. Agregó, cogiendo más paja con la pala y tirándola sobre el montón de su derecha.
—El primero y el último, pasé traumatizado todo ese año —siguió contando, mientras soltaba un par de carcajadas ante el recuerdo. Y era totalmente cierto, no había vuelto a dejar que la chica le besase, a pesar de que salieron casi dos meses juntos; había sido básicamente una relación de ir de la manita y besos en la mejilla. —¡Oh, venga ya! Te he contado lo mío, que también es una vergüenza, ahora quiero saber cómo fue el tuyo —protestó divertido. Lucas rió alto cuando sintió el segundo mordisco, aunque ya lo había estado esperando. Casi pudo leer sus intenciones en su mirada. Se echó hacia un lado, intentando que no alcanzase, pero no podía dejar de reírse. Más encima, le hacía cosquillas al costado. Se giró entonces y buscó agarrarle de los brazos, mientras hundía la cabeza en su cuello y le devolvía uno de los mordiscos. Y uno, y dos, y tres. Le llenó el cuello de ellos, pegándose a su cuerpo para intentar tener más fuerza que él. —No voy a dejar que me comas sin luchar —bromeó.
Kellan arrugó su nariz cuando le dijo que quería saber cómo había sido su primer beso y emitió un par de gruñiditos, tales como los que haría un niño pequeño cuando su madre le quiere llevar a casa después del parque. --Pues... la chica tenía una boca enorme. Te lo juro, enorme--. Explicó. --Y al besar, la abría mucho, tanto que pensé que me comería la cabeza entera--. Continuó, riendo. --Y además, me metió la lengua hasta la campanilla, tan profundo que me dieron arcadas. ¿Y sabes lo peor? Que al separarse me dijo que yo besaba fatal. ¡Que yo besaba fatal cuando ella me había babeado media cara!--. Negó con la cabeza y se llevó una mano a la frente. --Fue horrible. Tuve pesadillas durante semanas con ella y su bocaza--. Cuando finalizó de hablar, tuvo que encoger un poco su cuello, puesto que el de rizos se había girado y estaba contraatacando con mordiscos en su piel. --No... es una zona sensible--. Se quejó riendo, pero de todos modos tiró de él con cuidado para sentarle sobre sus piernas, con una de las suyas a cada lado, y rodeó su cintura con ambos brazos.