Notas de un apasionado
Y ese día la volví a ver, radiante como siempre. Mantenía aquella sonrisa que podía llegar a iluminar hasta la penumbra más densa. El brillo de sus ojos seguía intacto, eran cautivadores y profundos, como el hermoso y extenso océano. Sus mejillas estaban levemente sonrosadas, como si fuesen pintadas con suavidad. Su cabello, largo y sedoso, parecía que bailaba con la suave brisa del viento, esparciendo lentamente su perfume y encanto. No podía evitar quedar embelesado ante tal ser angelical, emanando en su caminar tanta belleza externa como interna. Hasta que en un momento, aquellos ojos que tanto añoré, se depositaron en mi. Sentí como una sensación extraña recorría mi cuerpo de par en par, mi corazón comenzaba a latir fuertemente, mientras que mi semblante se mostraba serio, como de costumbre. Ella siguió con su mirada fija en mi por unos segundos, que para mi se sentían como eternas horas, hasta que suavemente me otorgó algo inesperado… Su sonrisa.
















