Mejor cerré la boca y deje que me siguiera engañando
A mis 31 años me encanta el sexo, como siempre. ¡Vaya secreto!. Diré que estoy casado y que mi relación sexual con mi esposa es bastante satisfactoria, pero eso no impide que uno tenga ciertos deseos calientes o sueños incumplidos. Además de nuestras relaciones físicas, a mi me encanta contarle periodicamente mis fantasías, y a ella (María) le encanta escucharlas: ambos nos excitamos mucho con este juego. En una de las primeras fantasías que le conté, ya casados, le describí cómo mientras hacíamos un 69, con ella encima de mi, a cuatro patas, con su sexo sobre mi boca, un hombre la penetraban desde atrás, recibiendo ella así una fuerte estimulación doble con la polla de nuestro invitado dentro de su vagina y mi lengua recorriendo los labios de su coño y su clítoris. Esta fantasía era muy recurrente pues incluía elementos distintivos de mi personalidad sexual: la posibilidad de “ver” sexo en primer plano (soy voyeur empedernido), la “posesión” de una pareja sexual siempre dispuesta y difícil de saciar (¿el sueño de todos los hombres?), tener demasiado cerca ese pene, imaginado cuando terminaba, Esta fantasía me ha dado y nos ha dado muchos y grandes momentos de placer. Como era tan recurrente y parecía una fantasía no tan descabellada (al fin y al cabo era un vulgar trío), seguí insistiéndole a Maria en que si un hombre que le gustase a ella se le insinuaba sexualmente, que no desperdiciase la ocasión de “probarlo”, y que la única condición por mi parte era que me lo contase antes o después de que sucediera. Como las ocasiones rara vez aparecen por sí solas, pasé a insinuarle que fuera ella la que diese el paso de seducir a algún hombre que la excitara. Sus negativas constantes no enfriaban mi ánimo. Procuré deshacer algunos obstáculos que sabía que influían en su negativa, como asegurarle mil veces que yo no trataba en ningún caso de buscar una situación recíproca y que ella no tendría porqué aceptar que yo estuviera o buscara relaciones con otra mujer. El último obstáculo era su temor a las ETS y a las complicaciones que podrían surgir con desconocidos. Asi que iniciamos este tipo de conversaciones – María: “¿Tú crees que me voy a acostar con un chulo de discoteca, aunque me chorree el coño de ganas, sin pensar las consecuencias, solo por tener experiencias nuevas y por romper la rutina?” Le hacía comprender que aunque desconocidos la mayoría de la gente es limpia, sana y no va de mal rollo. Como no había manera de romper su negativa, le propuse que lo intentara con algún conocido, quizás el marido insatisfecho de alguna amiga íntima. – María: “¿Pretendes que publiquen en el pueblo que soy una puta que va por ahí calentando maridos?” Por fin un día después de un nuevo orgasmo intenso (dedos en vagina; lengua en clítoris) en nuestra posición de juegos favorita, 69, fantaseando con más de lo mismo, me retó a que si yo quería de verdad que ella hiciese real esa fantasía, solo podría ser con una persona conocida pero de su máxima confianza y total discreción. No la dejé arrepentirse, dije SÍ de inmediato sabiendo que había sido un momento suyo de debilidad. – Yo: “¿Julio, el marido de tu hermana? Siempre te gustó nuestro cuñado…” – María: “De la familia ¿verdad?, estás requeteloco.” – Yo: “¿Entonces?”. – María (con voz indecisa): “Carlos, mi ex-novio. (Silencio)”. Es cierto que no lo esperaba pues supe que lo amaban mucho en su tiempo de noviazgo, solo que carlos su exnovio la engaño y allí termino todo y bueno pero por supuesto que no dejaría pasar la oportunidad de dar salida a mi fantasía obsesiva. Una parte decía no y otra mas grande decía si Ella me confesó que lo dijo pensando que yo desistiría. Carlos es amigo de los dos desde la infancia. Fue además su primer novio, desde los 18 a los 24 años, asea 6 años de novios y la había dejado marcada en muchos sentidos y en todos los aspectos y sexualmente le había enseñado todo y la había hecho ser una mujer abierta al placer. Emocionalmente, la dejó muy enganchada. María estaba muy enamorada de él y solo lo dejó por sus continuas infidelidades. Yo aparecí un año después de esa ruptura, le di la seguridad afectiva que María necesitaba y nos casamos al año. ¿Sería Carlos, un amigo, el hombre adecuado?. Yo había tenido celos de él en innumerables ocasiones, celos del pasado, pues es cierto que nunca había obsevado nada raro entre ellos desde que María estaba conmigo. Yo no estaba seguro de que María conservara aun algo de amor por él aunque hubiesen pasado unos otros 7 años, quizás por eso no se me había ocurrido a mi pensar en Carlos como posible “partenaire” sexual de mi mujer, pero debo decir que era la mejor opción posible: A ella le gustaba físicamente, habían tenido complicidad total, y era cierto que, aunque mujeriego, era muy discreto. Carlos se había acostado con casi todas las chicas de nuestra pandilla, incluso las que tenían novio o estaban ya casadas, pero jamás alardeó de ello o se lo contó a nadie. Fueron ellas las que se dejaban “cazar” para luego contárselo a las amigas. Había dudas respecto de algunas porque ellas siempre lo habían negado y así no había forma de comprobarlo. – María: “¿No te molestará que haya pensado en él?”. – Yo: “¿Cómo ha de molestarme si soy yo quien te incita desde hace años?”. – María: “Cariño, nosotros disfrutamos de buen sexo. No necesitamos nuevos elementos en nuestra vida”. – Yo: “No te preocupes, Mari. Será solo una prueba, un intento. Tú lo controlarás todo, llegarás hasta donde quieras, pondrás las condiciones. Si no te sientes cómoda, con cortar o con no repetir ¡arreglado!”. – María: “Desde luego, sería muy fácil planearlo. En todos estos años que llevamos casados, aunque discretamente, Carlos se me ha insinuado repetidas veces. En cuanto le diera la más mínima pista, se lanzaría a por mi.”. Sus ojos lo decían todo, ella también lo deseaba. Mis fantasías ahora sí podrían cumplirse. Sobre mi había poco que decir. El intensísimo orgasmo que tuve al masturbarme tras aquella conversación hablaba claro de mi obsesión por verla con otro. – Yo: “Sabes que mi deseo es estar delante pero al principio no quiero estorbar, después de lo difícil que ha sido. Siéntete libre de planearlo como quieras, de hacerlo como desees, no me digas cómo va la cosa si eso te causa molestia… Solo espero que si llega a ocurrir, entonces sí me lo cuentes con detalle.”. – María: “Déjame pensarlo, cariño. Después de tanto tiempo de negativas, no quisiera equivocarme. Mañana te doy la respuesta”. No fue al día siguiente pero cuando yo volví a preguntarle me dijo que sí iba a intentarlo. – María: “Siento una mezcla de atracción, incertidumbre y miedos. En condiciones normales sabes que no lo haría con él ni con nadie por respeto a tí. Yo te exijo fidelidad y estoy dispuesta a dártela. Pero si me pides algo tan insistentemente, también me gustaría complacerte y así posiblemente puedas abandonar esa obsesión”. – Yo: “Se que tengo la mujer más buena del mundo y sabes bien cuánto te amo. No sufras por nada de lo que hagas o dejes de hacer; solo piensa en buscar tu placer, pues ese es también el mío.”. – María: “Como tú mismo dijiste, ahora olvidaremos el asunto. No hablaremos de esta fantasía hasta que yo te vuelva a contar algo nuevo. Si me arrepiento o si ocurre algo con Carlos, te lo diré en su momento. De lo poco o mucho que ocurra, lo sabrás todo.”. – Yo: “Hasta entonces solo verás en mi la normalidad. Espero demostrarte como cada día te quiero más y estoy más orgullosa de tenerte a mi lado”.
Los dos meses siguientes me provocaron una continua ansiedad y una excitación permanente. Observaba continuamente a María escudriñando cada detalle e intentando descubrir si había sucedido lo que yo tanto ansiaba que ocurriera: mi esposa finalmente había estado con otro hombre para convertirlo en su amante. Y si ese hombre que había mantenido relaciones sexuales con mi esposa era su exnovio Carlos, la cristalización de mi fantasía no habría podido resultar más perfecta. Pero por más que lo intenté no encontraba pistas fiables de que estuviera pasando algo, si bien cualquier indicio era suficiente para encender mi imaginación y para masturbarme frenéticamente a escondidas pensando en mi fantasía favorita, ya tan cercana a la realidad. Una llamada desde su móvil a un número desconocido, salir a la calle con un tanga nuevo, o ponerse algo más de colonia de lo que a mi me parecía la normalidad, cualquiera de esas pequeñas cosas tenía que significar que ese día (o el anterior o el siguiente) era el día elegido para cumplir mi fantasía y reunirse con su antiguo novio Carlos y disfrutar las delicias del sexo furtivo con el hombre que ella había elegido tras años de espera y encima con mi absoluto consentimiento. Justo cuando estaba empezando a relajarme un poco, que no a olvidar el asunto, un dia, mientras desayunabamos, me comentó tranquilamente. María: Tengo prisa, hoy tengo que ir a trabajar; ayer me hizo el turno Lourdes. Yo: Pero si ayer sí fuiste a trabajar no? María: bueno la verdad es que, estuve en casa de Carlos: charlamos un buen rato y al final, sí, ocurrió lo que deseaba se cumplió tu fantasia pero que quede claro que solo fue porque tu lo dijiste Yo: Lo dices como si hubieras ido al sacrificio. Espero y deseo que lo hayas pasado, que lo hayáis pasado super bien. María: Claro que no, cariño. Recordar viejos tiempos con viejos amigos siempre me ha gustado. No sabía que hacerlo en la cama de tu exnovio iba a ser tan excitante. Yo: ¿Contenta pues?. María: Se que quieres saber como me sentí, las cosas que hicimos y todo lo demás. Yo también quiero saber cómo te encuentras. Pero eso tendrá que esperar, ahora me esperan 7 horas de trabajo. Mi descanso (si así se le puede llamar) fue ayer hoy ya tengo que irme Reconozco que estaba más guapa que de costumbre. Cogió su bolso y comenzó a andar hacia la puerta con paso firme. Solo por el hecho de haber compartido unas horas de sexo con un viejo novio y amigo y ya podía notarle cambios aparentes en su conducta. Estaba claro que ese reencuentro le había sentado divinamente. Ahora, sin embargo, era yo el que sentía un raro cosquilleo en el estómago. Si hubiera sido en la cabeza, sería fácil suponer que eran mis primeros cuernos pugnando por salir. Pero ese malestar interior me duró varias horas. Tampoco podía dejar de imaginar cómo habría sido aquel encuentro que tanto me había costado propiciar. No tenía la más mínima duda que habrían disfrutado mucho ambos, volviendo a sus 20 años. Ni de que me habría sobrepasado como amante en todos los aspectos: presencia física, tamaño del pene, armas de seducción, tamaño del pene, creatividad, tamaño delpene, repertorio sexual, dominio… Tuve que ir al baño y encerrarme en el water. Como los detalles se me representaban cada vez con mayor claridad, comencé a masturbarme. Solo cuando terminé aquella insólita paja, y descargué toda mi leche en un intenso y solitario orgasmo, imaginando el encuentroentre Carlos y María, pude deshacerme de tan extraña sensación. Me vino bien, aquella paja, provocada por las imágenes casi reales de imaginar a mi mujer follando con su exnovio, me había sentado bien. Salí con paso más firme, menos ansioso, menos preocupado, no sería exagerado decir que salí contento. Lo que había que hacer, se había hecho. Cornudo al fin, después de tantas fantasías y tantos años. Y teniendo mi primera paja a costa del amante de mi esposa, y de mis primeros cuernos reales y consentidos. ¿Quién dijo arrepentirse y volver atrás? Nunca un paso atrás, ni para tomar impulso. Estaba deseando volver a casa, después de salir del trabajo y hacer la compra. Deseaba encontrarme a María y darle un abrazo de los de verdad y un beso grande, grande. Tomarla entre mis brazos, fundirme con ella y decirle “Gracias, muchas gracias mi amor por complacerme”. Preparar la cena mientras ella se ducha, y esperar con pasión que me contara todo, todo, tal como me había prometido. Me la pienso comer a besos, y a preguntas. Han pasado unos cinco años desde aquel día y aun puedo recordar todo lo que hice y lo que sentí. Durante ese desayuno mi esposa me había confesado que el día anterior había estado en casa de su exnovio Carlos y habían tenido sexo, siguiendo mis continuas incitaciones para que tuviera relaciones con otro hombre. Esto me había producido emociones encontradas: la alegría de ver cumplido un deseo largamente buscado pero también la desazón de esos primeros cuernos (aunque incitados y consentidos por mi), teniendo en cuenta además que la persona elegida por ella para tal fin era su exnovio. Ese día Maria tuvo que doblar turno para recuperar la mañana anterior en la que, en vez de ir a trabajar, había ido a casa de Carlos a tener su primera relación de casada infiel. No pudo contarme ningún detalle por falta de tiempo pero seguro que, ya en ese primer encuentro, recuperaron las sensaciones que tantas veces habían sentido juntos cuando, de novios , se entregaban al amor y al sexo. No pude evitar pensar todo el día en aquello pero hasta que Maria regresó a casa por la noche tuve mucho tiempo. Me dediqué a hacer cosas en la casa y esa actividad, junto con las dos pajas que me hice pensando en lo sucedido, bajaron mi ansiedad y me infundieron un nuevo sentimiento de serenidad, como si me hubiese quitado un peso de encima. Al fin cornudo, el primer paso ya estaba dado. Ahora faltaba consolidarlo: si todo había ido bien, seguro que tendrían ganas de repetir pensaba. Y yo esperaba ir colándome poco a poco entre ellos para no tener que esperar a que ella me contara lo que habían hecho, sino más bien poder verlo todo en primera fila, el sueño de todo voyeur como yo. Cuando llegó a casa la estaba esperando con un relajante baño de sales preparado, una copa de su vino preferido, y una cena romántica con velas que sabía le encantaría. Maria (con cachondeo me dijo: Si llego a saber que esta sería la consecuencia de ponerte los cuernos, te los hubiese puesto mucho antes. Yo: No te mereces menos cada día, siendo una mujer tan linda… y tan complaciente conmigo… a pesar de mis rarzas. Pero sabes que tienes que contarme algo… Si esto fuese un relato pornográfico y no una confesión, os describiría con morboso detalle todo lo que ella me contó y os aseguro que os pondría muy burros y muy mojadas. Solo os dejaré unas pinceladas para que os hagáis una idea. Ella se presentó en casa de Carlos con la excusa de devolverle unas fotos suyas de cuando eran novios, que por cierto yo no sabía que ella aun conservaba. La excusa les dio pie para hablar de aquel tiempo juntos y rememoraron ciertos momentos del pasado. Yo: ¿Te resultó difícil plantearle tus intenciones? Maria: Yo estaba bastante nerviosa al principio me arregle super bien incluso me vesti como a el le gustaba en ese tiempo cuando cogíamos, llegue a asu casa pero él se percató sin que yo le dijese nada. Dice que lo notó en mis ojos, en una mirada de deseo que fue capaz de reconocer incluso 7 años después. Ya no tuve que hacer nada más. Me tomó la mano y empezó a jugar con mi alianza de casada. Le pregunté que por qué hacía eso. Y me dijo que había notado en mi mirada que lo de devolverle las fotos era una excusa, que yo estaba allí para que él me quitase por un rato esto que llevaba puesto -señaló la alianza- y algunas otras cosas que me estorbaban. Yo: ¿Te quitaste la alianza? Maria: Él me quitó la alianza y comenzó a besar mi mano con la naturalidad de los primeros años; apartó el bolso y el abrigo que yo había dejado en el sofá cerca de mi; me quitó los zapatos de tacón y acarició mis pies; siguió quitándome prendas como cuando eramos novios mientras me devoraba con sus ojos de lujuria, haciendo que me sintiese la mujer más deseada del mundo. No pude ni supe oponer resistencia, simplemente me dejé hacer, sorprendiéndome de lo fácil que fue. Yo: ¡Cómo me hubiese gustado estar allí para verlos! Maria: Desnudó mi voluntad a la vez que mi cuerpo. Cada paso que daba conseguía que mis nervios cedieran y fueran dejando paso a la excitación. Me desnudó y me entregué a él como cuando eramos veinteañeros y nos quitábamos la calentura a base de follar y follar como si no hubiese un mañana. Pero cariño, ¿de verdad te interesan todos estos detalles? Yo: Ni lo dudes. Hasta que pueda veros, te ruego me cuentes todo con la mayor minuciosidad de que seas capaz. M: Cuando ya me quedaba poca ropa, yo misma me tumbé sobre el sofá y comencé a abrir mis piernas con descaro. Luego me dijo que en ese instante mi mirada cambió de la de una tímida chiquilla excitada pidiendo ser abrazada con rubor, a la de una putilla golfa y viciosa pidiendo sexo sin contemplaciones. Me llevó en brazos hasta su dormitorio, terminó de desnudarme, me sentó en su cama, y se puso de pie frente a mi, con el enorme bulto de su pantalón a la altura de mi cara. Entonces sí supe lo que hacer. Mis manos se fueron derechas a liberar su polla, ese cilindro de carne tan recto y duro como yo recordaba. Mi boca babeaba de deseo y mis labios se aproximaron para lamer tan rica verga mientras comencé a masajear sus huevos. Yo: Si yo hubiese estado delante, solo con verte mamar la polla de tu exnovio del modo que me cuentas ya hubiese tenido mi primer orgasmo. ¡Siempre te he dicho que siendo tan buena amante no puedes quedarte en exclusiva conmigo! Los demás hombres también tienen derecho a que los disfrutes y a disfrutar de tu cuerpo como Carlos, y como yo durante todos estos años. Maria: El muy cabrón, mientras yo le mamaba la polla, comenzó a estimular todos mis puntos más sensibles que el ya conocia: amasaba mis tetas, pellizcaba mis pezones, tocaba la base de mi pelo y me besaba el cuello y tras las orejas. Rozaba los labios de mi boca con los dedos de una mano mientras la otra hacía lo mismo con los labios de mi excitado y mojado coño. Introducía esos dedos en mis dos orificios a la vez, poniéndome tan tan caliente que tuve que pedirle que no me dejara así más tiempo, que me la metiera de una vez y me follara como solo él sabía follarme. Así lo hizo y cuando tuve al fin su polla dentro de mi, yo tan abierta y deseosa, grité como una perra en celo. Me folló con golpes de cadera decididos, clavándome su polla hasta el fondo de mi ser, volviendo a sentir cosas que hace mucho que no sentía. Y así seguimos por mucho mucho tiempo, explorando mutuamente cada rincón de nuestros cuerpos. No puedo decirte cuantos orgasmos tuve porque perdí la cuenta o quizás porque solo fue un único orgasmo que duró todo el tiempo (horas) que me estuvo follando. Lo relataba tan bien que, aunque yo trataba de no masturbarme, ya no podía aguantar más. Le pedí que me dejara comerle el coño mientras me seguía narrando tan rica experiencia, y accedió a abrir su sexo para mi como el día anterior lo había abierto para su nuevo amante. Tumbada en el sofá, con sus piernas muy abiertas, dejó que mi lengua besase, lamiese y adorase ese lindo coño que aun guardaría esencias de su amante, mientras mi mano se aferró a mi polla masturbándome frenéticamente. Ella seguía contando y así tuvimos unos sensacionales orgasmos, muy por encima de la media de los habituales en nosotros. Al final, le agradecí a Maria todo lo que había hecho por complacerme, sabiendo que no todas las esposas se hubieran ofrecido a hacerlo. Me confesó que, aunque con mucha incertidumbre y miedos, todo había resultado un puro e inmenso placer para ella. Maria: A partir de ahora, no necesitarás insistirme mucho para que folle con otros hombres. Al menos con Carlos no, estoy dispuesta a repetir si tu sigues con tu idea que te ponga los cuernos y siempre que él me reclame o mi deseo me lleve a sus brazos. Cuando lo hagamos unas cuantas veces más, le hablaré de que te deje estar delante. Déjame un tiempo para que yo también asimile que mi marido, aunque lo amo y es un hombre bueno, ha resultado ser un cornudo consentidor y vicioso. Yo: Por favor, cuando estimes llegado el momento, déjale claro que solo pretendo mirar sin estorbar mucho. Pero que ya que estoy delante, aceptaría de buen grado cuantas órdenes querráis imponerme. Se que, a cambio de dejarme satisfacer mi instinto mirón, puede ponerme condiciones muy duras como hacer cosas más o menos denigrantes (o excitantes, según se mire). Algunos amantes corneadores (o las esposas calientes con las que follan) obligan a los maridos consentidores cornudos a mostrar una sumisión absoluta a ellos. Maria: Me sorprende el mundo de fantasías en el que vives y que tanto te excita. ¿Cuáles son esas cosas que dices son frecuentes exigir a los maridos cornudos? Yo: El universo cuckold-hotwife-bull es muy rico y diverso. Entre algunas de las pruebas de sumisión más extendidas para los cornudos consentidores hay algunas que ya pueblan mis sueños y fantasías más oscuras y calientes. ¿Quién sabe si tendré que chupar la polla y los cojones de tu amante Carlos, antes y después de follarte delante mia, quizás en nuestra propia cama? O quizás me obligue a lamer con mi lengua tu coño recién enlechado, después de follarte a pelo, sin condón, y correrse dentro de ti, mi linda esposa? Nos podría obligar a darnos un beso blanco, compartiendo en nuestras bocas el semen caliente que tú o yo hayamos extraido de sus huevos y que él habrá depositado con su polla directamente sobre nuestras lenguas. Sería más duro entregar mi culo virgen a su polla para que me lo abriera, y que luego pudiera “anal-izarme” cuando quisiese. O que te enseñara a usar strapon (unos cinturones para mujeres con un dildo sujeto al mismo) para que tú misma me pusieras a cuatro patas y taladraras mi culo sin piedad mientras él me mete su verga hasta la garganta, etc, etc. María: Déjalo ya por hoy que me has vuelto a poner caliente. Ahora mismo me parecen absurdas e irrealizables esas cosas que dices pero, visto lo visto, es posible que el triángulo amante-puta-cornudo que acábamos de inaugurar nos lleve a nuevos territorios inexplorados del placer y la mente. Después de aquel día Maria empezó a llevar una relación muy cercana con carlos incluso lo invitábamos a la casa esperando el momento de decirle que yo ya sabía que tenían relaciones, muchas veces nos amanecimos tomando cervezas y yo me hacia el dormido para que ellos aprovecharan llego un año y medio de relaciones casi semanales entre Carlos y mi esposa Maria y yo sin poder estar presente hasta que una vez tome su celular de Maria y vi los mensajes de carlos y pude platicar con carlos que ya sabia y que no tenia problema y asi que ya en algunos de sus encuentros pude estar presente, no tantas veces como hubiese deseado. Otras veces pude observarlos de lejos como cuando debía contentarme con mirar a través de la ventana mientras lo hacían en su jardín trasero otras en nuestra casa pero se encerraban desgraciadamente, no todo fue placer y sueños hechos realidad. Algunas cosas salieron de modo inesperado en la dirección contraria a la pretendida pues yo ya no sabia que estaba pasando yo ya no tenia relaciones con mi esposa Maria incluso supe que se fue de vacaciones con el y cuando Maria me dijo que tenia que salir por trabajo a la vez me excitaba y por otro lado no sabia que pasaba Hace más de un año que interrumpieron sus encuentros. Mi esposa notó que estaba enamorada de los dos de mi y de Carlos noto que nuestro matrimonio estaba a punto de romperse por lo que cortó por lo sano con carlos, cosa que también tengo que agradecerle aunque mis fantasías hayan tenido que pasar de nuevo al reino de la ensoñación y el deseo oculto. Llevamos ya una vida normal aunque muy en el fondo se que aun se frecuenta con carlos porque hay días que se queda hasta tarde en el trabajo, llega y se baña, otros días sale igual fueras por trabajo y le he encontrado mensajes de Carlos como si le gusto como se la cogio y cosas asi, Maria no sabe que se lo de Carlos, Carlos no sabe que se que aun se la esta cogiendo, solo se lo que se y me gusta y mejor asi











