Salgo entusiasmadísima hacia el kiosko, son tres cuadras en las que no tengo ningún reparo por disimular la sonrisa, porque además de la inminente adquisición, es invierno y hace calor, hecho que puede dañarme cósmicamente pero sólo al prolongarse durante una semana. Hoy es el primer día del Veranillo de San Juan y está todo más que bien. El kiosco está pegado a una florería callejera, es un punto muy alto del barrio cuando se trata de dar rienda suelta a la curiosidad. El florero (¿O florista?) es un señor muy intenso, un transgresor de la interacción al que es difícil resistirse en la búsqueda de diálogo. El tipo inventa los nombres de las flores, descaradamente. Cuando compro siempre elijo las mismas aunque podría dedicarme a preguntarle cómo se llaman las otras, es una buena alterativa a drograrse: hablar con el florista (¿O florero?) sobre flores con nombres inventados, excelentes por cierto. “Cosmos” se llaman mis favoritas, una especie de Margarita con feminidad explotada, las tenemos en sus versiones Rosa Perla o Tokio Coral. A lo que iba, comprarme la última edición de mi revista favorita de la ciudad que luce como portada el rostro de la comediante más genia del condado subjetivista, imperdible. Para devorarla debo esperar el ingreso de mi hijo al jardín y entregar la lectura a mi pequeño universo de libertad: la media tarde. Feminista ella, no demora en adentrarse en reflexiones adorablemente crudas sobre el género. Noto que adoptó en su adictivo discurso una decidida conciencia de clase, bien ahí. La periodista le pregunta sobre su posible maternidad y ella responde que de momento no piensa tener hijos. “Parirás” es para mi comediante preferida el mandato social más rígido e inevitable de todos y asegura que la gente no comprende cómo una mujer puede decidir no tener hijos. En un escenario ideal, se imagina madre por fuera del sistema conyugal, con un amigo o un nadie cualquiera. De repente siento que algo no está bien en mi clásica empatía por todo lo que ella piensa, prosigo la lectura igual de contenta porque estoy convencida de que este punto disidente humaniza nuestro vínculo (del que ella no está enterada, por supuesto). A ver, queridas no madres del Mainstream y del Underground: ser madre no es entrar en una categoría susanista de la vida, no es tirar a la borda el activismo social, ni pasarse todo el día en bata, con ruleros esperando que un hombre de bigote abra la puerta con el surtido semanal. De hecho, una de las cualidades que más nos sorprenden a las madres es ver todo lo que podemos hacer y la renovación energética que avala nuestra nueva polifuncionalidad en la sociedad. Si vos te proyectás ahora, en el incipiente desarrollo de tu profesionalidad, que gracias a tu perseverancia implica el impulso de una pasión, y además te pagan, o de repente tu pasión es esa: el dinero, da igual. Si en esa situación, de culo aún parado, tetas justas y abdomen chato, vos pensás en las consecuencias prácticas de traer un pibe al mundo: no cuadra, claro que no cuadra, vos pensás que te exterminaría el tiempo, que se acabaría la vida tal como la conoces (esto es tal cual y más drástico de lo que puedas imaginar), que los días serían.. Pasivos, eso, una madre postergada contemplado el crecimiento de un hijo, sonriente de todos modos, pero anulada. Esa es la maternidad de la que te quejás, de la que te asumís posible víctima. No se trata de incitarte a tener hijos (un poquito capaz que sí), lo que me gustaría dejar en claro, porque me pasó vistessss, es que esa proyección es absurda, que no tiene nada pero nada que ver con la realidad de traer un pibe al mundo. Porque la transformación de la que tanto se habla no es que el corazón se te hace más grande, que sólo pensás en tu hijo, que nada más te importa en la vida, ni siquiera el cuerpo de mierda que te quedó. No va por ahí. La posta de esa transformación, si es que no decidiste esperar a estar acabada para ser madre, es básicamente el amor por la vida, por la del pibe, y la tuya, la renovación de tus sueños, de tus metas, la paciencia para desarrollarlas y una convicción feroz para alcanzarlas. La creatividad no va a morir, tranquila, se va potenciar al infinito, es muy estimulador para las ideas eso vivir tantas emociones diarias. Vas a tener un ser humano creciendo frente a vos todos los días, ¿Sabes la cantidad de preguntas existenciales que te van a abordar… que te van a potenciar? Posiblemente sea el despertar de la conciencia social, eso que tanto estudiaste en facultad y que al ser madre vas a tener que vivir físicamente. El sistema, ese cuco que antes no te tocaba, te va a tocar, te va meter el dedo en el orto muchas veces, que el sistema médico, que el sistema de trabajo… En muchos ámbito vas a sentir desde las tripas la institucionalización de la falta de amor generalizada. Y fundamentalmente te va tocar encontrarte cara a cara con el famoso patriarcado: hi feminist! Personalmente nunca me consideré feminista, jamás sentí empatía por esas luchas y mucho menos por esas luchadoras. Fue la maternidad lo que me acercó a la convicción de que para las mujeres todo es más difícil, porque si de una mujer se esperan muchas cuestiones absurdas, súmale ser madre. Una se da cuenta que todo está hecho a semejanza de los hombres, que la sensibilidad femenina no tiene espacio legal de convivencia, que los chistes, las novelas, el porno, los altos cargos, la educación entera, los juguetes del super, la familia tipo, los cuentos infantiles, el corrector de la computadora, TODO: es voluntad y ejecución masculina. Un día te das cuenta, tarde obviamente, que hay hombres haciendo mierda la sexualidad de mujeres, que hay hombres exterminando literalmente mujeres y que también hay mujeres colaborando fuerte en esta cadena, que la red es muy endeble. Muchas cosas se despiertan al ser madre, comediante amiga. Yo que vos lo pienso dos veces.