y más que cansada, agotada.
De ver cómo se agotan los intentos,
de cargar el peso de un quizá,
Yo sé que te ves calmada,
tu cuerpo reclama: ¡Basta!
y no cesa de preguntar: ¿Hasta cuando?
que por dentro estés rota
de que ésta no sea la última vez,
de que a pesar de ser la tercera,
de que vuelva todo a ser como siempre
y al final tengas el mismo desenlace:
un negativo que te arrebata toda positividad.
Yo sé cómo te consume ver a otras mujeres
luciendo felices su tripita de embarazo
mientras los ojos de tu alma lloran
por no verte igual al mirarte al espejo.
Yo sé lo que es tener que inventarte la respuesta de antemano a la típica pregunta idiota; ¿Y tú para cuando?
Sé lo que es asentir sin muchas ganas cuando te dicen: “Cuando menos lo esperes, llega.”
Y sé lo que jode que te digan que para la edad que tienes ya deberías tenerlos y responder con una amabilidad aplastantemente dolorosa: ¿Acaso me los vas a mantener tú?
Yo sé lo que es que te duela la culpa más que el pinchazo.
El silencio que guardas en la boca más que el mentir diciendo que estás bien.
La sangre anunciándote que otro mes más no se pudo.
Los síntomas de la medicación que te hacen sentir que lo estás sin estarlo.
Y entre todas esas cosas que sé,
sé que no es nada fácil ser tú,
sé que eres más valiente de lo que piensas,
y sé que aunque te hayas querido rendir más de una vez no lo has hecho.
Porque si no tenemos fuerzas las inventamos,
porque sabemos que es mayor el gozo venidero
que el sufrimiento momentáneo.
Porque tenemos la certeza de que todas esas lágrimas no fueron derramadas en vano,
de que la vida no nos puede arrebatar la vida.
Y tal vez no sea hoy, ni mañana.
Y cuando sea será el día más feliz de tu vida.