Hoy me eché un pequeño viaje por aquella ventana rectangular, de marcos oscuros, en la que está plasmada con delicados trazos de rojo y negro el primer momento en el que mi corazón recibía un segundo hogar, donde aprendería a descubrir, a explorar, a caerme y a seguir intentándolo; donde aprendí, y aprendo, a no temer más.
Hoy me perdí entre sonrisas y sollozos de vagos recuerdos de los cuales, tal como el alcohol y las drogas entretienen el alma perdida de los melancólicos y unos que otros supuestos ascendidos, mi cerebro aprovechó cada milisegundo de este delirio inducido para brotar la sensibilidad y la ilusión de un abrazo cálido que me provocó el esbozar de una sonrisa. Un abrazo cálido, pero sofocante.
Hoy, más que nunca, me he replanteado mi filosofía egocentrista e importaculista sobre mis posibilidades y límites a la hora de amar. Me he apropiado del daño causado en mi y lo dejé de ver como un antagonista empedernido en derrumbarme y aprovecharse de mi debilidad, para verlo como el yo al que le dedico copas e insomnios esperando que llegue la hora en que pueda acercarme y susurrarle que: estoy aquí, puede hablar conmigo porque no lo voy a juzgar ni encasillar más en una estantería de exhibición que trata de mis problemas; que somos uno y ahora formará parte de la totalidad de mi ser para dejar de competir, y soltarnos a reír.
Hoy, decidí escribir, porque mi lengua no deja de empujar mi mandíbula mientras mi consciencia se rasca la espalda en el encéfalo. Porque quiero dejar de estar corriendo internamente para alcanzar mis metas, mientras los demás me observan con una curiosidad casi abusiva intentando entender la naturaleza de mi temple, que permanece incoherente a lo que expreso con mi boca.
Hoy, como siempre, miro la ventana y reflexiono sobre lo que es, lo que puede llegar a ser, lo que me golpea y lo que no me protege. Hoy he pensado en la importancia de mis necesidades y de mis caprichos, he pensado en la música y en las letras, en los sueños y en las tareas. Hoy pienso en mi, en mis tormentos y mis caricias, en mis manos y en mi cabello; pienso en mi corazón y en la razón de su bombeo arrítmico pero melodioso que en algún momento hizo bailar el corazón de alguien más, y lo ayudó a saltar para quitar las costuras de sus pies y seguir adelante.
Hoy todo esto, inevitablemente, me ha llevado a pensar en ti. Porque te has vuelto parte de mi corazón y de mi consciencia, de mis pensamientos y mis letras, de mi vida y de mi muerte.
Pero no te asustes, yo sigo estando aquí y no solo para ti, lo estoy para mi. Hoy me eché un pequeño viaje del que voy a regresar como alguien nuevo que no se ha perdido a si mismo, alguien que (se) atesora y no se deja llevar por el deseo a hacer lo fácil y echar a todos a un lado. Hoy me perdí entre ilusiones, para darme una dosis de esperanza sin quitarme de la cabeza el entendimiento de que las cosas a veces son y a veces no, y otras veces pueden ser algo diferente. Hoy me replanteé a mi mismo, e hice un nuevo viejo amigo el cual soy yo mismo. Hoy solté mi lengua y la dejé moverse sin limitarla a lo que es mejor para los demás.
Hoy fui para mi, sin dejar de ser para los demás.
Si mañana soy para ti, es porque puedo serlo para mi. Y si mañana eres para mi, es porque ya lo fuiste para ti.