nikxtin:
   â Yo creo que nunca es tarde para esas cosas. â
   â Entonces dejarĂ© de hablar, todavĂa tengo una lengua que probar. â
â Cuanta confianza. â fue irĂłnico por lo primero. Los detalles sobraban. Sonriendo con sorna ante lo inevitable no opuso resistencia alguna, sus manos se adhirieron a los hombros de la orca para atraerlo, dejĂĄndose llevar.
Ah, sentirse deseado (aunque no fuera como mĂĄs que comida) era totalmente nuevo para Ă©l y no iba a desaprovecharlo en absoluto, incluso si perdĂa la lengua.

















