Una visión neomasferreriana del abordaje al transporte colectivo.
El tiempo, de la forma en que lo estoy viviendo, me ha permitido retornar a ciertas experiencias que luego de un par de años de ausencia del contexto de "salvadoreño de a pie", se tornan revisiones personales de como la vida en las calles del país ha mutado o permanece estática tal y como mis recuerdos la conservan. Bien acuñado está el término "de a pie", alude a que camina y se desplaza movilizado en buena parte de su quehacer por sus extremidades inferiores. Son muchos los que persisten en el desplazamiento en bus, y es incluso conmovedor, ver a las 4:30 de la mañana el denso tránsito de hombres y mujeres que salen a ganarse el pan del día. Bajo este escenario, parece sellarse aquella buena fama de "salvadoreños cachimbones y trabajadores". Creo que seguimos siéndolo. He comenzado destacando esa virtud porque esta publicación, a continuación estará impregnada de una crítica que Don Alberto Masferrer (Dios me lo tenga en su santísima gloria) hizo hace 100 años con respecto al "barbarismo" que la sociedad salvadoreña manifiesta en sus expresiones cotidianas más comunes. Critico desde dentro, para que la cuña apriete más, desde Ilopango, para que no se me acuse de falta de convivencia, critico desde uno más del proletariado y de las clases bajas. Coparticipes de realidad, de accesos y favorecimientos. ¡Qué simples nos mostramos aún para abordar una unidad del transporte colectivo! Es que ahí sacamos el bárbaro que tan bien pretendemos disimular bajo ropas de marca y teléfonos de última generación. Hoy entiendo el tono paternalista regañón de Masferrer con respecto a estos estancamientos culturales. El salvadoreño en cuanto ve que la puerta de acceso al colectivo se abre, dispondrá liberar el primate primigenio del cual no ha evolucionado. Mi cólera se hace tan manifiesta (porque asumo esta denuncia como un manifiesto) porque he sido testigo de embarazadas golpeadas, ancianos maltratados, hombres y mujeres gritarse, entre otras expresiones virulentas, muy particularmente en esta circunstancia. Masferrer decía que se evolucionaba de: primate a primitivo, de primitivo a bárbaro, de bárbaro a civilizado y de civilizado a humano. La verdad, aunque no he estudiado a fondo la teoría evolutiva, me parece aguda la propuesta masferreriana; en cuanto a, ilustrar el rumbo del desarrollo del espíritu humano. No es de extrañarse estos tintes schopenhuarianos en él (véase El buitre que se tornó calandria). En base a esta sucesión pregunto: ¿En qué fase del desarrollo del espíritu humano está el salvadoreño? Véalo subir al bus, conducir, orinar en la vía pública, tirar basura por doquier, evadir impuestos, la ley del más vivo, el acoso a la mujer, la gerontofobia, la extinción de las cátedras de humanidades en el sistema educativo superior... Quizá estos detalles develen un parámetro que responda la pregunta. Aunque a un bárbaro se le quiera vestir con un traje Oscar de la Renta y llevarlo a un banquete junto a la nobleza, le resultará imposible coger los cubiertos y alimentarse bajo las reglas de etiqueta que la ocasión demanda. Comerá con las manos, desgarrará inmisericordemente la carne, porque no sabe hacerlo de otra forma. El traje le confiere una imagen estética sofisticada, pero este no le imputa los hábitos de un sofisticado. Podemos estar viendo un país que se pone bonito o como otros lo llaman "cool", pero la sociedad salvadoreña supura a gorgoritos el barbarismo que su falta de autoformación le imputa cruelmente en cuanto tiene que obrar su cotidianeidad. Basta de culpar al sistema, ellos lo resuelven fácil, a pura patada, trompón, culatazos y estados de excepción. De esta condición, y en pro de un avance civilizatorio, sólo se sale bajo una profunda reflexión espiritual, esfuerzo y como neomasferreriano duro lo digo (quizá sea la primera vez que se utilice este término): muchísima lectura.
Amigos que leerán esto, perdonen la beligerancia, pero hay momentos en que es requerido un golpe de mesa, y levantar la mano en aspectos que nos estancan. Me gusta el progreso, en todos los ámbitos, no me agrada verme progresar y que mis hermanos se estanquen, porque el progreso del otro, mal canalizado en uno mismo, también genera otros problemas, particularmente de índole espiritual. Les invito que para comenzar a corregir esta problemática, les lean cuentos a sus niños, que los niños y los jóvenes nos vean leer a los adultos. La generación de jóvenes que viene me causa mucha ternura porque tienen inquietudes intelectuales muy honestas. Los adolescentes de esta época, tienen un potencial enorme y muchos habitualmente, luego de un intercambio de ideas me dicen: ¡recomiéndeme un libro! ¡Qué privilegio poder sugerirles alimento sólido a su intelecto y espíritu! Deseo trascender, y tal cual Levin en Ana Karenina descubre que Dios está muy vinculado en su praxis humana personal de cara al prójimo, he aterrizado en lo mismo. El camino más seguro hacia la humanización del ser humano es el intercambio con el otro. Dando lo mejor de uno mismo para el otro. Jesús vino meramente a recalcar en grado superlativo esta cuestión. Elevó esta acción a nivel de segundo mandamiento y, destacó que este segundo es parecido al primero. Por amor a los salvadoreños les invito a que avivemos en nosotros la necesidad de un despertar cultural, una ilustración humanista fundamentada en valores trascendentes que procuren la convivencia y la armonía de la sociedad. Cuando logremos avances, veremos cómo las calles lucirán límpidas, nuestro patrimonio cultura ensalzado, jóvenes que ya no tendrán miedo a inventar, cárceles vacías, entre otras cosas que tanto los nietos del jaguar anhelamos. ¡Lo olvidaba! Filas ordenadas para abordar el transporte público.










