La imaginación cineasta y el derecho.*
El presente trabajo pretende buscar la aplicación práctica entre el pensamiento latinoamericano en las artes y el derecho, el cual ubicaré en el contexto colombiano, dado que el cine latinoamericano no puede llegar a ser clasificado en un gran cajón con la etiqueta de “latinoamericano”, ello dado que Latinoamérica es una gran amalgama de culturas de occidente como culturas nativas, adicionalmente, el séptimo arte igual que todas las demás artes ha de ser estudiada y comprendida desde su contexto histórico, cultural, social y económico, por ello realizaré una breve reseña de la llegada del cine a Latinoamérica y a Colombia. La discusión la abordaré desde la utilidad del arte para los operadores judiciales, los cuales pueden ser magistrades, jueces o abogades, específicamente desde el cine siguiendo los planteamientos de Martha C Nussbaum en Justicia Poética, posteriormente hablaré sobre la alteridad en el cine y como estos cuestionan el paradigma ético – moral de quienes observan el cine críticamente y le permiten a este entrar en sus vidas, para finalmente entrar a las conclusiones.
Los hermanos Lumière son los llamados padres del cine, quienes en 1895 patentaron el cinematógrafo con el cual filmaron su primera película, “La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir” (Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir) quienes recorrieron Europa con su invento y posteriormente se lanzaron a conquistar Latinoamérica. En 1897 algunos países latinoamericanos comenzaron a grabar sus primeras cintas, sin embargo solo se conocen las cintas de los salientes años treinta. Dado los altos costos de producción de la industria cinematográfica se concentrara en las capitales. Fueron México, Brasil y Argentina los países donde se desarrolló modestamente la industria cinematográfica en Latinoamérica (Cine de América Latina, 2015)
En Colombia, la historia de cine inicia en 1897 cuando se registra la llegada del cinematógrafo al país. Muchos camarógrafos extranjeros se adentraron en la búsqueda de nuevos paisajes, es así que se conoce que algunos incursionaron en territorio colombiano aquel año donde se realizaron exhibiciones inicialmente en Colón, que por entonces pertenecía a Colombia; de allí pasó a Barranquilla, luego a Bucaramanga para llegar más tarde a la capital Bogotá donde en agosto de ese mismo año fue presentado en sociedad en el Teatro Municipal, que estaba localizado en la carrera 8 (Cine de Colombia, 2015). La primera producción documental realizada en Colombia fue “El drama del quince de Octubre” realizada por los hermanos Di Doménico quienes era dueños del Salón Olympia, cuya cinta narraba el asesinato del general Rafael Uribe Uribe, esta cinta data de 1915, sin embargo no existe copia alguna de esta.
En 1922 surge el primer largo metraje de ficción llamado “La Maria” basado en la obra del escritor colombiano Jorge Isaacs, de esta solo se conservan 25 segundos. En 1928 Cine Colombia compró los estudios de los hermanos Di Doménico, limitándose así a la reproducción de cine extranjero, no es hasta 1940 que vuelven a producirse largometrajes en Colombia.
El cine colombiano ha evolucionado desde entonces, pudiendo adquirir voz y color los personajes, actualmente Colombia pasa por un gran momento en el cine, toda vez que los directores colombianos han tenido grandes reconocimientos y nominaciones especialmente este año, donde se destaca “el abrazo de la serpiente”
Siguiendo a Martha C Nussbaum, la imaginación literaria representa y encarna un triunfo sobre otras maneras de imaginar el mundo (Nussbaum, 1997), esto es, que por medio de la literatura, las personas pueden imaginar formas de vida diferentes a la suya propia, de modo tal que la literatura deja de ser exclusiva del ámbito privado y cumple una función en la vida pública. Considero que la imaginación literaria señalada por Nussbaum puede también aplicarse a otras formas artísticas, especialmente el cine, toda vez que este puede encarnar vívidamente situaciones culturales propias de cada región, época y cultura, y así despertar pasiones más profundas que las desatadas por la literatura. Como muestra de lo anterior, destaco las muestras de cine Daupará, las cual enseña las formas de vida de los indígenas en el territorio nacional, ello encaminado a abrir los ojos a otras realidades y otras formas de representar la relación entre los seres humanos y de ahí que se pretenda con el séptimo arte conocer otras formas de expresión de la vida misma, también destaco la película “La estrategia del caracol” la cual a pesar de tener más de 20 años, presenta la realidad de personas que viven en el centro histórico de Bogotá. Lo anterior encaminado a dar un ejemplo de formas de vida que a través del arte pueden llegar a ser conocidas por los operadores jurídicos, donde el cine crea una representación eficaz para ello, tal como dice Román García “el cine establece marcos referenciales de sociedades, épocas y teorías dándonos información que desde otros parámetros sería costoso recrear” (El cine como recurso didáctico, 2007), sin embargo, mi objetivo aquí no es el de mitificar el cine como la forma por excelencia de conocer el mundo sin la necesidad de untarse[1] de este.
Hablar de imaginación cineasta sería entonces hablar sobre la función del cine en la vida pública, específicamente la influencia del cine en los operadores judiciales. Ya se ha dicho bastante sobre la función social del cine, la cual en un sentido reduccionista consiste en dar a conocer la vida de otras y otros, su contexto histórico, social, económico y cultural, no obstante, se debe tener en cuenta los objetivos que cumple el cine, los imaginarios, significantes y significados que este crea, por poner un ejemplo, no es lo mismo un plano en contrapicado de un soldado estadounidense en la guerra de Vietnam a un plano medio del mismo soldado, pues si bien puede ser el mismo sujeto representado en el plano, los significados dados por el plano varían, es así que si bien es importante ver cine a fin de conocer la experiencias de otras y otros, no se debe creer que el cine es apolítico ni verlo sin crítica alguna, pues el cine no se reduce a la función de placebo o simple divertimento, en la medida que en muchos casos el cine es construido o “mandado” a hacer a fin de cumplir con ciertos objetivos, como ejemplo de ello se tiene el cine soviético y con este los desarrollos del montaje especialmente en cabeza de Eisenstein.
Si bien Nussbaum habla del papel de la literatura en la imaginación literaria defendiendo que no es cualquier tipo de literatura la que le permite al operador jurídico conocer la vida del otro, limitando esta función a la novela, tampoco cualquier cinta es pertinente para la formación de la imaginación cineasta, en ese sentido, se destaca el importante papel del documental en hacer conocer la vida de las otras y los otros, es así que serán las películas con un carácter realista e histórico las que conlleven a la imaginación cineasta, situando y dando a conocer la alteridad, sin llegar a desconocer el papel del escritor, director y editor de las películas, toda vez que son ellos los encargados de crear las controversias de los personajes, situando a estos en un contexto real como lo son el conflicto armado, la violencia de género o el mismo contexto colombiano, es decir, no se debe desconocer que estos personajes han salido de la imaginación de un tercero y sus historias aunque pueden tener un enorme parecido con la realidad no son reales.
Con las aclaraciones anteriores, se puede entrar en materia en cuanto a la relación del séptimo arte y el derecho, donde en primer lugar el cine acerca al operador jurídico a la otredad y en segundo lugar se crea una educación en valores.
Estando en la facultad de derecho se sueña con la justicia, se aprenden conceptos, se leen a teóricos como Kelsen, Dworkin, Hart, se habla sobre teoría del delito, principios del derecho, diferencia entre equidad y justicia, se leen sentencias y se cree en la eficacia del derecho, sin embargo, en ningún momento se realiza una salida pedagógica para conocer el estado de cosas incosntitucional de las cárceles o los desplazados en Colombia, en la práctica como litigantes se puede estar muy a gusto en la oficina atendiendo a sus clientes generando honorarios por cada consulta o los jueces en sus agradables despachos resolviendo demandas o tutelas, pero realmente no se conoce la vida de las personas que demanda la garantía de un derecho más allá de las incontables historias de injusticia que llega al conocimiento de abogados y abogadas por la boca y en algunas ocasiones las lágrimas de quienes creen que el derecho les puede dar una mano para superar la situación por la que transitan, así como no se conocen estas historias vívidamente, no se sienten, no se sufren, no se lloran. De ahí la importancia del séptimo arte en la vida de quienes han pasado, pasan o pasaran por una facultad de derecho.
El cine, tiene la capacidad narrativa de ilustrar en los personajes la complejidad del ser humano; los componentes narrativos de sucesos, los estados mentales y las circunstancias son artificiosamente implicados en la trama: los giros, los cambios, las sin salidas, las reacciones de los personajes, los mundos divergentes (Hidalgo, 2010), de ello depende el buen cine, de la capacidad de envolver al espectador en la historia que está siendo narrada, el cine narra experiencias de los seres humanos, vislumbra la vida de personajes en situaciones concretas y confrontaciones que el espectador en la vida personal cotidiana no suele experimentar o siquiera imaginar, tal como es el caso de los niños que se enfrentan a la decisión de recuperar su pelota de futbol que ha caído en un campo minado en la película “los colores de la montaña” o los sentimientos de una mujer afrodescendiente que trabaja para mantener a sus hijos y a su esposo en una sociedad machista y en medio de la pobreza económica que se vive en el Chocó colombiano, en la película “Chocó”, o la dicotomía de una persona transexual en “la estrategia del caracol”, inclusive la vida que ha de afrontar una mujer que se ha divorciado de su esposo y no demanda la liquidación de la sociedad conyugal en “Karen llora en un bus”. Con los ejemplos anteriores, se observa como en el cine colombiano se encuentra toda una amalgama de sentimientos, actos y hechos jurídicos en los cuales el derecho es llamado a intervenir, como lo son el desplazamiento, la violencia de género, la violación, los sujetos de especial protección, donde aunque exista un llamado social de auxilio al derecho, el derecho no interviene, porque la justicia es rogada y para acceder tan siquiera a un abogado hay que tener mínimamente el conocimiento de la existencia de la garantía de un derecho, lo que aunque parezca increíble muchas personas desconocen y superando este estadio, se debe tener en el bolsillo por lo menos los tres mil pesos del pasaje lo que en muchas ocasiones no sucede[2].
Es así que se construye la necesidad del séptimo arte en la vida de los operadores jurídicos, donde el cine pueda despertar sentimientos de compasión y alteridad respecto de la vida de los otros y las otras, conociendo situaciones imposibles en sus vidas cotidianas o la lucha por la supervivencia diaria que no se afrontaría por ejemplo un magistrado cuyo salario supera los veinte millones de pesos, la imaginación cineasta permite entonces acercarse a la otredad y entrar en un conocimiento de sí mismo, en la medida que se interioriza lo visto en la pantalla y esto se asume como sentimientos, emociones, cuestionamientos de la realidad y privilegios de algunos seres, no obstante, esta no es una tarea única del séptimo arte se requiere también un poco de sí, para dejarse conmover por los personajes en la pantalla, permitirles a estos hacer “click” en la vida del observador y lo más importante permitir –o ser- la trascendencia más allá de los 120 minutos que duran las películas en promedio, lo que sería en términos de Marco Aurelio “Una capacidad de imaginación receptiva que nos
permite comprender los motivos y opciones de personas diferentes a nosotros, sin verlas como extraños que nos amenazan, sino como seres que comparten con nosotros muchos problemas y oportunidades” (Nussbaum M. C., 2005 ) y donde son los operadores jurídicos la solución otorgada por el Estado.
Es a partir de la interiorización de los sentimientos y emociones desatados por el séptimo arte donde el espectador ha de permitir al film entrar y hacer parte de su vida, a su vez que iniciar a cuestionar sobre la legitimidad de algunos hechos, privilegios o situaciones de la existencia humana en el contexto colombiano, como también cuestionar sus propias creencias ético – morales.
Roberto Rossellini gran director del neorrealismo italiano afirmó “con el neorrealismo nos vimos desde afuera, de modo despejado, casi con descuido castigando con ese descuido todas nuestras ambiciones creativas. Así le fue devuelta su autenticidad a las cosas llegando a una función de cine que ya no era personal, egoísta sino social”, de ahí que al encontrarse frente a la pantalla grande esta no se presente como un cúmulo de irrealidades, sino más bien contiguo a la propia realidad.
John Cassavetes por el contrario afirma “el cine es una investigación sobre nuestras vidas. Sobre lo que somos. Sobre nuestras responsabilidades -si las hay-. Sobre lo que estamos buscando. ¿Por qué querría yo hacer una película sobre algo que ya conozco y entiendo?” en ese sentido, el cine no solo muestra la realidad, sino que muestra otras formas, otras realidades, otros no nosotros.
Al respecto, quizá es el profesor Carlos Fino quien responde y salda la controversia entre Rossellini y Cassavetes, al afirmar “el teatro es copia y consecuencia de un pueblo” (Cátedra de sede Marta Traba, 2015) lo que personalmente haría y a fin de adecuar la frase, sería cambiar la palabra “teatro” por “cine”, lo cual no considero que cambie el sentido de lo dicho por el profesor, asimismo Godard afirma “el cine no es un arte que filma vida, el cine esta entre la el arte y la vida”, de ahí que exista una intersección entre lo real y lo fantástico, que puede ser visto en la pantalla gigante o en la vida misma, tal como afirma Julio Cortázar así “mi realidad es una realidad donde lo fantástico y lo real se entrecruzan cotidianamente” (1977).
Del cine colombiano se puede extraer una gran variedad de personajes que van desde condiciones muy privilegiadas, hasta la supervivencia diaria de la vida, así se observa el entorno colombiano en las películas de nuestro país, donde inclusive actores naturales son los personajes de películas que retratan su cotidiano devenir, como lo son los actores y actrices de “la vendedora de rosas” o “la sociedad del semáforo”, donde la creatividad de los escritores de las cintas se entremezclan sin una clara diferencia con la realidad y los mitos urbanos del centro de Bogotá y Medellín. Este es un claro ejemplo de porque es importante permitir al cine entrar en la subjetividad de los operadores jurídicos, toda vez que además de ser una película es una realidad de miles de personas, situación que es naturalizada y por tanto se es indiferente a las condiciones de vulnerabilidad propias de estas personas, pero que al ver en la pantalla gigante se convierte en una realidad más cercana, casi que tangible, de ahí que exista un despertar ante estas situaciones y si tenga por lo menos un deseo mínimo de ayudar a encontrar un sentido de equidad en la vida de las otras y los otros, no obstante, el despertar del cual he hablado no es el resultado per se de haber visto una película, corresponde más bien a una tarea individual de observar la realidad con los ojos del otro u otra, de ver más allá de lo que la misma cinta quiere decir y de especialmente transformar las subjetividades.
De lo dicho hasta ahora, se tiene que el cine bien puede cumplir una función social la cual es otorgar la posibilidad de vivir otras vidas, viajar a otros tiempos y observar otras realidades, o inclusive, observar la misma realidad desde otros ojos, por ejemplo en la película “Karen llora en un bus”, en nuestra realidad podemos ser las personas que a diario se paran en la calle 72 en la parada del bus, pero en la realidad que presenta la película podemos ser Karen, la persona que pide dinero en la misma parada donde esperamos a diario el bus.
Sobre la creación de nuevas subjetividades al entablar una relación con el séptimo arte, existen dos momentos del cuestionamiento ético – moral, el primero de ellos consiste en la germinación al momento de estar frente a la cinta, ver cómo se desarrolla su historia, las problemáticas por las cuales transita el protagonista, las cuales quizá estén muy lejanas de la realidad del espectador y el desenlace de la historia, donde puede que el acontecimiento de los hechos permitan conocer otras formas de resolver los conflictos diferentes a las que el espectador se halla planteado, de ahí que se conozcan otras formas de ver y relacionarse con el mundo, inclusive de cuestionarse o cuestionar al protagonista por actuar diferente a como se esperaría. El segundo momento corresponde al fruto del germen, el cual sería para los operadores judiciales su forma de accionar ante las situaciones que demanden la garantía de un derecho, situaciones que de ser el operador jurídico un cinéfilo sea posible que conozca o al menos no le sean del todo ajenas.
A modo de conclusión, considero de gran importancia la inclusión del séptimo arte en la vida de quienes vivimos el derecho como profesión, pasión y forma de entender y acercarnos a la realidad por grotesca que parezca, esta invitación está encaminada en la posibilidad realizar mejor nuestro trabajo, de crecer como seres humanos integrales sensibles a las problemáticas que agobian a otros seres humanos que por condiciones de raza, clase o género viven situaciones de especial vulnerabilidad y requieren del derecho como solución eficaz a sus problemas. Hago igualmente una especial invitación a mirar y ser mirados[3] (Quintar, 2015) por el séptimo arte, dejarse influenciar por este e influenciar en otros con unas nuevas subjetividades.
*Este escrito fue desarrollado en el marco de la clase “Cátedra Marta Traba, el pensamiento latinoamericano en las artes” de la Universidad Nacional de Colombia y valga la aclaración soy la autora :) es mi prime escrito sobre cine, espero que les agrade y quedo atenta a sus comentarios.
Cortázar, J. (1977). (A. fondo, Entrevistador)
Fino, C. (30 de Septiembre de 2015). Cátedra de sede Marta Traba. Pensar en las teorias literarias latinoamericanas. Bogotá: Universidad Nacional.
García, R. (2007). El cine como recurso didáctico. Eikasia. Revista de Filosofía, 123 - 127.
Hidalgo, D. C. (2010). La imaginación literaria como proyección en el otro, una reflexión desde justicia poética de Martha Nussbaum. Pereira, Colombia: Universidad Tecnológica de Pereira.
Nussbaum, M. (1997). Justicia Poética la imaginaci{on literaria y la vida pública. Chile: Andres Bello.
Nussbaum, M. C. (2005 ). El cultivo de la humanidad. Una defensa clásica de la reforma en la educación liberal. Barcelona: Paidos.
Quintar, E. (07 de Octubre de 2015). Cátedra de sede Marta Traba. La imagen del sujeto: una posibilidad de transformar realidad en latinoamérica. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Wikipedia, la enciclopedia libre. (15 de Noviembre de 2015). Cine de América Latina. Recuperado el 24 de Noviembre de 2015, de https://es.wikipedia.org/wiki/Cine_de_Am%C3%A9rica_Latina#cite_note-2
Wikipedia, la enciclopedia libre. (23 de Noviembre de 2015). Cine de Colombia. Recuperado el 24 de Noviembre de 2015, de https://es.wikipedia.org/wiki/Cine_de_Colombia
[1] Utilizo el término “untarse” como la manera de vivir realmente el mundo, de conocerlo, caminar sus calles y campos, relacionarse con sus habitantes y llenarse de humanidad.
[2] El caso particular lo conozco toda vez que en mis prácticas de consultorio jurídico en la universidad, se observaban casos de personas que desconocían algo que para mí es básico como el fuero de maternidad, donde sus empleadores las despedían por el hecho de estar embarazadas y las mujeres llegaban solicitando la liquidación del contrato, desconociendo así todos sus derecho o especial protección. También pude observar el caso de personas que llegaban a pie desde zonas como Bosa, Kennedy o Soacha y contaban solo con mil pesos para regresar.
[3] Realmente me gusta mucho este concepto “mirar y ser mirados por el objeto que se mira”, dado que así se puede llegar a tener en cuenta no solo nuestras subjetividades, sino todo aquello que compone y crea esta subjetividad, vernos como el resultado del entorno y la interdependencia de nosotros con todo aquello que nos rodea.