Hice una película y siento pánico
Llevo más de un año y medio trabajando en este proyecto y la verdad es que me tiemblan las piernas cuando recuerdo que esto nació como una idea en mi cabeza y la de mis compañeras Luz e Ytzel y se materializó en nada más y nada menos que una PELÍCULA. Quién me conoce sabe que mi segundo gran amor en la vida después del teatro es el cine y no quepo en mí cuando recuerdo que tuvimos la oportunidad de trabajar desde el teatro para crear cine. Este trabajo me vulnera, me conmueve, me emociona, me da vértigo, me llena de orgullo y de agradecimiento. Llegar a esto ha significado mucho pero mucho, muchísimo aprendizaje. Gracias a este proyecto pude poner en práctica y entender mucho de lo que me enseñaron en mis cuatro años de formación en el teatro y la actuación, pude vislumbrar parte de lo mucho que todavía me falta aprender, pude foguearme en lo que significa autogestionarse a sí misma por el deseo y las ganas de sacar una creación propia al mundo y que vea luz: querer, desear, anhelar enormemente compartir algo.
Este trabajo nació de una provocación en la clase del querido maestro Memo, que por ser ya durante la pandemia, tomábamos por Zoom. Nos encontramos no entendiendo mucho, queriendo abarcar demasiado y muy enojadas, tristes y perdidas por lo oscuro que se pintaba el futuro en ese panorama que alcanzábamos a ver. He escuchado cientos de veces esta cosa de que la crisis es la que provoca cambios, propuestas, revoluciones, arte verdadero y honesto; se dice fácil, es cursi, romántico y bonito pero que verdaderamente lo sea es otra cosa. Yo no sé si la crisis que yo y mis compañeras estábamos viviendo se transformó para el afuera en alguna de las cosas que acabo de mencionar, pero sé que lo fue para mí. Puedo decir sin ninguna duda que esto me salvó durante los oscuros meses del 2020 y del 2021. El arte salva, la creación salva, el trabajo salva, convertir las limitaciones en potencias creativas, salva (o por lo menos me salvó a mí). Durante el 2020 me di cuenta de manera brillante y enorme que me quiero percibir como creadora sin ser sólo unas palabras medio vacías que te repiten la escuela y las convocatorias. Este proyecto es parte de asumir eso y el miedo que me da hacerlo. Me llevo el haberme probado a mí misma que podía hacer esto.
Como diría Octavio, hacer esto fue hacer limonada con los limones que teníamos, y yo digo que con unos limones podridos que nos trajo la pandemia. Más allá de todo, me quedo con eso. Este proyecto también me permitió conocer y trabajar con colegas queridos de los que aprendí muchísimo y con los que fue un reto sumamente estimulante trabajar. Volví a conectar con el enorme deseo que me provoca el cine y darme cuenta de que quiero seguir sembrándolo y cosechándolo también. Todo esto llega como parte del final de mi formación en teatro y actuación en el CUT, que por una u otra razón (la pandemia) fue entre otras cosas algo turbulenta, extraña y frustrante pero aquí logré sacar mucha de esa frustración para transformarla en limonada.
Me siento muy vulnerable y conmovida ante el estreno pero sobre todo agradecida. Siento gratitud por todas las personas que apoyaron esto, que estuvieron (y están) cerca de mí durante el camino, a mi familia que aguantó mi voz intensa (que son gritos desde mi cuarto en juntas por Zoom) hasta las 3 de la mañana y que me contuvo en mi frustración y bloqueos. Y gracias, gracias, gracias gigantes enormes al equipo con el que tuve la dicha de compartir esto, Octavio, Roberto, Josué, Sebastián, Ytzel, Luz y David.
a mis compañeras y compañeros de generación del CUT a mi famila a mis amigxs al equipo de NSPAAES a colegas que se convirtieron en amigos a amigas y amigos que se convirtieron en colegas a las, los y lxs que nacimos entre los 90s y los 2000s y a veces sentimos que no entendemos nada de nada a mí

















