La habitación del silencio
En el fragor de la lid, donde el trueno se expande,
solo el alma persiste en su centro de hielo;
el recuerdo se apaga, la sombra se hace grande,
y la soledad clava su garfio en el suelo.
¡Oh, desdichado sino!, sentencia de muerte,
vivir en la celda de un eterno anuncio;
donde el fuero interno, por ley o por suerte,
es una alcoba vacía que nunca pronuncio.
Llenamos los muros de blanco papel,
con páginas llenas de sombras privadas;
bebiendo en la tinta la hiel del clavel,
Es destino y es ley, en el pecho guardado,
un libro infinito de lomo quebrado;
que escribe en la sombra, con pulso sombrío,
el hilo delgado del último juicio.
No fragor da batalha, onde o trovão se expande,
só a alma persiste em seu centro de gelo;
a lembrança se apaga, a sombra faz-se grande,
e a solidão crava seu gancho no zelo.
Ó, desgraçado fado!, sentença de morte,
viver na cela de um eterno anúncio;
onde o foro interno, por lei ou por sorte,
é um quarto vazio que nunca pronuncio.
Enchemos os muros de branco papel,
com páginas cheias de sombras privadas;
bebendo na tinta o fel do cravo fiel,
em noites que nunca serão escutadas.
É destino e é lei, no peito guardado,
um livro infinito de lombo quebrado;
que escreve na sombra, com pulso sombrio,
o fio delgado do juízo tardio.